ESPECTACULOS
ENTREVISTA A LEONARDO DICAPRIO

Agente secreto de cara bonita

Galán, millonario y con una vida truculenta, el actor de El aviador y Pandillas de Nueva York se pone por tercera vez bajo las órdenes del director Martin Scorsese para protagonizar Los infiltrados . Galería de fotos

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NO ES SOLO UNA CARA BONITA. El director Martin Scorsese dice que Dicaprio "expresa emocin sin decir una palabra". | Cedoc
Desprolijo, excéntrico, recio y con cara de nene lindo, Leonardo DiCaprio logró ese cóctel explosivo que no muchas estrellas de Hollywood han alcanzado: buena actuación y agitada vida privada. Una combinación que –aunque parezca apresurado– lo ubica en la línea de Marlon Brando y James Dean y lo convierte en el actor ideal para interpretar papeles de jóvenes traumatizados y conflictivos. De niño prodigio (Mi vida como hijo, película con la que debutó en 1993, Eclipse total, film en el que encarnó a Rimbaud, y ¿A quién ama Gilbert Grape? podrían ser los ejemplos ideales de su talento artístico), pasó a ocupar las tapas de todas las revistas por sus andanzas nocturnas y amorosas y por su relación con los paparazzi, a los que solía “espantar” arrojándoles excrementos.

Multimillonario –recibió 20 millones de dólares por La playa y otro tanto por Atrápame si puedes, de Steven Spielberg– y dueño de una productora, DiCaprio consiguió la devoción incondicional de Martin Scorsese, un dato que no es menor tratándose de uno de los directores más reconocidos de la actualidad. Luego de haber trabajado juntos en Pandillas de Nueva York (2002) y El aviador (2004), el realizador de Taxi Driver eligió al galán de Titanic para protagonizar Los infiltrados, una historia que vuelve a inmiscuirse en el mundo de los gángsters y la mafia irlandesa. Sin embargo, DiCaprio busca disipar las similitudes: “Los infiltrados no se parece a ninguna otra película que Scorsese haya hecho jamás. A diferencia de en Pandillas de Nueva York, aquí no sólo se habla de la violencia de las mafias sino también de la corrupción dentro de la fuerza policial”. Con Matt Damon, Jack Nicholson y Alec Baldwin completando el elenco y producción de Brad Pitt, Los infiltrados (que se estrenará el 16 de este mes en Argentina) es un policial sobre las vidas de dos hombres que desempeñan trabajos encubiertos y simétricos; uno es un infiltrado de la mafia dentro de la policía, y el otro es un agente policial infiltrado en la mafia.

—Esta es la tercera vez que trabaja con Martin Scorsese. ¿Qué es lo que tiene el director, como profesional y como persona, que lo atrae a todas sus películas?
—Para empezar, soy el fanático número uno de todos sus trabajos. Todo empezó, supongo, cuando hacía Mi vida como hijo, junto con Robert De Niro. Ya desde entonces, tenía ganas de relacionarme con él y la oportunidad llegó, por fin, en 2000, cuando filmé bajo sus órdenes Pandillas de Nueva York. No sé muy bien cómo definir nuestra relación, pero lo cierto es que nos divertimos mucho trabajando juntos. Tenemos los mismos gustos y miramos las mismas películas. El abrió mi espectro, me enseñó sobre la historia del cine y me ayudó a crecer como actor. Para mí, Scorsese es mi mentor.

—¿Qué lo llevó a aceptar el papel de Los infiltrados?
—Noté que había un muy buen trabajo de Bill Monahan, el guionista. Es muy raro en este negocio del cine que un guión que aterriza en tu falda esté listo para ser filmado. Y ésta fue una de esas escasas ocasiones excepcionales. No podía dejar de leerlo. Acepté sin ningún tipo de duda, sin tener que pensarlo. Fue un sí fácil.

¿Cuáles fueron sus influencias a la hora de interpretar el tipo de violencia que tiene su personaje?
—Creo que me inspiré en las otras películas de Scorsese. No me resulta muy familiar el tipo de violencia con el que se rodea Billy, mi personaje. Por eso debí recurrir a gente que en algún momento ejerció o sufrió la violencia que se ve en el film. Parte de mi proceso como actor fue viajar a Boston, ciudad en la que se desarrolla la historia del film. Nunca había permanecido durante mucho tiempo allí. Esa estadía fue muy importante para mí porque uno puede leer libros, pero el conocer a la gente que estuvo en el asunto, entrar en sus mentes y conocer qué pensaban fue esencial.

Los infiltrados cuenta una historia cargada de violencia. ¿Has sufrido alguna experiencia violenta en su infancia?
—No importa de dónde provengas. Todos, de una u otra forma, hemos experimentado algo de violencia a lo largo de nuestras vidas.

Los infiltrados es una remake de una película de Hong Kong, dirigida por Wai Keung Lau y Siu Fai Mak. ¿Conoce la versión original?
—Sí, he visto la película. De todas formas, tuve que distanciarme del original. El concepto y el esqueleto de la historia son muy similares a la primera, pero en la de Scorsese el personaje lidia con un submundo completamente diferente. Se trata de americanos irlandeses que viven en Boston. En ese sentido, tuvimos que dejar de lado muchos elementos para reinventar una película distinta.

—En el film, usted no comparte pantalla demasiado tiempo con Matt Damon, el coprotagonista. Sin embargo, sus personajes son muy similares...
—Sí. Creo que somos las dos caras de una misma moneda. Son jóvenes que provienen del mismo barrio, pero que han tomado decisiones diferentes que los guían a lo largo de toda la historia. En cuanto a la experiencia de trabajo, no compartir tanto tiempo fue muy interesante... casi parecía que Matt y yo estábamos rodando dos películas diferentes. Sin embargo, los momentos que grabamos juntos me hicieron pensar que es un actor increíble.

¿Cómo fue trabajar con Jack Nicholson, actor al que usted siempre confesó admirar?
—En cada escena con él, esperaba lo inesperado. Sabíamos que unir a Martin Scorsese con Jack Nicholson interpretando a un gángster era algo que muchos cinéfilos estaban esperando. Sinceramente, en varias de las escenas que compartí con él, no tenía idea de lo que iba a suceder.