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Una chica que cabalga dragones

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En una nueva andanada de tuits de #CristinaSacada, la Presidenta –quizás a través de uno de esos nuevos especialistas en la nada que son los community managers, que cobran por escribir cositas en las redes sociales– se dedicó el último domingo a confesar en público que era una especie de fanática de la serie Juego de tronos y, sobre todo, del personaje que ella llamó “Madre de Dragones” pero que en la ficción responde más al nombre de Daenerys Targaryen.

La elección de Cristina Kirchner es probable que radique en alguno de los elementos que hacen a Daenerys, heredera de la dinastía Targaryen –su abuelo, un déspota, fue derrocado por medio de la violencia y ella vive en el exilio–, que es entregada a una especie de puntero bestial que habita en la periferia –Kahl Drogo, líder de los dothrakis– por uno de sus seres queridos –su hermano, Viserys– a cambio de que esa masa de seres incultos pero violentos los ayuden a regresar a su trono. En el medio, pierde al hermano, pierde al flamante marido y, en un doble golpe, se transforma en líder de los analfabetos apoyada en su marido muerto y en un poder mágico –puede domesticar dragones, bestezuelas que se creía estaban extinguidas–. A partir de su viudez –no, no se refiere a Kahl Drogo como “El”, pero casi–, utiliza la figura del muerto para mantener unida a la tropa y, también, para alimentar sus fuerzas para la misión casi imposible –reconquistar el trono perdido– con una buena dosis de venganza y rencor. Capítulo a capítulo, el personaje de Daenerys –que comenzó como una adolescente inocentona– crece en todo sentido, hasta transformarse en una líder mesiánica que se enfrenta a sus enemigos con soberbia –“deben ayudarme porque soy la Madre de los Dragones”, transforma el ruego en orden en uno de los capítulos– y que está dispuesta a ir a una guerra en la que pueden morir miles de sus seguidores, como también los del enemigo.

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Ese personaje, justamente, es el que le gusta a la Presidenta.