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3 de Junio día del Sommelier - La profesión que cada vez pisa más fuerte, pero poco se entiende

¿Cuántos lugares entienden hoy, de verdad, lo que aporta un sommelier? No como un lujo. No como un detalle. Sino como una pieza clave dentro de la experiencia. Galería de fotos

3 de Junio día del Sommelier - La profesión que cada vez pisa más fuerte, pero poco se entiende
3 de Junio día del Sommelier - La profesión que cada vez pisa más fuerte, pero poco se entiende | CONTENT PERFIL

La gastronomía en Argentina no para de crecer. Nuevos restaurantes, nuevas cocinas, nuevas formas de pensar el servicio. También crecen las bodegas, los proyectos independientes, las historias que merecen ser contadas. Y en ese escenario, la sommellerie —una carrera relativamente joven en el país— empieza a pisar cada vez más fuerte.

Somos muchos. Cada vez más formados, más curiosos, más preparados.
Pero la demanda todavía no acompaña ese crecimiento.

Todavía hay lugares que creen que alcanza con alguien que sirva vino, y ahí es donde se pierde todo.

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Se pierde la posibilidad de expandir una propuesta.
Se pierde la oportunidad de generar una experiencia real.
Se pierde, sobre todo, la voz de alguien que no solo recomienda etiquetas, sino que traduce territorios, filosofías, decisiones humanas.

Porque ser sommelier es sentir a flor de piel las historias de cada bodega o de cada productor, como si fueran propias… y saber transmitirlas de la misma forma.

Ahí entendés algo clave: el destapador importado y el uniforme impecable no valen nada si no sabés mirar a los ojos y conectar con quien tenés enfrente.

Ser sommelier no es solo lograr maridajes perfectos.
Es crear desde cero un momento. Es construir una experiencia para alguien que, quizás, no va a olvidar nunca más esa noche. Es servicio y es humildad.
Porque todo lo que aprendiste solo cobra sentido cuando lo ponés al servicio del otro.

Ser sommelier —y más en Argentina— también es bancarse sueldos bajos, jornadas largas y egos ajenos. Y aun así, emocionarte con una copa bien servida. Es vocación, se siente o no se siente.

Al final del día, cuando el salón se vacía y te quedan mil copas por fajinar, aparece la verdad:
no vendiste botellas, vendiste mundos.

Y eso es uno de los privilegios más raros y más lindos que existen en esta profesión.

Ser sommelier también es llegar tarde a tu casa e igual abrir una botella de vino para seguir aprendiendo. Porque esta es una carrera que no termina nunca. Y quizás eso sea lo más difícil… pero también lo más increíble de elegir este camino.

No se trata solo de vino. Es meterse en el mundo de los quesos, los destilados, los fermentos, el café, el té, la coctelería, la gastronomía y tantos otros productos que aparecen en el camino.

Es curiosidad constante, elegir todos los días seguir aprendiendo.

Hoy, 3 de junio, no celebramos solamente a la persona que hay detrás de cada servicio de vino.
Celebramos al que estudia suelos y climas, al que cuenta historias, al que interpreta gustos, al que transforma una cena en algo mucho más grande.

Celebramos a esa persona que quizás ves solo un par de horas… pero que puede quedarse en tu memoria para siempre.

Y te aseguro algo: él tampoco se va a olvidar de vos.

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