ESPECTACULOS
BUIKA

“Soy una mujer llena de pasiones”

La cantante confiesa que se pasó la vida buscando su identidad hasta que asumió que no creía en eso. Con su disco Para mí, se presenta el miércoles 8 de noviembre en el Teatro Coliseo. Sostiene que su misión es la música.

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Ecléctica. Concha Buika cuenta que escuchaba tanto flamenco como boleros. | Gza.Natalia Fiore
Tener tiempo para escucharse hoy en día no es fácil”, asegura Concha Buika, la temperamental artista española que volverá a reencontrarse con su público de Buenos Aires el próximo miércoles 8 de noviembre, en el Teatro Coliseo. “Por eso elegí el título del EP que edité este año, Para mí –completa–. Son temas que hablan de la necesidad imperiosa de regalarnos momentos desconectados de tanto ruido, ambición y obligaciones”.

Las canciones de Para mí (entre ellas la preciosa Dios de la nada, de Camarón de la Isla) están claramente unidas por esa idea, pero no tienen, musicalmente, una identidad fija, inamovible. “Lo de la identidad es casi siempre una chorrada –sostiene Buika–. ¿De qué identidad me hablan? Cuando era pequeña me preguntaban mucho de dónde era, de dónde venía, por mi color de piel. Yo les decía que era de Palma de Mallorca y no me creían. ‘Tú tienes que ser de Africa, o de Cuba’, me contestaban. Me pasé la vida buscando esa maldita identidad, hasta que dije basta. Si entras de repente a caminar en el desierto con medio vaso de agua, estás jodido; pero si llevas cuarenta años haciéndolo te acostumbras. Yo creo que la identidad es un dibujo en la cabeza. Definitivamente no creo mucho en eso”.

Aliento jazzístico, reggae, flamenco, copla. Temas en los que canta en español, inglés e italiano. Buika se permite unas cuantas libertades en las cinco canciones de Para mí, guiada por la convicción de tener “la humildad del que nada sabe y a todo se atreve”. Su espíritu ecléctico es herencia familiar: “En mi casa se esuchaba de todo: flamenco, música africana, los boleros de Lucho Gatica, el tango de Cadícamo. Mi madre era muy abierta en ese sentido. Más allá de los géneros, la música seduce porque tiene muchos misterios. Yo siento que mis temas tienen mensajes ocultos para cada persona. Yo sé desde dónde canto, pero no sé desde dónde me escuchan los demás. Es un misterio que viene de lejos y que va mucho más allá de nuestra comprensión”.

Fiel a su estilo, Buika responde con una broma cuando se le pregunta si tiene algún sueño que la desvele: “¡Sí! Bañarme desnuda en una fuente llena de leche de cabra”, dispara antes de soltar una sonora carcajada. “Soy una mujer llena de pasiones –prosigue, un poco más seria–. La música es para mí una pasión constante. Mi deseo está apuntado a ese lugar. Y nunca sé muy bien dónde estoy, es todo bastante incierto, no hago muchos planes”.

Al mismo tiempo, su intensa dedicación a la música le ha traído aparejados algunos problemas, según admite: “Esta profesión en la que estoy metida de lleno me ha costado relaciones de pareja y familiares. Porque al final he puesto mi vida al servicio de ella, que es también ponerla al servicio de un montón de gente. Siento que la música es una misión. Cuando era más joven, me marcó mucho el acoso de perro bobo: me decían seguido que no servía para nada, que era una tonta. El mapa mental que se me había dibujado era terrible. Pero descubrí que todo eso era mentira la primera vez que me subí a un escenario y la gente me aplaudió a rabiar”.