En el corazón de Villa Crespo, el restaurante Asadero fue el escenario elegido por la familia Zuccardi para celebrar los primeros 10 años de Concreto, una etiqueta que marcó un antes y un después dentro de la bodega y que ayudó a cambiar la forma de hacer vino en la Argentina. Guiada por los viticultores Sebastián Zuccardi y Laura Principiano, la jornada reunió a una amplia cantidad de periodistas, sommelier, clientes y referentes del sector alrededor de una degustación vertical única, en la que se recorrieron en copa abierta diez cosechas consecutivas de este Malbec —desde la primera versión de 2014 hasta la 2023— para luego dar paso a un almuerzo a cargo de Juan Pedro Rastellino.
"Concreto es un vino muy importante en mi vida. Comenzar a hacerlo fue un paso clave en nuestro camino. Con él logramos liberarnos de las ataduras para ahondar en la confianza en el lugar donde cultivamos", expresó Sebastián Zuccardi al dar la bienvenida.

Hablar de un vino de alta gama sin paso por barrica implicaba desafiar por completo los estándares establecidos. Durante la presentación, la familia repasó los inicios del proyecto, recordando que la iniciativa cobró forma a partir de 2009 dentro del área de Investigación y Desarrollo. En aquella época, las elaboraciones tradicionales dependían fuertemente del uso de barricas usadas o de hasta un 200% de madera nueva, elementos que terminan tapando la verdadera identidad de la uva.
“Si nosotros no fuéramos una bodega familiar esto hubiese sido imposible”, confesó Sebastián al explicar que una empresa corporativa, guiada sólo por los estudios de mercado, jamás se habría animado a dar ese salto.

Frente a esa inercia comercial, la decisión de volcarse al hormigón buscó la máxima transparencia. Como bien resumen desde la empresa: "En Concreto buscamos desvestir el vino, potenciar su expresión del lugar y mostrar al desnudo la textura que nos dan los suelos calcáreos del Valle de Uco. Lo que no viene del lugar no lo podemos construir en la bodega”.

La anatomía del vino: suelo calcáreo, racimo entero y trabajo artesanal
Para dar vida a Concreto, el equipo selecciona únicamente las parcelas más pedregosas, superficiales y ricas en carbonato de calcio de sus fincas en Paraje Altamira y Gualtallary. En cuanto a la elaboración, todo ocurre en vasijas de hormigón sin epoxi, un material natural que permite una microoxigenación sutil y estabilidad térmica sin alterar la pureza de la fruta.
En lugar de las recetas tradicionales, el proceso adoptó un camino artesanal: trabajan 100% con el racimo entero y la uva pisada para conseguir esa textura y columna vertebral que imprimen los suelos calcáreos. Además, cambiaron por completo el punto de cosecha —anticipándose más de veinte días respecto a los viejos parámetros para buscar uvas más frescas, crujientes y con tensión— y sumaron detalles de bodega tan sutiles como realizar los remontajes a balde durante la madrugada, evitando el uso de bombas mecánicas.

Recorrer la década de Concreto permitió comprobar cómo cada cosecha refleja de manera transparente el clima de su año y cómo esa identidad se vuelve aún más evidente con la guarda. Entre copas servidas, platos maridados y el calor de las brasas de Asadero, la celebración ratificó que aquella apuesta por desvestir al vino dio origen a un clásico indiscutido de la vitivinicultura argentina contemporánea.