–Las mujeres siempre me resultaron muy confusas, hasta incomprensibles....
–¿Confusas? Complejas querrás decir.
–Sí, complejas. En realidad me resultan complejas.
Así conversan Carolina Fal y Luis Ortega. Uno dice una primera idea, el otro la completa y los dos se quedan pensando. Así también nació Monobloc, película en la que ella actúa y debuta como guionista y que él dirigió, encontrándole un modo cinematográfico a una historia femenina, compleja y poética. Monobloc es la historia de tres mujeres: una madre (Graciela Borges), una hija (Fal) y la madrina (Rita Cortese), que viven en un mundo oscuro y claustrofóbico. La madre se está muriendo, la hija la acompaña y la madrina oscila en su relación con una y otra compartiendo con ellas cenas, zambullidas en una mínima pileta de natación y profusas cantidades de Fernet. Hoy recuerdan el comienzo de este proyecto, cuando todavía no había en vista ni una filmación, ni el dinero para llevarla a cabo.
Carolina cuenta: “Primero, Graciela nos dijo que quería hacer algo con nosotros. En esa charla surgieron todos los elementos que iban a estar después en la película: las mujeres, el monobloc, la enfermedad, el olor, la textura. La esencia estuvo ahí, después fuimos completando la historia”.
—¿Cómo fue para vos, que sos actriz, la experiencia de escribir un guión?
CAROLINA FAL: Fue algo casi impensado. Yo no me senté a escribir una historia sino a escribir para Graciela, para Rita y para mí. En Monobloc no hay comienzo, nudo y desenlace. Pensé más en imágenes que en palabras. Se trató más de construir un mundo. Si ahora me tuviera que sentar a escribir nuevamente, seguro que me costaría un montón, porque ya no tengo esa inocencia. Por eso, lo que me gusta de Monobloc es que para hacerla corrimos un riesgo muy grande. Estamos haciendo algo muy distinto, no hay naturalismo, no hay ningún conflicto social, ni realidad del país, y no porque no nos importe, sino porque estamos contando otra cosa.
—¿Y cuál fue el riesgo que corrieron?
LUIS ORTEGA: Esta es una película que no es compatible con las exigencias de la industria, de cierto espectador, por eso se nos hizo tan cuesta arriba estrenarla. Plantear un juego en el que ya no es tan importante la mirada de un productor sobre la recuperación fue un atrevimiento muy grande.
CF: Sí, y nadie vino a decirnos lo que teníamos que hacer. Eso es un privilegio enorme, que tuvo algo de infantil en el mejor sentido: la pureza de sentarte a jugar con un amigo y que nadie te ponga las reglas. Y que eso se vea en una pantalla, y poder mostrarlo, me parece hermoso.
—¿La convivencia durante el rodaje?
CF: Tres actrices durante un mes encerradas en un estudio... Fue un rodaje muy intenso, muy comprimido, estar juntas todos los días, momentos de tensión, de intolerancia y también de amor.
—En la película aparecen dos canciones de tu papá. ¿Por qué decidiste incluirlas?
LO: Me gustaba ese sonido de los sesenta, era la música que estábamos escuchando en el rodaje. Son canciones que nunca hubiera escuchado si no fuera mi viejo el que las hizo, pero están como una decisión estética. Aparte, mi papá no me va a cobrar por ponerlas (risas).
—Pero esas canciones remiten a vos, son un guiño, te sacan de la ficción.
LO: Sí, por ahí habría que pensar más en el espectador y decir: “Ay, va a pensar que...”. Pero por ahora concesiones dentro de mis películas, no. ¿Sabés qué pasa? Caja negra yo se la quería dedicar a mi papá, porque la relación entre padre e hija era parecida a la que yo tenía en ese momento con él. Y no lo hice por lo que podrían decir y porque era mi primera película. Yo esas cosas ya no las hago más.
Evangelina volvió al cine
En Monobloc, además de Borges, Cortese y Fal, hay otra mujer tan misteriosa como clave en el relato: la mujer del parque. Para ese personaje, Ortega pensó que no había nadie más indicado para hacerlo que su mamá. “No fue difícil dirigirla”, explica. “Las cuatro son grandes actrices, que trabajan con mucha efectividad. Lo bueno con mi mamá fue que sus escenas se grabaron en exteriores, por eso fue bastante más relajado que lo que se hizo en el estudio.” Y así se la ve a Evangelina en el film, radiante y misteriosa, a la luz de un sol que sólo ilumina a su personaje.