INTERNACIONAL
Segunda vuelta en el gigante sudamericano

Flávio Bolsonaro suma apoyos políticos y lidera los primeros sondeo para el balotaje en Brasil

Impulsado por el hastío económico, la inseguridad y un fuerte sentimiento anti gobierno, el candidato de la derecha brasileña capitaliza la tendencia en América Latina. Con un Congreso reforzado y con el presidente Lula da Silva acorralado por la inflación y los escándalos, se perfila como favorito para el balotaje. Los últimos sondeos le dan una ventaja de 4 a 5 puntos de intención de voto sobre el mandatario. El escritor y psiquiatra Augusto Cury le dio su respaldo a Flávio, como ya habían hecho otros dos candidatos de centro derecha. Queda poco margen para revertir el resultado.

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Respaldo. Flávio ya cuenta con el apoyo de los tres candidatos que quedaron en la cola de la primera vuelta. Representan el 5,34%. | AFP

El derechista Flávio Bolsonaro sumó esta semana el apoyo del tercer aspirante más votado en la primera vuelta presidencial de Brasil y lidera los primeros sondeos de cara al balotaje del 25 de octubre, mientras el presidente Luiz Inácio Lula da Silva intenta relanzar su campaña.

El instituto Datafolha le da al senador 52% de los votos válidos –excluyendo los sufragios en blanco, nulos e indecisos–, contra 48% del mandatario actual. El margen de error es de dos puntos porcentuales.

Atlas/Bloomberg, por su parte, difundió este viernes un sondeo que ubica a Flávio con el 51,1% de intención de votos válidos frente al 45,7% del presidente.

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Con estos números, ambos candidatos reorganizan sus estrategias para la recta final del balotaje. Mientras Flávio se concentra en tejer alianzas, Lula apuesta por reforzar su presencia en redes sociales, donde la derecha lleva ventaja.

El escritor Augusto Cury, que obtuvo casi 3% de los votos (3,4 millones) el domingo pasado, sorprendió al anunciar que respaldará la campaña de Bolsonaro. Al principio había dicho que no estaba con ninguno de los dos.

De esta manera, Cury se suma a los exgobernadores Ronaldo Caiado y Romeu Zema, fuerzas que también estuvieron en la cola de las elecciones y que ahora se aliaron a Bolsonaro. Entre los tres reunieron 5,34% de los votos.

Renan Santos, el cuarto más votado (2,6 millones de votos), dio libertad de elección a sus seguidores, aunque su partido siempre tuvo una postura anti-Lula.

Optimismo en la derecha.Flávio Bolsonaro, de 45 años, da por descontada su victoria. Esta semana afirmó que su padre, que cumple una condena de 27 años por intento de golpe de Estado, será liberado, le pondrá la banda presidencial y subirá con él la rampa del palacio de gobierno cuando asuma en enero.

El candidato derechista prometió austeridad fiscal ante el aumento de la deuda pública, además de un Estado más pequeño, impuestos más bajos y una represión más severa contra la delincuencia, uno de los temas de mayor preocupación en la población.

El discurso de Bolsonaro dirigido a los brasileños se hace eco de aquellos que han convencido a los votantes de Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú y Colombia, entre otros, que han elegido presidentes de derecha en los últimos años.

Flávio se presenta como una figura más moderada que su padre, quien aún es admirado por muchos en la derecha y cuyo legado tuvo una gran influencia en la campaña.

Las acusaciones contra su padre por intento de golpe de Estado y la investigación por corrupción contra el propio Flávio no lograron convencer a los votantes hartos de la delincuencia, la violencia y la lucha por llegar a fin de mes en la mayor economía de América Latina.

El analista político Thomas Traumann señaló a la agencia AFP que las elecciones del domingo habían puesto de manifiesto un “tsunami de sentimiento anti-PT”, en referencia al Partido de los Trabajadores de Lula, que gobernó durante gran parte de las últimas dos décadas. Esto ha convertido a Bolsonaro en “el favorito para ganar la presidencia, y podría dejarlo en una posición aún más fuerte para gobernar que su padre”, dijo.

El Partido Liberal (PL) de Bolsonaro casi duplicó sus bancas en el Senado y experimentó un fuerte aumento en la Cámara de Diputados.

Lula, que con casi 81 años busca un cuarto mandato, restó importancia al sondeo. “No evalúo encuestas, no trabajo así. Trabajo sabiendo que necesito tener más votos que Flávio para ganar las elecciones. Tengo 17 días para eso”, dijo en conferencia de prensa.

Por otro lado, lanzó una velada crítica a su partido, el PT, al afirmar que fue “la campaña menos organizada” desde que aspiró por primera vez a la presidencia en 1989. Según los analistas, la campaña de Lula tuvo un error de cálculo al centrarse en el tema de la soberanía brasileña y la supuesta influencia de Trump, quien respalda a Bolsonaro.

“A los brasileños les preocupan asuntos concretos, como los precios de los supermercados, el miedo a ser asaltados y las deudas de las tarjetas de crédito, en lugar de conceptos abstractos como la soberanía o la importancia histórica de Lula”, explicó Traumann.

El mandatario quiere volver a movilizar a los votantes con el argumento de ser el dique de contención ante la extrema derecha al recordar la gestión de Jair Bolsonaro, en particular su manejo de la pandemia. Para hacerlo, tendrá que ganarse el apoyo de quienes emitieron votos en blanco y de los 33 millones de personas que se abstuvieron, lo que representa el 21% de los votantes registrados.

La apuesta central

D.V.

El Senado de Brasil discute desde el martes pasado una ampliación del descanso semanal de los trabajadores, una de las apuestas centrales del presidente Lula da Silva para remontar su desventaja electoral ante el derechista Flávio Bolsonaro de cara al balotaje.

El proyecto, conocido como “fin de la escala 6x1”, propone dos días de descanso remunerados por semana en lugar de uno.

Llegó al pleno del Senado dos días después de la primera vuelta. El mandatario hizo de esta propuesta una de las principales banderas de su campaña por la reelección, con la mira en los sectores populares que históricamente han sido su base.

“Mi adversario va a tener que tomar una decisión. Si va a ordenar (o no) a la bancada de su partido que vote por el fin de la jornada laboral 6x1”, dijo Lula esta semana a los periodistas.

El proyecto fue aprobado en mayo por la Cámara de Diputados y se prevé un debate de varias sesiones en la Cámara Alta. “En el momento en que el Senado empiece a votar, la máscara va a empezar a caer”, anticipó Lula, que acusó al Partido Liberal de Bolsonaro de intentar “obstaculizar” la votación.

No está claro que el gobierno reúna los apoyos suficientes para sacar la reforma adelante.

Además del nuevo esquema de cinco días de trabajo y dos de descanso, el texto reduce de 44 a 40 horas el límite de la jornada semanal.

Lula cierra su tercer mandato no consecutivo con el desempleo en mínimos históricos, aunque a los trabajadores brasileños les preocupa la pérdida de poder adquisitivo, según sondeos.