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Para no luchar contra uno mismo, por Matías Braslavsky

“El psicoanálisis sirve para aprender a escuchar lo que uno dice cuando habla. Pero hable… que seguro será maravilloso”.

Para no luchar contra uno mismo, por Matías Braslavsky
Para no luchar contra uno mismo, por Matías Braslavsky | CONTENTPERFIL

Alguien habla. Dice algo. Se detiene. Se corrige. No, perdón, me equivoqué. No es eso lo que quise decir. Lo que quise decir era otra cosa. Pero no. Lo siento mucho. Usted no puede corregirse. Lo que dijo no puede ser borrado. Sucede que lo dicho, hecho está. Sí, ha comprendido. Como acabo de decirle, lo dicho, hecho está. Está hecho porque las palabras, mi querido, son acciones. Vea. ¿No me cree? Corrobórelo usted mismo. Intente corregirse. Vamos. Retráctese. Explíquese. Explique qué quiso decir. Su verdadera intención. Vamos. Haga el mayor de sus esfuerzos. No. Eso es trampa. Quiere entender. Vea. Usted puede cambiar su discurso, claro. Pero lo que no puede hacer es no haberlo dicho. Porque lo dicho no puede desdecirse. No puede hacer que eso que dijo no haya sido dicho. Ah. Dice que no es eso lo que quiso decir. Por supuesto que no es eso lo que quiso decir. Eso es lo que dijo. Claro. ¿Ahora entiende? Inténtelo de nuevo. Una más. Vamos. ¿Qué sucede? ¿Ha visto? No hay manera. Bueno, esa es la cosa. La cosa que escuchamos los psicoanalistas. ¿Qué ha dicho? ¿El malentendido? Exacto. Ha dado en el clavo. Así es. Tal como usted dice. ¿Un desajuste en el decir, dice? Sí. Eso. Una palabra de más. Una palabra de menos. ¿Cómo? Sí. U otra. Exacto. O una puesta en el lugar de otra. Tal vez algo que lo sorprenda. O que nos sorprenda. A los dos. Usted quería decir una cosa, ¿recuerda? Sí. Pero dijo otra. Usted habló. Luego se detuvo. Luego se corrigió. Luego supo que lo dicho, hecho está. Ajá. Si algo aprendí es que nadie sale ileso de la experiencia de decir algo verdadero. Pero no se preocupe. No tiene de qué. Nos pasa a todos. La semana pasada le ocurrió también al presidente, ¿recuerda? Sí. Al anterior también. Sí. Cuando dijo lo de la garganta. ¿Estamos pensando lo mismo? Poderosas, sí. Las palabras. Una vez me pasó de decirle te amo a ella antes de querer hacerlo. ¿Que si fue la primera vez? ¿Que si la amaba? Claro que sí. ¿Qué pregunta es esa? ¿Y qué hice? Obviamente, intenté corregirme. Nos pasa a todos. La cuestión es que el inconsciente no está en las profundidades. No hay que internarse en uno mismo para encontrarlo. No hay que ir a buscarlo a ningún lado. Ya está acá. Palpable. Es exactamente eso que se dice. Ahí se encuentra. En la materialidad de la palabra misma. Cuando usted dice más de lo que quería decir. Cuando dice menos de lo que quería comunicar. Cuando dice otra cosa de la que creía estar diciendo. Cuando yo dije te amo sin querer decirlo. Ahí está el inconsciente. ¿Qué tiene? Sí, yo también necesito que alguien acierte sobre las cosas que niego. ¿Cómo dice? ¿El deseo? Sí, el deseo. Aparece en lo que se nos escapa. Como le decía, no hay que ir a buscarlo. Él es quien nos encuentra. Uno falla y da en el blanco. Vamos. No me ponga esa cara. Está bien que le sorprenda. Si no, no funciona. ¿Que si el inconsciente existe? Claro que sí. No sea iluso. Pero no como una cosa escondida en el fondo de usted que espera a ser descubierta. Existe cuando irrumpe. Cuando tuerce lo que usted quería decir. Sí, sí. Eso. Su intención. Y lo hace escucharse desde otro lado. ¿Dice que a veces se olvida de esas cosas que piensa? Claro. Por eso es inconsciente. ¿No me escucha o no quiere escuchar? El inconsciente es algo solo luego de provocarle a usted, o a mí, esa sensación. Porque cuando aparece, ahí existe. Pero en realidad, es el inconsciente el que hace aparecer la sensación. ¿Que no le convence? No tiene por qué convencerle. Pero yo cuando dije te amo y me contradije, el cuerpo se me puso raro, y cuando ella me respondió yo también, mi cuerpo cambió para siempre. El inconsciente es el fracaso, pero también es la sorpresa. Si quiere le digo que el yo no es amo en su propia casa. ¿Ahora le conmueve lo que digo? Esa les gusta a todos. Claro, a Freud sí lo conoce. Sí, lo inventó él. Inteligentísimo. ¿Cómo dice? Ah, sí. Coincido con usted. El viejo estaba un poco loco. ¿Que si tomaba? Sí, claro. Fueron 24 volúmenes y más de 300 ensayos. ¿Que cómo voy yo? Ahí andamos. Pero no tomo. ¿Debería? Puede ser. ¿Me da permiso para decirle algo? Si usted procura caer bien, le sugiero que nunca más vuelva a preguntarle a nadie cómo viene con su libro. A menos que usted sea editor, claro. No pasa nada. ¿Y a Lacan lo conoce? ¿Ha escuchado hablar de él? Ese mismo que usted refiere. El que dijo que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. ¿Sabe qué otra cosa dijo en el 73? “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se oye”. ¿Más lento? Discúlpeme, es por la emoción. “Que se diga-queda olvidado-tras lo que se dice-en lo que se oye”. Sí. Lo sé. Tremendo. ¿Tiene papel encima? Se la escribo… ¿Sabe qué más dijo? Que el inconsciente es un saber no sabido. Sí. Y que el lenguaje no sirve para comunicar. Sí. Exacto. Tampoco para describir. ¿Y para qué? Eso mismo. Ha tocado la fibra esencial. Sospecho que ya comenzamos a entendernos. Ah, sí. Pero lo que usted quiere saber es para qué sirve el psicoanálisis y eso es lo que estoy intentando decirle. Vea usted cómo fallo. Sí, en eso tiene toda la razón. Sirve para escuchar lo que uno dice cuando habla. Como usted, hace un momento. Alguien habla. Dice algo. Se detiene. Se corrige. ¿Recuerda? Para eso sirve el psicoanálisis. Sí, sí. La terapia. Como usted prefiera. Sirve para escuchar el cuerpo. Para escucharse mejor. Para no hacerse tanto el tonto. Para no luchar todo el tiempo contra uno mismo. Para acotar ese sufrir de más que se produce cuando intentamos evitar el encuentro con algo que, en verdad, ya nos está pasando. Sí. También sirve para disfrutar de las victorias y para poder perder sin por eso sentirse derrotado. Para que la falta sea un motor y no una condena. Para poder habitarla en lugar de sentir que estamos vacíos. Para tomar responsabilidad sobre lo que desea a pesar de que no sea lo que quiera. ¿Para acercarnos a la verdad, dice? Depende. Habrá que ver a qué tipo de verdad se refiere. Pero sí. Tiene usted un buen presentimiento. Nos confronta con la verdad que se expresa en la brecha entre lo que decimos querer y nuestros actos que parecen contradecirlo. Aprende rápido. ¿Cómo dice? Sí. Eso. Para saber lo que ya sabe pero que no quiere saber. Exacto. ¿Para que la intimidad le deje de ser ajena? Sí. Y para dejar de tomarse lo ajeno como algo personal, ¿no? Gracias. ¿Para desear con menos culpa? Puede ser. ¿Para tomar buenas decisiones? No exagere. Ah. Interesante. Coincido. Una buena decisión puede dejarnos un sabor espantoso. Pero también un instante de goce infinito -uno solo- basta para que hasta la condena eterna nos parezca un precio razonable. ¿Disculpe? Absolutamente. Coincido. Para no rechazarse. Para que el tiempo sea un poco menos urgente. Sí. Para volver a sentir. Para preguntarse cómo un impulso lo llevó a dejarlo todo para aparecer, un día, en el barrio de Chueca de Madrid. ¿Por qué Madrid? No sabe. Entonces, para empezar a saber. Pero eso no podría decírselo yo. ¿Qué pasa? Sí, también un poco para eso. Ya lo dijo usted. Y no podría haberlo dicho mejor. El psicoanálisis sirve para aprender a escuchar lo que uno dice cuando habla. Pero hable… que seguro será maravilloso.
Matías Braslavsky es psicoanalista, director de Red PsiReal, docente de talleres y seminarios, y divulgador de psicoanálisis.