ESPECTACULOS
ENTREVISTA A DANIEL VERONESE

El hombre que ama a los muñecos y a su niña

El autor y director tiene en este momento tres obras en cartel en Buenos Aires y una, El túnel, en España. Surgido del teatro underground, alcanzó prestigio con el grupo de experimentación El periférico de objetos y hoy no duda en dirigir en el circuito comercial si le convence la propuesta. Habla de Héctor Alterio, de los españoles y del amor por su hija.

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CREADOR. Veronese, en su casa-taller, rodeado de sus muecos que le permitieron convertirse en un renovador del mbito teatral. | Cedoc
Lugar: un galpón-loft-estudio-sala habitado por objetos inclasificables, animales embalsamados, sillones y butacas, una mesa de ping pong y marionetas y muñecos al borde de lo macabro si no fuera por la presencia amansadora del anfitrión Daniel Veronese.

El lugar remite directamente a su historia. El dramaturgo y director teatral de 51 años fue uno de los creadores –en 1989, junto con Ana Alvarado y Emilio García Wehbi– del grupo El periférico de los objetos, en el que actores y títeres interactuaban. Actualmente tiene en cartel tres obras en Buenos AiresEspía a una mujer que se mata (en El Camarín de las Musas), Open house (en Espacio Callejón) y El método Grönholm (en el Paseo La Plaza)– y una de gira por España, El túnel de Ernesto Sabato, interpretada por Héctor Alterio.

—¿Por qué expresarse a través de muñecos?
—Porque están fuera de mi cuerpo, funcionan como una especie de máscara, es la necesidad que tenía de poner fuera del cuerpo la expresión.

—¿Qué pasa cuando dirige obras comerciales como El método Grönholm o El túnel? ¿Significa que se ha profesionalizado?
—¿Cómo se hace para ser director? Diciéndolo y empezando a dirigir. Después se verá si es bueno o no. Pero haber dirigido a Alterio y que él quiera trabajar conmigo, es una de las cosas que no olvidaré en mi vida. Nunca me dijo: ‘Mirá yo esto no lo hago porque soy Héctor Alterio’. Quería probar cosas nuevas.

—Dirige en España. ¿Qué opina de su teatro?
—Hay buenos actores pero hay otro concepto de dirección. Están más acostumbrados a ser dirigidos y esperan mucho del director. Son muy obedientes. Por eso el teatro español nos parece un poco ajeno.

¿Por qué aún no hizo cine ni televisión?
—Tengo muchas ganas de hacer cine y no me atrevo. El teatro me resulta tan cómodo… El cine es una maquinaria que desconozco pero lo voy a hacer. Y sobre la tele, me parece suicida, estresante y me enojaría mucho. Hay desprecio por la gente, se busca superficialidad, no hay investigación ni profundidad. Es competir en un lugar que no me interesa.

Hija, te amo. Hoy en pareja con la actriz María Figueras (20 años menor), con su anterior mujer Ana Alvarado son padres de Valentina, de 10 años. “Es un remanso para mí. Puedo escribir lo más terrible y después mirarla y recomponerme. Es un amor distinto a los otros: te impulsa a cierta cordura de vida y puede despertar la locura más insospechada, si le pasa algo a mi hija no tendría límite. Ese amor no lo da una pareja: por más animal que sea la situación sexual, hay un lugar en que empiezan las especulaciones y competencias. Con un hijo es irrenunciable, para toda la vida y ni siquiera tiene que ser correspondido. ‘Te amo’, le digo. ‘Yo también te amo’, me contesta pero insisto ‘No, yo te amo más´, porque es así, es la vida.

¿Le hizo algún muñeco a su hija?
—(Pausa). No, hace ya como 20 años que no hago. Pero todo esto es de ella.

Sobre el teatro oficial
Cauteloso y sin ánimo de polemizar, ante la pregunta sobre su mirada sobre el teatro oficial, Veronese se explaya y pone el acento en el San Martín, donde fue titiritero pero nunca fue contratado como director: “Un teatro oficial en la Argentina debe dar lugar a artistas para realizar experiencias que por sus características no pueden circular en otros ámbitos. Se habla siempre de obras ‘para el San Martín’. Serían esas obras, por lo general clásicos, que requieren muchos actores, y así desaparecen los problemas de las cooperativas numerosas, grandes necesidades escenográficas, grandes desplazamientos, etc. Sus salas no deberían albergar propuestas comerciales, ya que entiendo que también el objetivo de una cartelera oficial sería el de desarrollar una mirada artística sobre el fenómeno teatral, y como sabemos no siempre lo comercial y lo artístico van de la mano. En fin, ya que hablamos del San Martín, apruebo que en sus salas más chicas o lejanas (off-off) se dé cabida a una franja de propuestas más riesgosas (y a mi gusto, más interesantes)”.