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IDEAS / PERFIL 14 AÑOS
domingo 15 septiembre, 2019

Cuando el futuro no alcanza

Lo que no está muerto tiene futuro. El futuro es un indicio físico, el terreno sobre el cual construir un porvenir. ¿Tiene porvenir la Argentina?

por Sergio Sinay

CARRISI. Autor de El susurrador. "Se enseña a contar los segundos, no el instante". Foto: CEDOC.
domingo 15 septiembre, 2019

No cabe duda de que la Argentina tiene futuro. Pero no se puede afirmar con certeza que tenga porvenir. El futuro es un simple dato cronológico. El tiempo (el de los calendarios y relojes) avanza y lo que sigue al presente es el futuro. Un dato siempre efímero, continuamente desplazado por el presente. El porvenir pertenece a otra dimensión, no mensurable. Es, como lo define el antropólogo francés Marc Augé (lúcido analista de la modernidad) el espacio de las ilusiones, de los sueños, de las utopías, de las revoluciones que dan nacimiento a algo nuevo. En el porvenir es en donde anidan las razones por las cuales tenga sentido avanzar en el tiempo, vivir antes que meramente sobrevivir. Esto vale para la vida individual y para la colectiva.

Lo que no está muerto tiene futuro, así se trate de los próximos cinco minutos. El futuro es un indicio físico, el terreno sobre el cual construir un porvenir. La pregunta interesante, la que trasciende la obviedad, es: ¿tiene porvenir la Argentina? Y la respuesta viene envuelta en sombras. En su breve y sustancioso ensayo titulado Futuro, Augé señala que las ilusiones, las utopías convocantes, las visiones movilizadoras mueren desde el momento en que gobernar se convierte en “gestionar”. Consumo y servicios pasan a ser palabras claves en ese neologismo de moda que es la “gobernanza”. Tener futuro equivale a estar vivo mañana, a no morir (el gran miedo humano). ¿Pero vivir para qué? ¿Para tener servicios y consumir?

¿Para durar en las condiciones más confortables posibles? Esa es la propuesta, dice Augé, de los gobiernos que se manejan con “cultura empresarial”. Pero las empresas se gestionan poniendo por delante el interés de los accionistas. “Algunos responsables políticos, escribe el antropólogo, han pretendido manejar sus países como empresas y los resultados son penosos”. Sabemos en carne propia y dolorosamente que así no se construye un porvenir.

Pero tampoco se lo vislumbra prometiendo como futuro un regreso al pasado, sobre todo a un pasado que la memoria narrativa (que recorta y olvida) relata como un tiempo dorado, como paraíso perdido y a recuperar. Es absurdo y peligroso, advierte Augé, negar el papel del pasado en la vida de los individuos y las comunidades, pero reducir todo a él, como explicación de los males presentes o como promesa de futuro, es caer en el inmovilismo y el determinismo, decretar el fin de la historia, correr en una cinta, sin avanzar en ninguna dirección. Cuando se promete: “Volver a…” como recurrente oferta electoral, se escamotea toda visión de porvenir.

La Argentina tiene futuro, pero si le espera un porvenir depende no solo de quienes gobiernen, sino en buena medida de quienes la habitan. ¿Cómo es la sociedad en que anhelamos vivir (vivir, no solo consumir y durar)? ¿Qué valores aspiramos a experimentar en la vida cotidiana, en las relaciones entre las personas, en las actividades laborales y profesionales, en la convivencia vecinal y ciudadana? ¿Para qué deseamos estar aquí mañana, en ese tiempo llamado futuro? Si las respuestas a estas preguntas se traducen en conductas, actitudes y acciones en los hechos y situaciones de cada día, en los espacios que habitamos, transitamos y compartimos (trabajo, familia, comercio, profesión, consorcio, cumplimiento de obligaciones ciudadanas, educación), podríamos ser protagonistas activos en la forja de un porvenir, antes que pasivos y penitentes habitantes del futuro.

La otra opción es seguir escuchando discursos vacíos, análisis y especulaciones estériles sobre lo que fue, es o podría ser, mientras el tiempo pasa. El novelista italiano Donato Carrisi (autor de El susurrador y otras obras que lo encumbran en la novela negra) escribe: “Se nos enseña a contar los segundos, minutos, horas, días, años, pero no se nos explica el valor de un instante”. Y en un instante se puede vislumbrar un porvenir.

 

* Periodista y escritor.


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