ESPECTACULOS
ernestina pais

“Hoy trato de no ser mala”

Tras años alejada de los medios, volvió a la radio con Mundo paralelo en la Blue. Dice que la peor de las adicciones es la exposición pública.

Critica. La conductora reconoce que en su peor etapa era hostil con quienes la rodeaban en el trabajo y la familia.
| Juan Obregon

Una de las cosas que repetía cuando me agarró el ataque de pánico era: ‘Devuélvanme mi vida’”. En eso está Ernestina Pais, a una buena distancia del momento en el que dormía 18 horas al día y no podía salir a la calle. Por eso asegura que, pese a haber recibido ofertas de televisión y radios con más audiencia, optó hacer Mundo paralelo en las mañanas de Blue (FM 100.7), porque la acercaba al ritmo que ahora quiere para ella.
—¿En qué se parece entrar a una radio más chica a lo que estabas acostumbrada?
—No importa qué tan grande es. Como en el caso de la tele, siempre elegí dónde estar o inventé mi lugar, porque Mañanas informales no sabíamos lo que iba a ser antes de hacerlo. Bah, Jorge seguro lo tenía en mente. Pero en la tele de hoy en día vos ya no sos dueño de tu producto…
Hace una pausa. La misma que tal vez haya sufrido por no saber tomarse un tiempo; frena porque está preocupada por un amigo al que no vio bien la noche anterior. Ernestina atiende lo que cree importante y vuelve. “De todas las adicciones, la que libera más dopamina y serotonina es la exposición pública. Todo lo demás viene después. Tuve un nivel de laburo que me tenía como único elemento 15 años sin parar. En vivo en tele y radio hasta los sábados, más una revista. Cuando llegó Caiga quien caiga me hicieron firmar tres años de contrato y no hice nada más. Frené un tren que venía a 200 de golpe y me deprimí. No es que todo lo anterior estaba mal. Había sobreforzado la máquina y cuando paré me deprimí. No podía salir de la cama”.
—¿Te arrepentís de haber hecho “CQC”?
—Caiga... fue maravilloso, pero me exigí demasiado. Nunca dije “no puedo” y mi ignorancia era tal que pensaba que todo lo podía manejar. No la vi venir. Yo hago lo que amo. La vocación es una obsesión bien conducida, algo que no podés dejar de hacer… Y me la pegué. Hoy las cosas me lastiman y las digo.
—¿Era difícil acompañarte?
—Era bastante hostil como persona para vivir. Vivía laburando y, salvo por mi hijo, el resto un poco me chupaba un huevo. Mi apasionamiento era tan grande que dejé de vivir. Mi mamá, mi hermana, todos se quejaban.
—¿Y ahora?
—Ahora soy un amor (suelta una carcajada). Tenía mucho miedo a estar sola, pero luego de mi última separación me gusta mucho la situación en la que estoy. Aprendí un montón. La tragedia puede ser la excusa para convertirte en un hijo de puta o dar un paso y avanzar diez casilleros. Disfruto de otras cosas, me gusta la soledad y necesito otros tiempos. Me divierto mucho con mi hijo.
—Decías no querer causarle dolor a alguien que no querías lastimar. ¿Hacia dónde dirigís la maldad?
—Hoy trato de no ser mala. Cuando me atacaban no contestaba, hasta que un día mi hijo me dijo: “¿Qué son las sustancias que dice la negra Vernaci?”. Ahí me saqué. Convertirte en policía cuando las dos hicimos el mismo camino… Yo no jugaba a eso con ella, menos en un país donde las drogas son ilegales.
—¿Extrañaste a Guinzburg en esos momentos?
—No sabés cómo. Ella nunca me atacó mientras él vivía, porque la iban a desmentir. Jorge siempre fue amigo de las dos y sabía todo. Es cierto que tengo voz gruesa, pero es la que me dio la vida, y el contenido y la forma de ver el mundo son absolutamente diferentes. Estoy donde estoy porque hice un camino para estar ahí. Un recorrido que me encanta.