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IDEAS / Opinión
miércoles 27 marzo, 2019

¿Más universidades, mayor crecimiento económico?

La Argentina de los últimos 30 años no ha formado suficiente capital humano alineado a los procesos productivos modernos y de innovación

Marcelo Rabossi*

Ciudad Universitaria Foto: Cedoc Perfil
miércoles 27 marzo, 2019

Desde la segunda mitad de la década del 1950, el crecimiento del sistema universitario argentino no ha tenido pausa. De las 6 universidades existentes en 1955, se cuentan 20 en 1965. Es asimismo el momento en el que la universidad nacional se moderniza, priorizando la investigación y las posiciones académicas de dedicación exclusiva. La creación del Conicet, entre otros organismos públicos dedicados a la investigación, llevó a la Argentina a situarse entre los primeros 25 países que contribuyeron al avance de la ciencia. De alguna manera, los Nobel otorgados a los Dres. Luis Federico Leloir y Cesar Milstein son consecuencia del estímulo a la investigación durante el período.

De los 130mil estudiantes existentes en 1955, el número se duplica a fines de los 1960 hasta alcanzar más de medio millón a mediados de los 1980. La oferta académica sigue un ritmo similar al punto de triplicarse el número de universidades. De las 40 creadas hasta 1989, hoy la Argentina cuenta con un poco más de 120 instituciones y casi dos millones de estudiantes. Este gran crecimiento hizo que el país se mantuviese líder en la región en cuanto a la proporción de su población que continua estudios universitarios. Un dato nos indica que a fines de los 1950, uno de cada tres alumnos universitarios de América Latina cursaba en una universidad argentina.

Diversos estudios muestran una asociación directa entre la creación de universidades y crecimiento económico. Digamos, a mayor generación de capital humano mayor nivel de riqueza. No es algo nuevo. A fines de los 1950 el economista Robert Solow relacionó el crecimiento de los países no solo con el aumento en la cantidad de trabajadores y las empresas instaladas, sino con cuestiones ligadas al avance tecnológico. Y esto último se encuentra íntimamente ligado a la formación de capital humano a nivel universitario. Una investigación de los economistas Valero y Van Reenen de reciente publicación, muestra que un incremento de un 10% en la cantidad de universidades en una región correlaciona con una mejora del 0,4% del PIB per cápita en dicho lugar. Asimismo, los autores encontraron una asociación positiva entre el número de universidades y de patentes. Y estas últimas se relacionan con el crecimiento del PIB per cápita.

Si bien la lógica descripta se cumple en la mayoría de los países, también es cierto que a pesar de tener la población más escolarizada a nivel universitario de la región, Argentina ha sido desde los 1970 el país que menos ha crecido. Por ejemplo, desde 1970 a 2000, el PIB per cápita anual apenas alcanzó una variación positiva del 0,57%. Mientras tanto, Brasil y Chile superaron el 2%. Los datos desde principios del Siglo XXI a hoy en día no son para nada alentadores. Apenas cierta recuperación y esbozos de crecimiento hasta fines de los 2000 para luego volver a caer o crecer a tasas muy poco significativas.

Son diversos los motivos que nos han llevado al fracaso, a este bajo crecimiento a pesar de la expansión de nuestro sistema universitario.Ocurre que al país le ha faltado seriedad e imaginación a la hora de pensar un modelo de desarrollo que aproveche sus ventajas comparativas y competitivas. Producto de esta miopía, la Argentina de los últimos 30 años no ha formado suficiente capital humano alineado a los procesos productivos modernos y de innovación. Por ejemplo, a principios de los 1970, el 40% de los alumnos cursaba carreras fuertemente relacionadas al desarrollo y crecimiento económico. Son estas las denominadas STEM, las que engloban las ciencias, las tecnologías, las ingenierías y matemáticas. Hoy, solo el 25% de los alumnos continúa su formación profesional en estas áreas. Es hora, entonces, de que se piense en un modelo de desarrollo y se estimule en los alumnos el estudio de las ciencias aplicadas, las exactas y naturales. Y si bien el perfil de nuestros graduados no explica los magros resultados económicos obtenidos, sí en alguna medida forma parte del problema a solucionar.

*Doctor en Educación y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.

 

 

 

 

 

 


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