El último trimestre aprieta la caja
Entre octubre y diciembre se concentra casi todo lo que exige plata al mismo tiempo: aguinaldo, vacaciones, ajustes de precios, proveedores que quieren cobrar antes del receso y vencimientos impositivos que a veces se superponen. A eso se suman obligaciones que no admiten financiación, como los anticipos de Ganancias, y que conviene tener identificadas con tiempo.
En muchas pymes, además, las ventas se mantienen pero la cobranza se estira. Como me dijo hace poco un cliente, la plata "entra con gotero y sale con bomba de presión". Cuando eso pasa en el último trimestre, el margen para acomodarse es mucho menor.
Por eso octubre es un buen momento para frenar y mirar los números con calma, mientras todavía hay tiempo de corregir.

Seis preguntas para sentarse a responder
Para este chequeo alcanza con tener la información del negocio a mano y un rato sin interrupciones:
- ¿De qué depende hoy la empresa? Si el cliente, el producto o el canal principal se frena, ¿cuántos meses podríamos sostenernos?
- ¿Sabemos cuánto retira cada integrante de la familia? Si los retiros no están definidos y registrados, no hay forma de saber cuánto gana realmente el negocio.
- ¿Qué vence en los próximos 90 días y qué vamos a cobrar de verdad? Las ventas del mes no son la plata del mes. Conviene separar los cobros seguros de los que todavía son una expectativa y compararlos con los pagos comprometidos, no solo con proveedores sino también sueldos, impuestos y servicios.
- ¿Cuánta plata tenemos en stock? Es común que el inventario valorizado dé un número muy distinto al que se estimaba, o que aparezca mercadería que ni siquiera estaba registrada. Saber cuánto hay inmovilizado, en qué productos y cuáles tienen poca rotación permite decidir qué conviene liquidar para recuperar liquidez.
- ¿Qué nos deja ganancia y qué nos deja solamente trabajo? No todos los productos ni todos los clientes aportan lo mismo, y algunos consumen tiempo y caja sin devolver margen.
- ¿Cuántas decisiones pasan por una sola persona? Si todo depende de la energía del dueño o de un integrante de la familia, la empresa queda limitada a lo que esa persona puede sostener.
Del chequeo al presupuesto
Las respuestas a estas preguntas son la base de un presupuesto financiero para el año que viene: cuánto se espera vender y cobrar, cuánto cuesta sostener la estructura, cuánto puede retirar la familia, cuánto hay que reservar para impuestos y cuánto queda disponible para compras o inversiones.
Tan importante como armarlo es revisarlo. Comparar todos los meses lo presupuestado con lo que realmente pasó permite detectar a tiempo una cobranza que se atrasa, un gasto que crece o un stock que se acumula, antes de que se conviertan en un problema de caja.
Para cerrar la serie
En estas cinco notas que recorrimos juntos, aparece una idea que se repite: en las pymes familiares casi nunca falta esfuerzo. Lo que suele faltar es información clara para decidir dónde ponerlo, y un espacio para mirarla fuera de la urgencia del día a día.
Ordenar las finanzas no es algo que se hace una vez y queda resuelto. Es un hábito que se sostiene mes a mes, y hacer este chequeo antes de fin de año es una buena forma de empezar 2027 con menos sorpresas y más decisiones tomadas con calma.
No es un camino que haya que recorrer en soledad. Pedir acompañamiento a tiempo también es una forma de cuidar la salud financiera de la empresa.
Micaela Ailin Coria
Contadora Pública | U.N.R.C. | Mat. 10-19969-9 C.P.C.E. Cba.
CEO de Más que Contable | Dirección financiera para pymes
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