El camino de Víctor Manuel Solmi hacia el derecho no estuvo marcado por un hecho puntual ni por un acontecimiento bisagra, sino por un proceso gradual de descubrimiento. “Fue por vocación y marcar un camino, es una pasión que uno siente y la intriga permanente de poder aprender más todos los días”, define. Proveniente del ámbito empresarial y de los negocios, su acercamiento al derecho surgió a partir de necesidades concretas, dudas e incertidumbres propias de ese mundo.
Oriundo de San Pedro, localidad que define como su “lugar en el mundo”, Solmi fue consolidando esa inquietud inicial hasta transformarla en una forma concreta de ejercer la profesión. Desde el estudio jurídico que dirige junto a otros profesionales, concibe el derecho como un trabajo necesariamente colectivo, donde la especialización y la interconsulta son claves para brindar mejores respuestas. “Es un proceso de aprendizaje permanente, del derecho y de la vida”, explica, y entiende que esa construcción solo es posible cuando se da en equipo.
Ética, valores y una mirada a largo plazo
Al momento de describir su perfil profesional, Solmi pone el acento en los valores. La ética —tanto profesional como personal— aparece como un eje que no admite concesiones. “Siempre hay que mirar a futuro, a largo plazo”, asegura, convencido de que el trabajo sostenido en el tiempo es el que finalmente rinde frutos.
Desde su perspectiva, la confianza del cliente no se construye de manera inmediata ni circunstancial, sino a partir de la coherencia y la constancia. “El que bien anda, bien acaba”, resume, y aclara que esa lógica no se limita al ejercicio del derecho, sino que atraviesa todos los ámbitos de la vida. Por eso entiende que la práctica profesional implica también generar vínculos duraderos, basados en el respeto y la transparencia.
En un contexto social, político y económico cambiante como el argentino, Solmi identifica un desafío central para la abogacía actual: priorizar la negociación, la conciliación y la mediación como herramientas principales. “Me gusta la resolución de los conflictos de la forma más rápida, sana y sin daños colaterales posible”, explica.
Si bien reconoce que en algunos casos es inevitable avanzar hacia instancias judiciales tradicionales, sostiene que muchas controversias podrían resolverse antes. “Siempre creo en el consenso entre las personas”, afirma. Para Solmi, esa metodología no solo responde a una convicción profesional, sino también a una necesidad concreta del cliente, que busca soluciones ágiles en un país marcado por la incertidumbre y los cambios permanentes.
El trabajo en equipo como eje del ejercicio profesional
La idea de equipo atraviesa todo su discurso y su práctica cotidiana. Solmi desarrolla su actividad principalmente en Capital Federal y el norte de la provincia de Buenos Aires, apoyado en una dinámica de trabajo colectivo.
“Es imposible que uno sea especialista en todo”, reconoce, y destaca la importancia de la interacción permanente y las interconsultas entre colegas. La diversidad de especialidades, miradas y experiencias permite, según explica, enriquecer el servicio profesional y ofrecer respuestas más sólidas. Según él, el ejercicio individual del derecho resulta insuficiente frente a la complejidad actual de los conflictos.
Por otro lado, la tecnología ocupa un lugar central en su análisis sobre el presente de la profesión. Sin desconocer que las herramientas digitales facilitaron la logística y el trabajo diario, también advierte sobre cierta pérdida del vínculo personal. En ese equilibrio, reivindica la oralidad y la comunicación clara como elementos fundamentales del ejercicio profesional.
Desde su visión, el abogado debe asumir un rol más abierto y accesible. Comunicar, explicar y dar claridad se vuelve una obligación. En ese sentido, las redes sociales y los canales digitales cumplen una función clave para simplificar cuestiones desafiantes y acercar el derecho a la gente. En ese intercambio, vuelve a aparecer la noción de equipo, entendida también como un cruce generacional donde todos aportan: los más jóvenes y los más experimentados.
Su mirada sobre el presente y el futuro del derecho
-¿Qué temas del derecho consideras que hoy necesitan mayor explicación y difusión?
-Creo que, frente a una sociedad compleja, la clave está en la simplificación. En lo personal, destaco el valor del derecho como herramienta de creación: contratos, fideicomisos y estructuras jurídicas que funcionen como base firme para proyectos sustentados en el tiempo.
-¿Qué consejo le darías a quienes recién comienzan en la profesión?
-La humildad es lo primero. Escuchar, aprender de los más chicos y de los más grandes, y acercarse a las personas. Sin perder el rol profesional ni la especialización, muchas soluciones surgen cuando uno logra escuchar de manera genuina.
—¿Cuáles son tus objetivos y proyectos para este año?
-Seguir creciendo, aprendiendo y actualizándome, pero sobre todo afianzar los equipos. El trabajo colectivo no solo potencia el conocimiento, sino que también fortalece los valores, la motivación y las ganas de seguir ejerciendo la profesión.