La imagen de “cabañita” quedó atrás
Hasta hace pocos años, la construcción en madera en Argentina evocaba un imaginario casi rural: techos a dos aguas, estética alpina, cabañas de verano. Ese paradigma quedó viejo. El wood frame —el sistema de entramado de madera que domina en Estados Unidos y buena parte de Europa— se aggiornó, sumó tecnología y empezó a entrar en ciudades, barrios cerrados y desarrollos suburbanos con una estética mucho más contemporánea.
Consultado por Perfil, el arquitecto Gonzalo Campos del estudio B3 Hogar, especializado en sistemas livianos, explica que “Hoy, los proyectos en madera ya no se diferencian solo por su calidez, sino por su prestación térmica, velocidad y eficiencia. Y ese combo se volvió especialmente atractivo en un país donde el costo de la energía, los tiempos de obra y la previsibilidad son variables cada vez más sensibles”.
La normativa puso orden
El salto no llegó solo por moda. Desde la actualización del CIRSOC 601, que regula estructuras de madera en Argentina, el sector empezó a trabajar con parámetros técnicos claros: cargas, aislación, resistencia al fuego, durabilidad, detalles constructivos.
Eso permitió algo clave: comparar peras con peras frente al ladrillo tradicional.
Según especialistas del INTI, una construcción en wood frame puede alcanzar coeficientes térmicos hasta cuatro veces mejores que los de una pared húmeda convencional. Esto se traduce en menos demanda de climatización y, por ende, ahorros energéticos cercanos al 50% en operación.
Por qué crece ahora en Argentina
Hay tres factores que explican el despegue:
1. Plazo de obra: la construcción en seco permite reducir tiempos de ejecución, con períodos habituales de 2 a 4 meses para viviendas y proyectos comerciales.
2. Costos durante la vida útil: la eficiencia energética empieza a ser relevante a la hora de pensar en los costos de mantenimiento de una casa.
3. Cambios culturales: la idea de “una casa sólida es una casa de ladrillo” empieza a matizarse frente a datos de la performance de la construcción en seco.
Desde el estudio B3 Hogar, añaden que “la conversación cambió: hoy los clientes preguntan por confort térmico, consumo y tiempos, no por el sistema constructivo” a su vez que registran en el último año un aumento de consultas que antes se orientaban casi únicamente al ladrillo.
Las dudas que todavía existen
El sistema todavía carga con ciertos prejuicios. ¿Resiste? ¿Es duradero? ¿Se va a volar como la casa de los tres chanchitos? “Hoy la calidad depende más del proyecto y de la supervisión que del material de la estructura”, explican en el Estudio B3 Hogar.
En las construcciones de woodframe, las estructuras y las fijaciones cumplen con estandares internacionales, y la durabilidad está asegurada por el tratamiento y el mantenimiento de los materiales.
Lo que viene
La incorporación de paneles altamente aislantes, envolventes térmicas continuas, y fachadas ventiladas, junto con la agilidad del proceso constructivo, deja claro que el sistema ya no compite por precio sino por prestaciones. Y el consumidor argentino, enfrentado a la necesidad de ganar en confort sin sacrificar diseño, empieza a tomar nota.
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