En su análisis, Marcelo Longobardi advierte sobre un escenario cada vez más inestable, donde crece la incertidumbre respecto al rol de Estados Unidos, la reacción de los países del Golfo y la falta de claridad incluso entre especialistas internacionales sobre el rumbo de la guerra.
Un conflicto fuera de control con impacto energético global
La guerra contra Irán está fuera de control, es un asunto muy peligroso, y en las últimas horas tomó un carácter de guerra económica energética, con la energía en el centro del conflicto. Con independencia de lo repudiable que es el régimen iraní, algo que está fuera de discusión, la situación actual presenta un nivel de desborde que abre la puerta a cualquier escenario posible.
La sensación dominante es que todo está fuera de control y que puede pasar cualquier cosa. Aquella idea planteada en su momento por Thomas Friedman, donde sostenía que todo y lo contrario puede ocurrir, parece describir con precisión lo que está sucediendo ahora.
En este contexto emergen dos nombres claves: South Pars, el yacimiento de gas más importante del mundo compartido entre Irán y Qatar, que fue atacado por fuerzas israelíes y norteamericanas; y Ras Laffan, la mayor compañía de exportación de gas de Qatar, que fue atacada posteriormente en dos oportunidades por Irán.
Estos episodios enviaron los precios del gas a niveles extremos y empujaron hacia arriba el precio del petróleo, generando un escenario de caos mundial con derivaciones imprevisibles en la economía global.
Las incógnitas se multiplican. Qué va a hacer Estados Unidos, si va a intervenir con fuerzas militares en tierra o si continuará la guerra bajo otras condiciones. También si este escenario obligará a los países del Golfo a reaccionar militarmente contra Irán, cuando hasta el momento se han limitado a defenderse frente a ataques que son considerados brutales.
El panorama es el de un caos de consecuencias imprevisibles, con intereses y perspectivas profundamente contrapuestas. Israel sostiene una lógica de supervivencia que busca eliminar al régimen iraní, con un respaldo importante de su población a la guerra más allá de las críticas a la figura de Benjamin Netanyahu.
En contraste, en Estados Unidos la opinión pública se muestra en contra de Donald Trump y predomina la incertidumbre sobre cuáles serán sus próximos movimientos en el conflicto.
Incluso entre expertos internacionales no hay una lectura clara. Distintas voces de Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita intentan determinar quién está ganando la guerra, pero no logran arribar a una conclusión definitiva. Ni siquiera los especialistas consiguen anticipar cómo puede continuar este conflicto.
BR/ff