Él, que en algún momento brilló en los medios de comunicación, hoy pide por un espacio radiofónico para poder expresarse. Pide, pero también agradece. Dice que la “oportunidad” que le dio Canal 9 para participar en el programa matutino De 9 a 12 fue esencial para él. Y es extraño –o tal vez chocante– ver que una leyenda como Cacho Fontana deba, a sus 74 años, pelear para tener su espacio. “Ahora que volví a la tevé, siento que tengo que justificar ante el público que sigo siendo Cacho. Estoy jugándome un partido”, asegura el autor de la frase “¡Con seguridad!”, en Odol pregunta.
— ¿Siente como una revancha el hecho de volver a la tevé después de 24 años?
—¡No! Es un reintegro, algo realmente inesperado. Me sirve para que la gente vea cómo pude salir adelante.
—Luego del juicio en el que Marcela Tiraboschi, su ex mujer, lo acusó de maltrato y consumo de drogas, muchos le dieron la espalda. ¿Quedó resentido?
—No. Eso es de seres pequeños. Lo que sentí y siento es vergüenza. Fue un golpe muy grande que, si a mí me dolió, me imagino la sorpresa del público. Me recluí en casa porque sentí que la gente miraba con sorpresa, no era la misma.
Luego de que en 2003 anunció su retiro, Fontana decidió volver con un segmento en el que cuenta, dos veces a la semana, las experiencias y anécdotas que vivió con las grandes personalidades que conoció a lo largo de su carrera. “Me retiré porque creí que era oportuno tener un punto final en mi carrera. Pero después lo pensé mejor. Yo dejé un sistema de radio y de televisión que no ha cambiado. Más allá de los Bailando..., hablo de televisión en serio. Sé que no es fácil volver a empezar, y más ahora que el blanco es blanco”, dice mientras señala su canosa cabellera. Y agrega: “Lo que me alienta de esta idea es que, dentro de un magazine veloz, hay un segundo de freno para representar a los viejitos de mi tiempo que la tevé ha olvidado”.
— ¿No lo ve como una oportunidad para que los jóvenes lo conozcan?
—Yo le tengo mucho respeto a la juventud, pero tienen la velocidad de Bill Gates. Igual, recibo mucho cariño de ellos. Por ejemplo, Matías Martin me invitó a un programa donde me era imposible estar, donde se debatía si la mujer debe afeitarse o no ahí abajo. Yo tenía unas ganas bárbaras de intervenir, pero me tenía que callar.
—¿Le gusta lo que escucha en radio?
—La radio es el reflejo del mundo. Igual hay cosas que no se pueden creer. Que Dady Brieva reemplace a Lalo Mir o que Hanglin empiece en Radio 10, no tiene nada que ver. La radio tiene una deuda conmigo. Me gustaría que me den la oportunidad de presentarme a competir en una. Creo que les ganaría a todos.
—Una vez dijo que a pesar de haber tenido muchas mujeres en su vida, usted siempre privilegió su carrera. A esta altura de su vida, ¿sigue tomándose su profesión como antes?
—Mirá, yo nací casado, porque con mi vieja embalé y no largué más. Pero luego no tuve ninguna relación afectiva continua, porque no me sentía capaz de compartir los momentos que estaba atravesando y en los cuales necesitaba una gran libertad. Ahora, si bien sigo con el placer de mirar a las mujeres, siento la necesidad de compartir con alguien. Está empezando otro momento.