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La lengua: el arquitecto silencioso de la cara de tu hijo

A menudo, cuando observamos el crecimiento de nuestros hijos, nos fijamos en su estatura, en cómo cambian sus dientes o en el color de sus ojos. Sin embargo, rara vez prestamos atención al "motor" que se esconde dentro de su boca y que trabaja día y noche esculpiendo su rostro: la LENGUA. Galería de fotos

La lengua: el arquitecto silencioso de la cara de tu hijo
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Más allá del habla y la alimentación, la lengua es un potente conjunto de músculos con una función estructural crítica. Para que el rostro de un niño crezca armónicamente, la lengua debe cumplir una regla de oro: en reposo, debe vivir pegada al paladar (el techo de la boca).

El expansor natural

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Cuando la lengua descansa correctamente arriba, ejerza una presión suave y constante que ensancha el maxilar superior. Esto crea una base amplia y fuerte, asegurando que haya espacio suficiente para que todos los dientes salgan derechos y, lo más importante, permitiendo que las vías aéreas (la nariz) sean amplias para una correcta respiración.

El problema: Cuando la lengua está "atada"

Sin embargo, muchos niños nacen con una limitación física que impide este proceso: el frenillo lingual corto (anquiloglosia).

Imagina intentar hacer saltos de tijera con los tobillos atados. Eso es lo que le sucede a una lengua con un frenillo corto, actúa como un ancla que la mantiene atrapada en el piso de la boca. Si la lengua no puede subir y expandir el paladar, el equilibrio se rompe.

★ En bebés, un frenillo corto puede generar:

➢ dificultades en la lactancia, provocando tomas prolongada,

➢ dolor en el pecho materno o

➢ un aumento de peso insuficiente.

★ En niños más grandes, las consecuencias pueden ser más amplias:

➢ problemas en el habla,

➢ dificultad para masticar y tragar correctamente,

➢ respiración bucal,

➢ alteraciones en la postura y

➢ un desarrollo cráneo facial inadecuado, como paladares estrechos o mordidas incorrectas.

La buena noticia es que el frenillo corto puede diagnosticarse tempranamente mediante una evaluación profesional adecuada. Dependiendo de cada caso, el abordaje puede incluir terapia miofuncional, seguimiento interdisciplinario y, en algunos casos, una intervención sencilla para liberar el frenillo. Lo más importante es comprender que no se trata solo de “hablar bien”, sino de permitir que la lengua cumpla su función natural en el crecimiento y desarrollo del niño.

Las consecuencias en el rostro

Si la lengua no está en el techo de la boca, los músculos de las mejillas empujan hacia adentro, colapsando el maxilar. El resultado es un "efecto dominó":

➢ Paladar estrecho y alto: El techo de la boca se hunde hacia arriba, invadiendo el piso de la nariz y dificultando la respiración nasal.

➢ Dientes apiñados: Al no haber "cuna" ancha de hueso, los dientes se amontonan.

➢ Respiración bucal: El niño comienza a respirar por la boca, lo que altera la postura, alarga la cara y puede afectar el sueño y la concentración.

¿Qué deben observar los padres?

La corrección de un frenillo corto y la reeducación de la lengua (terapia miofuncional) pueden cambiar el rumbo del desarrollo facial de tu hijo. Observa si tu pequeño:

➢ Duerme con la boca abierta o ronca.

➢ Tiene dificultad para sacar la lengua o moverla hacia los lados.

➢ Tiene el paladar muy profundo.

El crecimiento cráneo-facial es una carrera contra el tiempo. Consultar tempranamente con un odontopediatra u ortodoncista especializado en función lingual no es solo cuestión de dientes bonitos, es cuestión de salud y oxígeno. Liberar la lengua es liberar el potencial de crecimiento de tu hijo.

OD. MA. VIRGINIA MONGIELLO

mvmongiello.odontologia