INTERNACIONAL
dificil visita del fin de semana

Dura recepción oficial al Papa en Irlanda por el escándalo de la pedofilia

El primer ministro, un activista gay, le dijo al recibirlo que el caso de los abusos de parte del clero “es una historia de dolor y vergüenza”.

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Serio. El Pontífice admitió que la Iglesia “fracasó” al no saber enfrentar el drama de los abusos sexuales. | AP

Con una actitud muy diferente a la que exhibió en su visita a Chile, cuando cuestionó la veracidad de las denuncias de abusos contra sacerdotes y obispos chilenos, el papa Francisco pidió perdón ayer a los irlandeses por los “crímenes repugnantes” de pedofilia cometidos por religiosos católicos en el pasado en su primer día de visita al país.
Esta visita es una de las más difíciles para Francisco desde el comienzo de su pontificado.
Tras su llegada al aeropuerto de Dublín, el Papa se reunió en privado con el presidente de Irlanda, Michael D. Higgens, y después con el primer ministro Leo Varadkar y líderes de otras iglesias en el Castillo de Dublín.
En su mensaje de bienvenida, Varadkar, un jefe de gobierno gay y símbolo de la nueva Irlanda liberal, abogó porque “las víctimas y los sobrevivientes obtengan justicia, verdad y curación. Santo Padre, le pido utilizar su posición y su influencia para que esto se haga aquí en Irlanda y en el mundo entero”, afirmó.
“Actualmente debemos asegurarnos de que las palabras vayan seguidas de acciones”, insistió Varadkar en su discurso junto al Sumo Pontífice, al que “por encima de todo” pidió que “escuche a las víctimas”.
“Es una historia de dolor y vergüenza. En lugar de la caridad cristiana, del perdón y la compasión, demasiado a menudo habían juicio, severidad y crueldad, en particular hacia las mujeres y niños, y aquellos en los márgenes”, una “mancha en nuestro Estado, nuestra sociedad y en la Iglesia Católica”, afirmó. Desde 2002, más de 14.500 personas se han declarado víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes en Irlanda. La jerarquía católica irlandesa ha sido acusada de haber encubierto a centenares de estos sacerdotes.
“Santo Padre creo que ha llegado el momento para nosotros de construir una nueva relación entre la Iglesia y el Estado en Irlanda, una nueva alianza para el siglo XXI. Espero que su visita suponga la apertura de un nuevo capítulo en las relaciones entre Irlanda y la Iglesia Católica”, concluyó.
 Este viaje papal a Irlanda, iniciado ayer, –el vigésimo cuarto de Francisco al extranjero–, se produce en un momento muy delicado para el futuro de la Iglesia Católica, sacudida una vez más la semana pasada por sórdidas revelaciones de viejos abusos sexuales, en este caso cometidos en Estados Unidos.

“Sufrimiento y vergüenza”. Tras haber escuchado con seriedad al primer ministro, el Papa reconoció su “vergüenza” y “sufrimiento” ante “el fracaso” de la Iglesia por no haber afrontado de forma adecuada “los crímenes repugnantes” del clero en Irlanda.
“El fracaso de las autoridades eclesiásticas –obispos, superiores religiosos, sacerdotes y otros– al afrontar adecuadamente estos crímenes repugnantes, ha suscitado justamente indignación y permanece como causa de sufrimiento y vergüenza para la comunidad católica. Yo mismo comparto estos sentimientos”, dijo el Papa en una intervención muy esperada sobre esta cuestión.
Sin embargo, Francisco no convenció a su ex consejera en materia de abusos pedófilos del clero, la víctima irlandesa Marie Collins. “Decepcionante, nada nuevo”, dijo a los periodistas la septuagenaria portavoz de los “sobrevivientes”, víctima a los 13 años de abusos sexuales de un cura.
Por la tarde, el Papa oró en silencio junto al arzobispo de Dublín Diarmuid Martin ante un cirio dedicado desde 2011 a las víctimas irlandesas de abusos sexuales, en la mayor catedral de la ciudad, St Mary’s. Francisco había llegado por la mañana  a Irlanda –primera visita de un pontífice a este país en 39 años– para cerrar el Encuentro Mundial de las Familias.
“No puedo dejar de reconocer el grave escándalo causado en Irlanda por los abusos a menores por parte de miembros de la Iglesia encargados de protegerlos y de educarlos”, admitió el Papa. Pero, al mismo tiempo, defendió el papel de la Iglesia que “en Irlanda ha tenido, en el pasado y en el presente, un papel de promoción del bien a los niños que no puede ser ocultado” y pidió a los irlandeses que mantengan la fe.
También reconoció “las dificultades que las familias tienen que afrontar en la sociedad actual que evoluciona rápidamente”, y “los efectos que la quiebra del matrimonio y la vida familiar comportarán, inevitablemente y en todos los niveles, en el futuro de nuestras comunidades”.

Otro país. Tradicionalmente uno de los países más católicos del mundo, junto a Polonia, la Irlanda que recibe al Papa ha cambiado en los últimos años, emancipándose de la influencia de la Iglesia. El país legalizó en 2015 el matrimonio homosexual, instaló en 2017 un primer ministro homosexual, y liberalizó en mayo el aborto.
El último Papa en visitar el país fue Juan Pablo II hace casi 40 años en un momento muy distinto, con la Iglesia como una poderosa institución no cuestionada y el aborto y el divorcio eran ilegales.
En este aspecto, Varadkar fue claro ante el Pontífice. “En nuestro Parlamento y en referéndum hemos votado a favor de modernizar nuestras leyes, habida cuenta de que los matrimonios no siempre funcionan, las mujeres deben tomar sus propias decisiones y las familias tienen distintas formas, incluidas las encabezadas por un abuelo, un padre solo o dos padres del mismo sexo o divorciados”, afirmó.
El baño de multitudes habitual en las visitas papales fue en este caso el Encuentro de las Familias, en el estadio Croke Park de Dublín, donde más de 80 mil personas vivaron a Francisco, que hoy celebrará la misa de cierre del evento en el parque Phoenix, en la que se espera la participación de medio millón de fieles.

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