ESPECTACULOS
MARILU MARINI

Una leona de dos mundos

Personaje mítico del Di Tella, adhirió a las vanguardias de los 60. Se exilió en París y trabajó con Copi, Lavelli y Alfredo Arias. Estuvo en Buenos Aires filmando una película basada en cuentos de Cortázar.

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PRESENCIA. Trabaj ms en teatro que en cine, pero no desdea filmar con directores nuevos. | Cedoc

A la cita llega puntual, apenas un día antes de su regreso a París. Detrás de sus anteojos oscuros y bajo su sombrero, es la imagen más parecida a Greta Garbo que se pueda concebir desde el Río de la Plata.

Filmó en San Luis las últimas secuencias de Mentiras piadosas , junto al director Diego Sabanés. Este retorno a Francia es sólo un paréntesis, ya que el 4 de julio volverá para reponer Incrustaciones de Chantal Thomas, en el teatro Presidente Alvear, junto a Alfredo Arias.

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  —Desde 1975 reside en Francia: ¿cómo fue adaptarse a otro país y a otro idioma?
—Por más que una sepa hablar el idioma, vivir en París es un shock. Tuve que adaptarme, fue mi trabajo durante los primeros tres años. Una cree que conoce la cultura francesa porque leyó Proust, pero la verdad está en cómo te trata la panadera; ahí el asunto se pone fulero.

—¿Sintió protección al llegar al grupo que encabezaba Alfredo Arias en París?
—No sólo eso, también encontré una familia, una referencia. Teníamos proyectos y en la actualidad los mantenemos. Hoy podemos hacer espectáculos juntos o por separado.

— Vino para filmar una película basada en tres cuentos de Julio Cortázar: ¿lo conoció?
—Lo crucé algunas veces, pero no puedo decir que fui su amiga. Cuando conversábamos, siempre era jugosa y divertida nuestra charla. Yo lo hacía reír. Siempre hablábamos en castellano. Le hacían gracia ciertas expresiones que usaba, porque recién llegaba de Buenos Aires. El era muy pudoroso, tímido, por lo cual nunca intenté invadirlo, pero era adorable.

—En Francia se la condecoró con la Orden de las Artes y de las Letras, en el grado de Oficial, ¿y en Argentina?
—(Se ríe, casi sorprendida)Todavía no. Será por eso de los olvidos...

—¿Tiene la doble nacionalidad?
—Estoy tramitando la francesa. Mi pasaporte es argentino y viajo con una carta como residente en Francia. En el Aeropuerto de Orly, hago la cola de los que no son del Mercado Común Europeo.

—¿Se puede comparar la televisión argentina con la francesa?
—La televisión francesa pública puede ser muy aburrida y niveladora para abajo. Hay otros canales muy interesantes, como el Arte y el Pink, que es el de la comunidad gay. Allí hay gente con calidad, pero también existen los juegos, Gran hermano y las competencias donde se canta y se elimina.

—Confirmado: en julio vuelve con Incrustaciones...
—Sí. La volvemos a presentar junto a Alfredo Arias, durante dos meses en el teatro Alvear. Con mi marido estamos pensando en comprar algo aquí, en Buenos Aires.

—¿Hace mucho que está casada?
—Estamos juntos desde el 89, pero sólo hace dos años que nos casamos. Él es Rodolfo De Souza, actor rosarino y se quedó ahora trabajando en París. Con él hice Familia de artistas y estrené La lluvia de fuego, obra inédita de Silvina Ocampo.

—¿Hay una idea de retornar?
—No lo sé, pero queremos tener un lugar que nos corresponda. Tengo la familia dispersa: algunos, en Mar del Plata; otros, en Bahía Blanca y desde hace un tiempo, sumé a los de Rosario.

—¿Cómo ve al país?
—Hay un problema de formación y educación. La gente tiene que hacerse cargo de ella misma. Siento que siempre se está esperando al padre. Esto es falso. Nos salvamos nosotros mismos, o no nos salva nadie.

Filmar con los nuevos
—¿Primera vez que filma en la Argentina?
—No, ya lo había hecho bajo la dirección de Diego Lerman. La película era Mientras tanto. En este caso, el film, Mentiras piadosas, está basado en tres cuentos de Cortázar: Cartas de mamá, La salud de los enfermos y Casa tomada.

—¿Qué diferencias hay entre hacer una película en Francia, junto a Ariane Mnouchkine y hacerlo en la Argentina?
—Con Mnouchkine filmé Molière y fue una producción muy espectacular. Los técnicos argentinos son tan preparados como idóneos. Esto no lo tienen los franceses.

—Es la segunda vez que filma bajo las órdenes de directores casi principiantes. ¿No tuvo prejuicios?
—No. En el caso de Lerman había visto primero en París su Tan de repente. Con respecto a Diego Sabanés, ya en la lectura de su guión me di cuenta del grado de exigencia que tenía. También hay que tener en cuenta que no hice tanto cine como teatro. Para mí, poder utilizar un lenguaje nuevo es un desafío que me provoca.