domingo 02 de octubre de 2022
ESPECTACULOS Entrevista

Fernando Dente: “Hoy se respira en el mundo mucha violencia”

Actor especializado en musicales y docente vuelve a los escenarios para continuar con su gran pasión en Argentina. Anticipa las características de esta nueva producción que lo tiene como uno de sus tres máximos protagonistas, junto a Franco Masini y el debut como actor de Nahuel Pennisi.

17-09-2022 02:47

Hace pocas semanas se bajó de unas altísimas botas rojas en el musical Kinky Boots, pero no hace tanto voló sobre las cabezas de los espectadores como Peter Pan y también sobre la alfombra mágica de Aladin. Es que Fernando Dente puede hacer todos esos personajes, con o sin música, pero siempre con un profesionalismo subrayable, que lo llevó a vivir durante un tiempo en los Estados Unidos para perfeccionarse.

Desde este mes encabeza un nuevo espectáculo: Regreso en Patagonia sobre un libro de Alejandro G. Roemmers, con música de Nazareno Adorno y dirección de Sebastián Irigo. El elenco lo integra junto a Franco Masini, con el debut teatral del cantante Nahuel Pannisi, más Iñaki Aldao, Laura Esquivel, Karina Hernández, Cande Molfese y Roberto Peloni, entre muchos otros intérpretes.  Las funciones serán de jueves a domingos en el Metropolitan Sura. Aclara Dente: “El título es un juego de palabras, es un regreso que sucede en la Patagonia, por eso está escrito de esa manera”.

Tango feroz, Mi bella dama, Despertar de primavera, Casi normales, Sweeney Todd y otros muchos espectáculos lo tuvieron en su elenco, de manera protagónica o secundaria. Por eso mismo los teatros cerrados por la pandemia lo llevaron a reflexionar: “Escuché que el teatro no iba a volver nunca más. Nos conectó a todos con la incertidumbre. Me generó resistencia hacia esas personas que lo decían. Me duele la indiferencia y la falta de empatía. El desestimar al otro o el sálvese quien pueda. Hoy se respira en el mundo mucha violencia”. 

—Hace muy poco terminaste con Kinky Boots: ¿por qué aceptaste?

—Después de un año tan intenso pensaba tomarme vacaciones, pero vino Sebastián (Irigo) al que admiro mucho con esta propuesta y acepté. Después me dijo que tenía el libro de Rommers que yo había leído. Es el único texto aprobado por los herederos de Saint-Exupéry tomado como secuela de El Principito. Me contó el elenco, cómo iba a dirigirla, que habría doce músicos, en total cuarenta y cinco artistas en escena. Es absolutamente familiar con un despliegue increíble, con vuelos, pantallas y nieve. No me pude resistir.

—¿No se vio otra versión de El joven príncipe?

—Si, se dio por streaming durante la pandemia y luego se hicieron algunas funciones en el teatro Lola Membrives, pero ésta es una versión totalmente diferente. Mantiene la premisa de mi personaje, Guillermo Prado, el escritor que encarno, quien se escapa de la ciudad y se va hacia la Patagonia. Hay mucho humor. 

—¿Las pantallas y efectos especiales compiten con las actuaciones?

—Creo que ahí está el talento del director. Podés tener muchos metros de pantalla pero si no están al servicio de la historia, pasa a ser un gran televisor. Tenés que tener una mirada poética sobre los recursos teatrales que usás, sea una filmación o una silla. Nuestro director de arte es Maxi Vecco, es el número uno hoy en habla hispana, está haciendo espectáculos en México. Junto a Jorge Ferrari estrenó Jesucristo Súper Estrella (2019) y José, el Soñador (2022). 

—Es el debut teatral de Nahuel Pennisi como actor…

—Es un artista que se adaptó a la perfección. Tiene mucha verdad y emoción sobre el escenario, actuó en varios festivales, shows y eso fue fundamental. Con Franco (Masini) armamos un trío muy bueno. 

—¿Pudiste irte a estudiar a los Estados Unidos?

—Si, viví casi un año allí. Me hizo muy bien, fue una muy buena inversión para mí. No fue fácil vivir en una ciudad como Manhattan. Estuve ocho meses, durante los dos primeros fantasee con quedarme a vivir allí, e incluso inicié los trámites. Pero después me di cuenta que no podría instalarme en otro lugar que no fuera Buenos Aires. Sentí que podía irme a trabajar, pero sabiendo que volvería. Noté que los norteamericanos están más cortos de posibilidades, ellos hablan un solo idioma (inglés) y sólo pueden trabajar en Broadway si hacen teatro y Hollywood si se dedican al cine. Nosotros podemos viajar a cualquier país y sumarnos.  

—¿Qué balance hacés de tu participación en los reality, como por ejemplo Bailando por un sueño (2015/19)?

—Donde estoy es porque quiero estar. Asumo esa responsabilidad, sin que resulte pedante. En muy pocas excepciones no estuve a gusto, pero no fueron esos los casos. En cualquier espacio donde pueda hacer lo que sé hacer, es muy difícil que me sienta incómodo. Me gusta bailar y cantar, hace muchos años que hago teatro, por lo cual me divierte la televisión. No soy prejuicioso. Me hago cargo de donde estoy. 

—¿Enfrentás algún prejuicio hacia vos?

—No, creo que no lo viví o no me di cuenta. Agradezco todo lo que hice. Todos los trabajos me sumaron. Tuve la suerte de estar en lugares donde quería estar. Desde chico elijo mis proyectos, no debo mantener a una familia y nunca tomé un crédito, por todos estos motivos hasta el día de hoy vengo eligiendo lo que hago. 

—¿Qué recuerdo te dejó tu paso por Fuerzabruta?

—El miedo y el pánico que me dio hacer esa escena de El corredor. Fue un gran desafío físico y lo disfruté. Admiro muchísimo a sus creadores y a su elenco.

—¿Se te consideró un chico Disney?

—Y sí arranqué ahí y siento mucho orgullo. Después de doce años volví durante dos temporadas para hacer Bia (2018) y Bia. Un mundo al revés (2019). Hace poco filmé la nueva serie O coro, para la plataforma Disney Plus. Viajé a San Pablo entre diciembre del 2021 y principios de este 2022, se va estrenar a fin de mes. Tuve que aprender portugués, aunque mi personaje tenía acento por ser argentino. Me defiendo bastante con el idioma, fueron dos meses de estudiar con una profesora. Me puedo expresar, conozco los verbos, pero no tengo una expresión fluida. 

—¿Y tu vocación docente?

—Junto a Ricky Pashkus en pandemia fundamos IAM (Instituto Argentino de Musicales). Hoy en día es una de las escuelas musicales más grandes de Latinoamérica, tenemos más de cuatrocientos alumnos. Es un espacio donde se forman y trabajan. Doy solo seminarios, sobre entrenamiento, a mitad y a fin de año. Junto a la productora Rima haremos espectáculos y el ochenta por ciento del elenco serán alumnos. Queremos dar una inserción laboral.  

—¿Te iniciaste como director?

—Me encanta el teatro y me veo como todo. Para mí dirigir es como ser el anfitrión, el que elige el menú y dónde se sientan los invitados. En cada rubro tengo un amigo, miro cómo se programan las luces, hablo con el escenógrafo, cada parte me interesa como también la conformación de equipos. Mi lugar en el mundo es el teatro. Es donde mejor me siento, siempre tengo presente que fue muy generoso conmigo. La relación con el público la disfruto mucho, es muy importante. Elijo y le presto mucha atención a los proyectos que acepto, busco que me representen. Trabajo desde mis quince años y casi conozco a todas las personas.  

—¿Algún arrepentimiento?

—No. Pudo haber salido bien o mal, pero como elijo no hay espacio para el arrepentimiento. Una vez que subí al barco soy consciente de la travesía. De todo se aprende.

 

“Me enojo más que herirme”

Es un trabajador y cuando se le pide que cuente cómo es un día en su vida, sorprende. Dirá Fernando Dente: “Tuve una época en que de miércoles a domingo hacía Kinky Boots, luego el lunes a la mañana volaba para San Pablo para filmar la serie de Disney Plus y el miércoles volvía para seguir con las funciones del musical. Luego grabé una película y lo hacía después del teatro hasta las seis de la mañana. Se llamará Luces azules con dirección de Lucas Santa Ana y guión de Gustavo Pecoraro (N.d.R también están Osmar Núñez, Ernesto Larrese, Edgardo Moreira, Claudio Da Passano, Estela Garelli, entre otros intérpretes). Después llegó el momento de compartir los ensayos de lunes a sábados por la mañana Regreso en Patagonia con las funciones por las noches de Kinky Boots. Estoy esperando poder disfrutar de sólo las representaciones. Cuando hago mi vida más normal, tomo y doy clases, dos o tres veces por semana. Las funciones son la vedette de mi vida y lo disfruto, siento que es mi centro”.  

Cuando se le pide que haga un balance de su vida, afirma: “Sería injusto decir que me falta algo, aunque hay personas que no están más. A mis diecinueve años murió mi madre, falta físicamente pero la siento cerca siempre. Creo que creo en Dios, en el universo, o en algo, pero siento que al nombrarlo lo pierdo. Lo no claro me puede enojar, más que lastimarme. Me enojo más que herirme. Proyecto una familia, pero no por ahora”. 

Finaliza: “Siempre estoy en constante cambio. No me gusta estar estancado. Sueño con una manera de expresión que me represente cada vez más y un espacio que me permita descubrirme. Me siento un jeroglífico y busco entenderme. Es divertido, a veces agobiante, pero siempre una tarea”.

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