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ESPECTACULOS / LUCÍA PUENZO
sábado 11 julio, 2020

“Era muy loco cómo la serie dialogaba con lo que sucedía en todo el mundo.”

La directora, productora y novelista marca las coordenadas donde se desarrolla la nueva y polémica producción original de Amazon: La jauría, un arriesgado y moderno relato chileno basado en los famosos hechos que tuvieron lugar en España en 2016. Su universo como narradora, filmar con adolescentes y las posibilidades del medio en América Latina.

Todos juntos. El dream team de la serie cuenta con Puenzo como directora, nombres como Magaly Rivas, Nicolás Puenzo, la productora de Pablo Larraín y la actriz Daniela Vega. Foto: gza. amazon

Lucía Puenzo, sin dudas, puede definirse como una cuentahistorias. La hija de Luis y hermana de Nicolás, todos creadores y vinculados al cine, cuenta como pocas voces en América Latina. Primero, cuantitativamente: novelas, películas y series llevan su firma, y, mejor aún, su ya particular huella digital como narradora (films como Wakolda, El niño pez o XXY). Segundo, instintivamente: Puenzo ha logrado hablar de género en toda su obra y, antes que nada, del poder lúdico de la región: ha sido una de las fuentes más notables y presentes de relatos donde la historia, los mandatos (sean patriarcales o de clase), idiosincrasias y el cine, el relato, el mito y lo humano, se entrecruzan y crean algo lejo de modas y cerca de algo muy sentido. Ella es una de las directoras y de las fuerzas creativas de La jauría, y es la garantía de que una serie chilena producida por Amazon e inspirada en el famoso caso español de una violación en grupo que tuvo lugar en 2016 no será truculenta. Todo lo contrario: será una serie que entre nombres hoy enormes (la actriz Daniela Vega, parte de la ganadora del Oscar Una mujer fantástica) y adolescentes, que hacen a un gran tramo del relato, produce género, ideas de clase y sobre las mujeres, que adora a sus protagonistas y que no las sacrifica en pos de ideas. Una serie distinta, de proyección internacional gracias, precisamente, al esfuerzo de Puenzo, la productora Fábula (el director Pablo Larraín y pandilla), Nicolás Puenzo y Magaly Rivas.   

—¿Cómo se encara como narrativa alrededor de un hecho que tuvo tanta importancia y relevancia y que dice tanto del estado del mundo a la hora de la violencia de género?

—Cuando a mí me llamaron desde Fábula, la productora de Pablo Larraín (No, El Club, Neruda, Jackie), para formar parte de La jauría, fue hace dos años y medio. Recién estaba comenzando todo esto en América Latina. Era muy loco cómo dialogaba el material que ya habían escrito tres autores chilenos con lo que estaba pasando en el mundo, el presente. A mí me llaman con una idea: tres policías de un escuadrón de género. Y lo que sí cambió cuando me incorporé es que las chicas jóvenes se transformaron en tan protagonistas como las policías, algo que en un primer momento no era tan así. Estaba plantada la idea de jóvenes como militantes y como militantes que iban a tomar la calle. Y eso que en Chile todavía no había ocurrido. Dialogaba mucho lo que escribía con lo que estaba pasando. En Buenos Aires mientras empezábamos a escribir, se estaba inventando el pañuelo verde, se las estaba empezando a escuchar.

—Entonces, ¿cómo se modifica la construcción de una serie donde la violencia de género y misoginia son una parte crucial de la trama frente a este nuevo escenario?

—Nosotros pudimos tener cierto diálogo con el presente, y después había que avanzar, había que terminar de escribir y terminar de filmar. Mucho tiempo pensé en el pequeño paréntesis que tenés para modificar cuestiones y después ya está. Después ya empieza a funcionar de otra manera. Cuando escribíamos, el universo de la lucha femenista de las adolescentes estaba brotando y después, cuando terminamos, el movimiento #NiUnaMenos estaba en todo Latinoamérica. Nos pasaba que los crímenes de género se convirtieron en “un tema”. Siempre hubo mujeres asesinadas, pero lamentablemente no estaban tratadas de una forma tan protagónica o como se trata ahora. Y nos pasó algo similar con los juegos en línea.

—Ese es otro aspecto que impacta: los juegos en línea que ejercen un poder tal en los adolescentes, o en quienes juegan, que los llevan al delito ¿Por qué sumar eso?

—La ballena azul es el juego en que más está inspirado “el juego del lobo que vemos en la serie. Justo empezaba a ser noticia: algo que existía en línea de lo que ahora sabíamos un poco más. Me llamó la atención cuando me contaron, cómo estos juegos no solo reclutaban psicópatas, sino también chicos muy jóvenes, seguramente muy perdidos, fácilmente moldeables. Muchos terminaron haciendo hechos delictivos ¿Cómo un juego que se metió en tu casa es tan potencialmente peligroso? Se mete en tu casa, y ese es uno de sus costados más siniestros: el meterse en la computadora de tus hijos y demostrar que nadie sale indemne. Es tan potencialmente peligroso.  

—Hay mucho de eso, de mostrar el peligro en el cuarto, en el celular del hijo, en el no estar atentos realmente a lo que nos rodea.

—Me gusta pensar a la serie en la veta de shows como True Detective, series donde importa más la vida privada de los protagonistas que la anécdota del caso. Yo prefiero los personajes que las peripecias o el tema. Sí es cierto que teníamos un esquema, pero era clave que a estos tres personajes se le metiera el monstruo en casa, en sus hijos, en su vida. Y que para escapar tenían que ir para adelante, porque ya no había vuelta atrás, no había salida posible sin enfrentar a ese mal.

—¿Qué podrías mostrar como narradora y que no a la hora de la crueldad, de las imágenes cruentas?

—Es un punto muy importante. Porque así como me gusta el cine amoral, y que no tenga bajada de línea, o de series que son así, sí me parece que hay que tener cuidado cuando querés hablar sobre algo. No podés generar el mismo material que van a consumir los que les gusta ver esas cosas. ¿Cómo se filman las agresiones sexuales? ¿Cómo se habla de un juego en red y tener cuidado que ese “juego del lobo” no sea algo que juegan otros tipos? Nos cuidamos, no nos era menor, hablamos con hackers, y ese juego de la ficción se destrozó cuando terminó el rodaje. Las escenas de violencia sexual no queríamos que fueran regodeo: dejamos fuera de cuadro casi todo. Lo que esté es el video de una agresión grupal, porque era crucial a la trama. Pero, por ejemplo, por el nivel de amistad que tenían los actores, ya que estudiaron juntos, había una familiaridad que cambiaba la situación, distinto sí hay un grupo que recién se está conociendo ahí.

—Los relatos latinoamericanos como formas que muestran a la región, y se animan a contar cosas que quizás, no se ven en otros lados ¿qué pensás?

—Es fácil con series de esta escala seguir contando narrativas que me interpelen a mí, son lenguajes que yo siento más cercanos y donde me interesa poner un año y medio de mi vida. Hay otro tipo de escala de serie donde vas unos días y hacen lo que quieren con tu material. En este tipo de series... Te doy un ejemplo: la escena que abre, que muestra a una chica siendo filmada por su profesor, fue algo que improvisamos ahí, nos gustó, lo pusimos en el primer capítulo, abrió la serie, fue a tráiler. Y no estaba ni en los guiones. Todos nos dijeron que sí. Fábula es una productora de directores, y claramente direccionada a ellos. Ellos te dicen que le gusta tal actriz, pero después podía elegir yo. Ese tipo de libertad sería muy difícil de encontrar en otras estructuras. 

 

El realismo cuidado

—Tenés un universo narrativo particular, con puntos de contactos entre relato y relato, ¿cómo se cruza entonces esa voz autoral con el mundo de las series?

—Cuando me acercaron La jauría, las chicas jóvenes de la escuela, del secundario, no tenían la importancia y el protagónico que tienen ahora. Los hijos de las policías eran chicos. Y se hicieron jóvenes. Estaban más impolutas antes en la forma en que las tocaba el juego. Obviamente en las series se trabaja en equipo, hay mucha gente que opina y que crea. Es otro el trabajo. Pero lo que me gusta es que aparecieron protagonistas más jóvenes y que a las policías les pasa de todo, no son solo mujeres de uniforme.

—¿Cómo lograron que hablen del mundo sin dejar de ser personajes?

—Este tipo de series y nuestro tipo de películas, series como La jauría, tiene puntos de contacto con las películas que hacemos –hasta por su escala de producción–. La serie es más digresiva, y lo digo positivamente. Lo que sostiene esa estructura es tomarse el tiempo de construir personajes. Eso, series como Better Call Saul, que dan cuenta de lo mejor que puede contar una industria, dejan en claro cuánto funciona un personaje y cuánto funciona ese universo. Es difícil tener personajes como Saul, que no importa dónde lo mandes, la peripecia, lo que te importa es el personaje. Es de lo más difícil de hacer cuando creás una serie.

—¿Qué pasa con la serie y su impacto?

—No tengo la menor idea. Cada vez que aventuré algo, las cosas no salieron así. Así que no tengo idea. Eso me pasa con todo, con mis libros y películas. La quiero mucho a la serie. Me mudé a Chile con mi familia para filmarla. Empujamos mucho como equipo creativo. La cuidamos como a nuestras películas. Pero excede lo que podemos imaginar.


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