Actualmente, la educación atraviesa cambios en la forma de comprender la infancia, la autoridad y los vínculos familiares. Se promueve una mayor sensibilidad hacia las necesidades emocionales de los niños y un mayor respeto por su subjetividad. Sin embargo, esto también genera nuevos desafíos:
¿Cómo poner límites sin caer en prácticas autoritarias?, ¿Cómo sostener la autoridad sin generar miedo?
Es importante recordar que los niños no son adultos en miniatura. Su capacidad de autorregularse, controlar impulsos y anticipar consecuencias está en desarrollo. Muchas conductas no deben interpretarse como desobediencia, sino como parte de un proceso madurativo.
Desde esta mirada, el límite deja de ser un castigo para convertirse en una herramienta de cuidado. Los límites organizan, dan previsibilidad y seguridad.
En el contexto actual, han ganado fuerza distintos enfoques que promueven una mayor mirada emocional y el respeto por la subjetividad infantil: “crianza respetuosa” . Respetar no es negociar todo, sino decidir con criterio.
La autoridad no se pierde: se transforma. Hoy implica ocupar un rol de guía, construyéndose desde la coherencia y la presencia.
Educar no es elegir entre límites o afecto, sino sostener ambos. Porque un límite sin vínculo se vuelve rígido, y un vínculo sin límites, desorganiza.
¿Cómo establecer límites de manera saludable?
- La regulación del adulto es fundamental.
Es importante que el adulto se mantenga regulado emocionalmente. Los niños aprenden por observación e imitación. - Si el adulto está desbordado, es mejor tomar distancia.
Si se encuentra muy cansado, enojado o desregulado, puede pedir la intervención de otro adulto antes de actuar. - No toda conducta necesita atención.
Darle atención a una conducta inadecuada hace que aumente. Retirarla favorece que disminuya con el tiempo. - Las consecuencias enseñan más que los largos discursos.
Los niños comprenden mejores consecuencias concretas. - Validar la emoción no permite cualquier conducta.
Reconocer lo que el niño siente y, al mismo tiempo, sostener el límite con claridad. Por ejemplo: “Entiendo que estés enojado, pero no voy a permitir que tires las cosas.” - La verdadera autoridad nace del reconocimiento del niño como un referente.
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