Por estos días, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, está cercado. Por la atención de la comunidad internacional, quien mira con desconfianza el cese de hostilidades acordado a regañadientes por Israel y Hamas. Por el debilitamiento de su imagen tras la discutida operación militar en Gaza. Por las amenazas de grupos como Hamas y Hezbollah, ante la posible reanudación de un conflicto armado. Por el movimiento de la oposición ante la cercanía de las elecciones anticipadas.
Buena parte de los frentes con los que tendrá que interactuar explotaron con el Pilar de Defensa, la operación militar con la que contestó a los ataques de Hamas. Lo que prometió ser un “golpe quirúrgico”, según lo definiera el vocero Mark Regev, terminó en una cruenta avanzada sobre la población palestina. Tras una semana de ataques cruzados, el saldo fue de 167 muertos y poco más de 2000 heridos. En diversos reportes, el Centro de Información Israelí por los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados B'Tselem alertó tanto sobre la matanza de niños por el impacto de misiles israelíes como por la ejecución sumaria realizada por grupos armados contra civiles palestinos, sospechados de ser colaboradores del gobierno israelí.
A medida que manifestaciones sociales en todo el mundo rechazaban la avanzada militar, el ámbito diplomático solapó el repudio con una asfixiante presión para alcanzar un alto el fuego. E Israel no se preocupó por ocultarlo. Con el anuncio del cese temporal del enfrentamiento, un comunicado de la oficina de Netanyahu agradecía la intervención de Estados Unidos. “(El Primer Ministro) habló con el presidente Barack Obama y aceptó su recomendación de dar una oportunidad a la propuesta egipcia de alto el fuego", señaló el texto. Horas antes, el premier blandía una notable advertencia: Israel "tiene una mano tendida a sus vecinos para firmar la paz" mientras con la otra mantiene "sólida y firmemente la espada de David".
El golpe de timón de Netanyahu fue brusco y, a pesar de los ejercicios de desmovilización de tropas, Israel y Hamas continúan mirando con desconfianza cualquier convivencia en el sur del país. El resultado: el acuerdo se presenta tan pobre en sus alcances como frágil en el mediano plazo.
Según estima el diario Maariv, el 49% de los israelíes opina que Netanyahu debería haber permitido al Ejército proseguir su operación militar. De momento, el funcionario se deshizo de su consejero militar, el general Yohanan Locker. Su reemplazante es Eyal Zamir, uno de los responsables del desplazamiento de unos 75 mil reservistas a la zona de conflicto. Mientras tanto, el titular de la cartera de Defensa, Ehud Barak, anunció su retiro de la vida política, aunque se mantendrá al frente del Ministerio durante los próximos dos meses.
Desventaja en las urnas. Según algunos sondeos difundidos en diarios locales, el partido oficialista Likud tiene seis puntos menos en los pronósticos de los próximos comicios legislativos, previstos para el 22 de enero. Aun así, auguran un buen resultado, en especial, luego de las elecciones internas de este fin de semana: a pesar de la poco transparente implementación del voto electrónico, el resultado de la votación muestra un giro a la derecha, que avalaría, ya desde el Parlamento, nuevas incursiones militares.
Esa no es la única preocupación en el gobierno. Mientras algunos especulaban con una eventual presentación del actual presidente israelí, Shimon Peres, como candidato para suceder al actual primer ministro, o con una alianza entre el expremier Ehud Olmert y la excanciller Tzipi Livni, aparece un nuevo partido en la disgregada oposición. En rueda de prensa desde Tel Aviv, Livni anunció el lanzamiento del movimiento centroizquierdista Hatnuá. "Estoy aquí para luchar por Israel, no contra nada. Para luchar por la paz, por la seguridad, por un Israel judío, por un Israel democrático, por un país cuyos ciudadanos tengan todos los mismos derechos", aclaró la exlíder del casi extinto Kadima. "No hay alternativa al primer ministro y no hay nadie que represente nuestra visión sobre aspectos críticos", se quejó.
A nivel nacional, una de las principales críticas contra la administración de Netanyahu se centra en las cifras cada vez más elevadas del presupuesto en Defensa. Uno de los motivos por el cual el premier había llamado a elecciones anticipadas era evitar una crisis económica similar a la de Europa. A pesar de ello, incrementó el gasto militar en un 6 por ciento respecto al año anterior, con lo que alcanzó en 2012 una suma de 14000 millones de dólares, cifra bastante superior a lo invertido en programas sociales y Educación. Un ejemplo: en ocho días, tan sólo la Cúpula de Acero (el escudo antimisiles que interceptó los últimos ataques de Hamas) le costó al país unos 30 millones de dólares. No obstante, la opinión pública, que cuestionó fuertemente la política de ajuste ensayada por el Gobierno, avala el gasto en Seguridad y hasta acepta acrecentarlo, si las dinámicas estrategias de defensa así lo piden.
Diplomacia palestina. Mientras Hamas se mantiene alerta en Gaza, el presidente palestino, Mahmud Abbas, se presentará esta semana en la ONU, para solicitar el rango de Estado no miembro en el organismo. "Pedimos una paz justa -y la comunidad internacional está de acuerdo- que habrá de darnos un Estado con Jerusalén Oriental como capital", remarcó, en línea con un pedido histórico que ya lleva casi cuarenta años. La respuesta estará el 29. La intervención de Abbas en la ONU llegará dos días después de la exhumación del cuerpo del dirigente de la agrupación palestina Al Fatah, Yasser Arafat (muerto en 2004), que busca comprobar si, efectivamente, fue envenenado con polonio 210, como sostienen algunas investigaciones. De confirmarse, no serían pocos quienes acusen a la extremaderecha israelí de ser responsable del magnicidio.
Otro tablero. Pensar en la subsistencia de Israel es evaluar no sólo la intervención estadounidense en sus numerosos (y fallidos) acuerdos de paz, sino considerar la relación entre el Estado y los países vecinos.
Pocos días antes del comienzo del conflicto con Hamas, Israel reforzó su presencia militar en la frontera norte del país, por el disparo de morteros y la cercanía de tanques sirios en la zona cercana a los Altos del Golán. Si bien el recuerdo de un enfrentamiento armado en esa región se remonta a 1973, las advertencias y agresiones aisladas son una constante hasta hoy.
En septiembre, el presidente sirio Bashar Al-Assad llamó al "eje de resistencia" antiisraelí (integrado por Siria, Irán, el libanés Hezbollah, Hamas y Yihad islámica) a mantenerse unido. "La batalla que tiene lugar actualmente no apunta sólo a Siria, sino a todo el eje de resistencia”, afirmó Asad, según la agencia oficial Sana.
Además, en las últimas horas, el líder de Hezbollah, Hasan Nasralá, amenazó con lanzar "miles de cohetes" contra Tel Aviv, si Israel ataca Líbano (país con el que se enfrentó, por última vez, en 2006).
"¿Cómo va a soportar Israel, que tembló ante los cohetes Fajr 5, que eran menos numerosos que los dedos de una mano, los miles de cohetes que caerán en Tel Aviv y en otras partes, en caso de que ataque Líbano?", desafió Nasralá.
La intervención estadounidense –por vía diplomática, y por el aporte financiero al presupuesto en Defensa- no es la única garantía del alto el fuego con Hamas. Con ella, la presencia mediadora de Egipto en el conflicto es, por lo menos, incómoda para los conservadores. El país, gobernado por Mohamed Morsi desde junio de este año, se repone tras una crisis estructural que terminó con 30 años de dictadura. Tanto en tiempos de Mubarak como ahora, Egipto está sospechado de ser el intermediario entre Irán y Hamas en la provisión de los misiles Fajr5, con los que el movimiento propalestino atacó Jerusalén y Tel Aviv.
De lograr una paz duradera, Morsi recupera parte del poderío egipcio en la geopolítica de la región. Pero la urgencia de su gobierno pasa hoy por apaciguar las revueltas en todo el país contra el autoritarismo de sus medidas.
En este entramado, Netanyahu busca un urgente reacomodamiento para que el oficialismo llegue con aire a enero. Y ningún análisis de corto plazo arriesga un pronóstico auspicioso de cambio.
(*) Editora de Perfil.com | En Twitter: @ursulaup