Da una pitada, ceba un mate y vuelve a pitar. Rafael Varela no tiene pinta de tanguero. Con un look entre hippie y desprolijo que lo acerca más a un estudiante de Ciencias Sociales de la UBA que a Gardel, el hijo de Adriana Varela habla de los Beatles, los Stones y Pink Floyd. “ Yo vengo del rock. Después, empecé a interesarme más en el tango y el folclore, sobre todo para experimentar en música argentina”, cuenta el joven compositor de la música original de Relojero, la obra de Armando Discépolo, dirigida por Lizzie Gaspar.
—¿Cuánto tuvo que ver tu mamá en ese cambio?
—Mucho. Ella me dio la posibilidad de compartir escenarios, ensayos y bambalinas con músicos muy importantes. De todas formas, no me cierro a nada. Toco tango con mi mamá, pero también tengo una banda de rock (Ekeko) y otra de música electrónica (Cielo naranja).
—¿No te cerrás a nada? ¿No hay ningún estilo que no tocarías?
—Bueno, sí, creo que nunca haría cumbia; a menos que me paguen mucha plata.
—Y por dinero, ¿tocarías al lado de un político?
—Sí, ¿por qué no?
—Bueno, a tu mamá la cuestionaron bastante cuando...
—Cuando tocó para el gobierno de Menem. Algo tiene que quedar claro en ese sentido. Un músico trabaja de músico y no de político. El músico es un trabajador más allá de quien lo contrate.
—Es decir, si a vos te llama Menem, vas.
—No, no podría trabajar para alguien al que me dan ganas de escupir en la cara. A mi mamá la criticaron mucho, pero a Menem se lo eligió y reeligió en forma democrática. Mi mamá no es menemista, es más bien zurda. Fue a trabajar, nada más.
—¿Hablas de política con tu mamá?
—Sí, discutimos mucho porque yo no soy peronista. El peronismo es un movimiento que fue muy importante pero que ya pasó. Además, yo no pienso como fanático. Y ella sí. Pero hay que entenderla, ella viene de una generación con 30 mil desaparecidos...
—Tu mamá te inculcó la música desde chico. Tu padre, Hugo Varela, fue un tenista muy importante. ¿No logró transmitirte la pasión por el deporte?
—Mi papá fue número cinco de la Argentina y cuando yo era chico, era muy famoso. Sí, jugué un poco al tenis, pero no me gustó el ambiente. Me resultó un poco frívolo e individualista. Además, me gusta la noche, fumar, juntarme con amigos, acostarme tarde y no madrugar...
—¿Y qué es lo que te atrae del mundo del tango?
—La personalidad de su gente. El ambiente del rock y el jazz a veces es un poco careta. En cambio, la gente del tango es de barrio y tiene una escala de valores que coincide con la mía. Es un estilo del que me siento parte con el sólo hecho de haber nacido y vivido en Buenos Aires.
—Tu mamá dijo una vez que el tango ya dejó de pertenecernos al difundirse tanto por el mundo. ¿Coincidis?
—Sólo un poco porque los porteños y los montevideanos tenemos una forma de entenderlo que es diferente a la de los europeos, los norteamericanos o los asiáticos. Ellos pueden tocarlo y bailarlo genial, pero la lírica del tango es solo nuestra. El tango es una forma de vivir. Sólo nosotros sabemos lo que es el puerto a las siete de la tarde. Lo sabemos todos porque lo vivimos y conocemos el ritmo y el olor de esta ciudad. Aunque no seamos porteños.
La voz de la sangre
El hijo de Adriana Varela tiene una banda de rock y otra de música electrónica. Defiende a su madre por haber tocado para el gobierno de Menem, cuenta por qué el ambiente del tango le gusta más que el del jazz, confiesa que jamás haría cumbia, excepto que le pagaran mucho dinero, y explica por qué no es peronista.