Hay una escena que no se me va. Un alumno de tercer año resuelve una expresión algebraica de forma diferente a todos. Me dice casi en secreto: lo hice mal. Cuando veo su resolución, le digo que está perfecto — que el procedimiento es lógico y el resultado correcto. Me mira como si le mintiera. Se fue a su escritorio sin creerlo, convencido de que algo estaba mal porque no lo había hecho como los otros.
Eso no es un problema de matemática. Es un problema de pensamiento.
Otro alumno, de quinto año, descubrió que multiplicar no siempre agranda y dividir no siempre achica. Bastó pensar en decimales. Una creencia nunca cuestionada se rompió en el medio de una clase. Su cara no era de confusión — era de quien acaba de abrir una puerta que no sabía que existía.
Vivimos en una cultura que premia la copia y castiga la originalidad disfrazándola de error. La escuela, muchas veces sin quererlo, fabrica alumnos que desconfían de su propia cabeza. Que piensan, llegan, y en lugar de celebrarlo buscan a quién parecerse.

Yo llegué a la matemática por la puerta de atrás. Sin saberlo entonces, me fui a las bases del pensamiento. Y ahí encontré algo que nadie me había dicho: que razonar en serio es casi un acto subversivo. Y en este momento de la historia, esa subversión tiene nombre concreto: no dejarnos reemplazar en lo que más nos define como humanos.
La inteligencia artificial nos conquista, nos organiza, nos facilita el trabajo. Pero no puede vibrar con una soprano, ni lagrimear ante la Sagrada Familia, ni sentir el amor. Aprender matemática desde lo abstracto nos hace más humanos, más sensibles, más honestos. Y eso ningún algoritmo puede igualarlo. Por eso mismo necesitamos una matemática menos humillante y más humana — que no expulse, que no clasifique tempranamente, que no convierta el error en vergüenza. Porque aprender matemática también puede ser un acto de dignidad.
Saber matemática es la única herramienta que nos va a proteger de ser dominados por cualquier inteligencia externa que nos impongan como superior. ¿Qué definición de inteligencia será útil para las próximas generaciones?
Y quizá, en este tiempo, una de las formas más necesarias de rebeldía sea esa: volver a pensar.
Miryam Mazzitelli
@miryam.mazzitelli