25th de February de 2021
ESPECTACULOS NICK KROLL
05-12-2020 02:53

“Hay un despertar de otras voces en la comedia”

El productor, actor y comediante presenta la cuarta temporada de Big Mouth, la serie para adultos animada que acompañó como pocos shows las nuevas percepciones a la hora de género y diversidad.

05-12-2020 02:53

Crecí viendo Los Simpson y sin dudas vi muchísimo South Park. También había un show que acaba de relanzarse llamado Animaniacs. Creo sí que esas dos primeras referencias son cruciales para lo que terminó siendo Big Mouth”, dice Nick Kroll en exclusiva para PERFIL. Kroll es uno de los creadores, productores y muchísimas voces del show animado de Netflix Big Mouth, que acaba de estrenar su cuarta temporada. Kroll suma: “Nuestro show es distinto que esos dos que mencioné, sin dudas. Pero al mismo tiempo, creo que es una especie de mezcla entre ambos. Por un lado, esa cosa de Los Simpson de poder conectar, sin vergüenza, de emociones grandes, generadas desde los personajes. Y South Park obviamente realmente formateó los límites de que podía hacerse a la hora de los excesos. Realmente no miraron atrás. Y creo que esos dos factores están en el show”.

Todo lo que dice el neoyorkino Kroll es cierto. En esa tensión, aunque diferentes de sus hados madrinos, Big Mouth se ha convertido en el mejor show animado de este instante de la TV. La broma es simple, pero Kroll y compañía (otros creadores, guionistas y un grupo de actores que definen quién es quién en la comedia norteamericana de los últimos 15 años) la llevan a cabo casi como un ataque a un banco en un thriller: desde su propia experiencia como joven judío y la de Andrew Goldberg, su amigo desde los 11 años, se creó un mundo de púberes plural, diverso y musical (sus canciones son un lujo en la medianía actual del musical y del absurdo) donde se ha explicado con inteligencia muchas cosas que Twitter grita sin paciencia. La magia de Big Mouth, aunque sea un show no apto para menores, es que su manera de entender el mundo (y no explicarlo) define los mejores instintos de la diversidad actual, y, por supuesto, de la comedia fuera de borda.

—El show ha logrado ser excesivo y sentido, al mismo tiempo. ¿Cómo manejan el equilibrio entre ser salvajes y no predicar sobre lo que hablan?

—Lo que hemos aprendido a lo largo de las temporadas, es que cuanto más enorme es la emoción que buscás, también así de grande será la carcajada que genere reírse de eso, o meter una broma allí. Creo que una cosa beneficia a la otra. La meta siempre es nunca menospreciar a una de esas dos variantes: cada vez que nos ponemos ya demasiado declamatorios, entonces es el momento de ir al otro lado, y reírnos. Y cada vez que la broma simplemente existe para ser graciosa, o existe gracias a lo malo que le pasa a los personajes, pero sin sentido, o la forzamos en unos personajes, entonces quizás no sirva tenerla en el show.

—¿Hay una historia alternativa de Estados Unidos generada por su comedia y su vínculo con la misma?

—La comedia siempre ha jugado un papel muy importante en la cultura de Estados Unidos. Muchas veces hablan de algo que está sucediendo, hablan contra algo que está pasando en ese momento que define a la historia de Estados Unidos. Soy un fanático de la historia de Estados Unidos. Y me gusta mucho verla a través de la lente de la comedia. Lo poderoso de ver la historia desde otros prismas, sobre todo en este momento del mundo, tiene más que ver con ver realmente qué estaba sucediendo ahí, y para eso existe la cultura popular, para eso hay películas, comediantes, libros, la televisión, la radio y varias otras formas de cultura. El discurso oficial, lo que se enseña, lo de los libros, convive con todo ese cuerpo de ideas sobre cada momento de la historia de Estados Unidos.

—Al comienzo, el show acompañó casi involuntariamente la más reciente revolución de género, de identidad sexual, de diversidad sexual, que se dio en casi todo el mundo. Ahora, sabiendo todo lo que sucede ¿tienen cierta presión por intentar no quedar atrás?

—No, no, al menos en términos de presión no. Creo que en los Estados Unidos, y sé que también es así en Argentina, hay un despertar a la hora de pensar en escuchar a otras voces, voces diferentes, formas de vida diferentes, y que esas voces finalmente sean parte de la discusión. A partir de los diferentes chicos del show, queríamos mostrar diferentes vivencias sexuales, pero también diferentes identidades, diferentes géneros. Queríamos ser tan abarcativos y específicos como pudiéramos ser, y eso solo puede salir de autores que nos ayuden a entender esas experiencias. Porque ese conocimiento permite que sea una experiencia más edificante, pero también entiende lo mejor posible qué comedia hay ahí dentro. Todos esos puntos de vistas benefician. Solo siento gratitud por la gente que tenemos ahora ayudando a generar un mejor show, más inteligente y más gracioso.

—La animación se ha convertido en uno de los últimos refugios donde no se anda escarbando tanto en busca de lo políticamente correcto.

—Creo que la animación tiene mucha más licencia artística y eso le permite encarar determinados temas, hablar de cosas incómodas, e ir detrás de cosas más bien extravagantes. Acá tenemos chicos de 15 hablando de masturbación, pero quien lo ve, sabe que es un show adulto, que hay adultos poniendo las voces, que es un acercamiento artístico desde la comedia al universo del despertar sexual. Pero también te diré que creo que el proceso de la animación es impresionante.

—A la hora de las voces originales, en inglés, hay un gran casting, donde se sabe que muchos son amigos entre sí: ¿creés que hay algo común a todos ustedes y cómo han logrado llegar a este show?

—Creo que la comedia es un proceso colaborativo, y a todos nos pasa que buscamos a quienes consideramos nuestros pares, y generalmente seguís trabajando con esa gente. La mayoría en el show, con mi mismo sentido de humor, son gente a la que aferrás, pero también que no ves razón por la cual soltarla. Simplemente querés trabajar con ellos. Para mí eso es increíble del show. Andrew Goldberg, con quien creamos el show y somos amigos desde la adolescencia, es una persona, como yo, en la cual se basa el show. John Mullaney y yo nos conocemos desde el colegio. Jason Matzoudas también de Nueva York. A Jordan Peele, Maya Rudolph y Fred Armisen los conozco hace diez años. Cuanto más cómodo están con tu grupo, es más fácil darle la bienvenida a la gente y generar mejores ideas.

—¿Qué pasó con el spin off “Human Resources”?

—Estamos escribiendo y dándole voz a la primera temporada. Va a salir después de la próxima temporada de Big Mouth. Es una gran experiencia de creación ver cómo este mundo puede contener otro show, con personajes, con ideas.

 

La boca porteña

Hay algo que muy poca gente conoce: la azarosa, pero aún así real, conexión entre Big Mouth y Argentina, puntualmente, Buenos Aires. El mismo Kroll lo establece así: “Literalmente, me subí a un avión de Nueva York a la noche, y aterricé en Buenos Aires a la mañana, cuando el show, su primera temporada, ya estaba disponible en Netflix.” Pero eso no es todo: “Estaba en Buenos Aires cuando se estrenó la primera temporada de Big Mouth. Viví ahí mientras estudiaba en la Universidad, en el año 2000, y en 2017, durante un rodaje. El proceso de hacer animación es espectacular: estaba en Argentina. Estaba justo ahí cuando era el proceso de reescritura y para volver a grabar algunas tomas de audio. Al ser tan largo el trabajo en una animación, al tener tantas etapas, tengo recuerdos de estar viviendo en Recoleta y tener que mandar audios de mi teléfono que iban a usarse finalmente en el show. Eventualmente tuve que volver a grabar, pero es sorprendente. Incluso durante esta pandemia pudimos grabar la temporada 5, no teníamos que estar en el mismo lugar”. Kroll reflexiona sobre ese método de creación: “La animación ha sido un regalo para mí: por un lado, por supuesto, por lo que me ha permitido generar como autor, y por otro, por cómo los avances de la tecnología hoy permiten hacerla de cualquier rincón del planeta y en cualquier condición”.

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