ESPECTACULOS
Para la prensa y los fans fue una "pareja invisible"

Tom y Katie, una boda inmersa en la niebla

Rumores en torno a la excéntrica ceremonia de cienciología que marcó el ritual de unión de dos de los actores más famosos del mundo. Nadie los pudo ver. Decepción general. Galería de fotos

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Se cas ayer con Katie Holmes a 35 km de Roma. Suri, la hija de ambos, particip de la ceremonia. | Newscom
Bracciano/Roma.- En realidad no se podía ver nada y no sólo por la densa niebla que por la tarde se instaló en el pequeño pueblo de Bracciano, cerca de Roma. Los novios, Tom Cruise y Katie Holmes, celebraron ayer su boda de ensueño tan apartados del mundo exterior que hasta los fans más incondicionales se marcharon a casa decepcionados.

"Les hemos recibido con los brazos abiertos y ni siquera nos dicen 'ciao', ­qué maleducados!", afirmaba enojado un hombre de Bracciano, mientras doblaba una gran pancarta en la que se leía "Tom and Katie -Welcome Home".

El diario "Corriere della Sera" habló hoy de una "pareja invisible". Una tras otra llegaron las enormes limusinas con los famosos hasta el castillo fortaleza de Odeschalchi, pero tras los cristales oscuros tan sólo se podía intuir a las superestrellas invitadas como John Travolta, Jennifer Lopez, Brooke Shields o Victoria Beckham.

Unicamente Will Smith ("Men in Black") y el cómico Jim Carrey se apiadaron y se dieron un breve baño de multitudes.

De alguna forma toda la fiesta tenía algo de película de Hollywood. Martin Scorsese o Francis Ford Coppola no podrían haber creado un espectáculo mejor. Los ingredientes: Un castillo con oscura leyenda incluida, Katie Holmes, que se asomó durante unos segundos a una ventana enrejada, como si de una doncella se tratase, y el caballero, Tom Cruise, que lleva a la hermosa novia al altar.

"Tom Cruise ha cumplido su sueño de ser príncipe por un día", comenta el príncipe italiano Carlo Giovanelli. Y una observadora añade, para los estadounidenses Roma sigue siendo la ciudad más romántica del mundo.En este entorno medieval encaja la leyenda de una "maldición amorosa", que presuntamente habita entre los gruesos muros del castillo. Según se cuenta, en 1576 en ese castillo la noble Isabella de Medici fue estrangulada por su marido Paolo Giordano Orsini con una cinta de seda roja porque ella le había sido infiel, justo en los mismos aposentos en los que la dulce Katie se puso su vestido de novia, de Armani, en color marfil, apunta el diario "La Repubblica".

"Su fantasma -se agrega en la información- es el que trae mala suerte a los novios que se casan en el castillo". Y tal vez haya algo cierto en todo ello, si uno se fija en los divorcios de famosos. En 1979 el director Martin Scorsese dio el "sí, quiero" en el castillo Odeschalchi a la actriz Isabella Rossellini.

La unión se rompió a los cuatro años. Y tampoco le fue mejor al cantante melódico Eros Ramazzotti. Su matrimonio en 1998 sellado en Bracciano con la suiza Michelle Hunziker también terminó cuatro años más tarde en los juzgados. Pero al menos durante el primer año de matrimonio entre Cruise (44 años) y Holmes (27) no debería haber infidelidades: Según el contrato prematrimonial, el que sea infiel durante ese tiempo tendrá que pagar una multa de cinco millones de dólares, informan los medios italianos.

Un tanto grotesca fue sin embargo la ceremonia del enlace, que se celebró según el rito de la cienciología, algo en lo que había insistido el propio Cruise, un ferviente seguidor del grupo
religioso. El le regaló a su amada un peine, un pañuelo para la cabeza y un gato -según la tradición de la cienciología-. "¨¿Pero una boda así tiene valor?", se preguntaba una periodista italiana de televisión.

Al menos el tenor ciego Andrea Bocelli renunció a cantar el "Ave María" tal como estaba previsto. Y así, con todo lujo, los cerca de 150 invitados celebraron con langostas, risotto, trufas blancas y un pastel de cinco pisos de chocolate blanco y decorado con rosas de mazapán.

La fortaleza fue decorada con 6.000 velas que iban acompañadas de una música romántica y por último, fuegos artificiales. Pero el gigantesco espectáculo de luces no se vio bien por la densa niebla que se había asentado en Bracciano. Y es que en realidad no se podía ver nada.