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Radiografía de un vínculo: las fracturas que nadie ve

Muchas relaciones parecen intactas por fuera y están fisuradas por dentro. Cómo distinguir un vínculo que nutre de uno tóxico o narcisista. Por Lic. María del Rosario Patti. Galería de fotos

Radiografía de un vínculo: las fracturas que nadie ve
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De los vínculos solemos conocer la foto: la pareja que sonríe en las redes, la familia de los domingos, el equipo que festeja un cierre. La radiografía muestra otra cosa, la estructura: quién decide, quién cede siempre, qué se puede decir y qué conviene callar. Ahí, en lo que no se ve, aparecen las fracturas.

Una fractura vincular casi nunca es un golpe. Es una suma de microfisuras: un comentario que achica, un silencio que castiga, un “estás exagerando”. Cada una parece poca cosa; el daño está en la repetición. Un día la persona advierte que dejó de opinar, de reírse, de contar lo que le pasa. Nadie lo notó. A veces, tampoco ella.

Radiografía de un vínculo: las fracturas que nadie ve

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Tres placas

El vínculo nutritivo es aquel en el que se puede ser uno mismo sin pagar un costo: decir que no, pensar distinto, tener un mal día. No es un vínculo sin conflictos. Un hueso sano no es el que nunca recibió un golpe, sino el que suelda bien. Lo que lo distingue es su capacidad de reparar.

La palabra “tóxico” se gastó de tanto usarla. Que alguien nos contradiga o nos ponga un límite no lo vuelve tóxico. Un vínculo lo es cuando hay un patrón que se repite y daña: control, celos, desvalorización, culpa. Las primeras señales suelen estar en uno: medir cada palabra, pedir perdón por lo que no se hizo, alejarse de los afectos para evitar una discusión.

En el vínculo narcisista, el otro no cuenta como persona: cuenta como espejo. Está para admirar, confirmar y servir. El comienzo suele ser deslumbrante; después llegan la crítica, la comparación, la indiferencia. Quien queda del otro lado vive en la confusión, duda de lo que siente y termina preguntándose: “¿seré yo el problema?”.

Por qué cuesta mirar

Quedarse donde hace mal no es debilidad. Pesan el miedo a la soledad, la esperanza de recuperar lo del principio, los hijos, lo económico, la vergüenza. Pesa también la historia: aprendemos a querer en casa, y lo familiar se confunde fácilmente con amor. La historia explica, pero no condena.

No toda fractura obliga a soltar. Hay fisuras que sueldan bien cuando los dos reconocen lo que pasa y hacen algo distinto. Pero si el esfuerzo es de uno solo, si el daño se repite, si hay miedo, no hay yeso que alcance. Ante situaciones de violencia, la Línea 144 atiende gratis las 24 horas.

Queda una pregunta que funciona como estudio de rutina: ¿quién soy yo cuando estoy con esta persona? Si la respuesta es “más libre, más tranquilo, más yo”, ese vínculo nutre. Si es “más chico, más callado, con más miedo”, ahí hay una fractura.

La radiografía no lastima: muestra. Lo que lastima es seguir caminando con el hueso roto.

Lic. María del Rosario Patti. Psicóloga (MN 38.733). Giro Interior. Instagram y TikTok: @lic.rosariopatti