Falta muy poco para que Ligia Piro tenga su primer hijo, y eso se nota a primera vista. Sin embargo, luego de un buen año artístico –editó un disco que recibió elogiosas críticas, su público crece en cada show, tanto en la Ciudad como en el interior del país–, le resulta difícil parar: a pesar de que será mamá en febrero, despedirá el año sobre un escenario, hoy, viernes 3 de noviembre, en La Trastienda (Balcarce 460), el mismo lugar donde se presentó en junio pasado.
“Tuve que tomar clases de canto, porque la capacidad pulmonar cambia, la caja de resonancia es distinta”, explica la hija de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, que creció rodeada de músicos y terminó casándose con un baterista, Daniel Libedinsky, “simplemente, por cosas del destino”, dice.
En el recital de La Trastienda, el repertorio incluirá temas de los dos discos que grabó hasta la fecha, LP (2003) y Baby! (2006), donde los estándares de jazz son mayoría.
“Mi trabajo es el de intérprete –señala Ligia–. Por suerte, lo que necesito decir ya está escrito y yo me puedo hacer dueña por un rato de eso.” Aunque siempre tuvo predilección por el jazz –“una música que escucho desde los 9 años”, asegura–, Ligia también tuvo contacto en su adolescencia con otros géneros musicales. De ahí que en su segundo álbum aparezca una versión con arreglo de cuerdas de About a Girl, tema de Nirvana incluido en el primer disco de la banda que lideraba Kurt Cobain, Bleach, y del que también se hizo muy popular una versión acústica (la del MTV Unplugged del grupo de Seattle). “Obviamente, tomé la acústica como referencia. Pero la original también me gusta. Es, ante todo, una gran canción. Me interesa mucho lo visceral que hay en alguna música, y, evidentemente, había mucho de eso en Cobain, como lo hay en Billie Holiday, otra artista que tuvo una historia trágica. Se ve que hay un costado oscuro en mi personalidad.”
Como contraste, Ligia opina que Diana Krall y Norah Jones, dos de las cantantes de jazz más populares de la actualidad (aunque probablemente sea más preciso situar a la hija de Ravi Shankar en el terreno del pop), “son muy lavadas, no tienen la pasión de Holiday, de Ella Fitzgerald, de Sarah Vaughan... Muchas veces, entro en trance cantando –agrega–. Gracias a la carga emotiva que les pongo a las canciones, creo que puedo decir que soy una intérprete distinta. Cuando hago memoria de un show muy intenso, puede ocurrir que no me acuerde si canté tal o cual tema sentada en una banqueta o parada. Me parece que eso revela el estado al que me gusta llegar”.
Luego de este último show de 2006 y de pasar por la maternidad, Ligia planea volver a grabar, “en marzo, abril, si pudiera, veremos si me da el tiempo...”. A los 35 años, siente que está llegando a un punto en su carrera en el que es necesario ampliar el abanico estilístico e imagina “un disco con más bossa nova (en Baby! hay una bonita versión de Samba de Orly, tema de Vinicius de Moraes, Toquinho y Chico Buarque) e incluso con algo de folclore”.