Unas horas antes del 25° aniversario del ataque a las Torres Gemelas que cambió la historia de Estados Unidos, su vicepresidente, J.D. Vance, llamó "extremistas" a los simpatizantes del partido demócrata, al que nombró como "el partido del odio". Fue en la segunda jornada de la convención republicana en Dallas, Texas, convocada con el fin de posicionar a los republicanos para las elecciones legislativas de noviembre, donde podrían perder su mayoría en el Congreso a manos de los demócratas.
"Los demócratas son el partido del odio. Son el partido que desprecia a Estados Unidos y a las personas que lo construyeron. Son el partido que puede sentir simpatía por los terroristas que perpetraron el 11 de septiembre", dijo, en alusión al atentado terrorista. "Tenemos que dar un mensaje este noviembre: el país no pertenece a los radicales, no pertenece a los burócratas y no pertenece al mejor postor", afirmó.
Si Trump pierde el control del Senado se abre la posibilidad de un impeachment
Esta convención es excepcional, ya que no está consagrada a elegir un candidato presidencial. Donald Trump la convocó en un intento de revertir las encuestas sobre las elecciones legislativas, que indican que los demócratas ganarán por amplio margen la Cámara de Representantes y que pelean el Senado con los republicanos cabeza a cabeza. Con más de dos años de mandato por delante, Trump entiende que si pierde apoyo en el Congreso gobernar se volverá cuesta arriba.
Vance pica en punta por la sucesión de Trump
James Vance, de 42 años, subió al escenario entre ovaciones y vivas de seguidores. Se escuchó gritar "¡J.D.! ¡J.D.!", y también "48", el número que corresponde al próximo presidente de los Estados Unidos.
Sin embargo, el vicepresidente fue cauto y evitó dar definiciones sobre su eventual postulación. "Primero tenemos que ocuparnos de noviembre", aseguró, en relación a las elecciones de medio término. Y concluyó: "Después veremos".

La sucesión de Trump como candidato del partido republicano no está resuelta: se barajan varios nombres, entre ellos muchos de alto perfil, como los del Secretario de Estado, Marco Rubio, el gobernador del estado de Florida, Ron DeSantis, o el senador Ted Cruz. Sin embargo, el más visible a dos años de las próximas elecciones presidenciales es el de Vance, quien desde su puesto como vicepresidente y principal negociador en la guerra contra Irak cobró mucha visibilidad pública.
Vance dio su discurso justo antes de Trump, quien estuvo a cargo de las palabras de cierre de la convención. En ese momento, se mostró orgulloso de su vicepresidente: "¡Qué gran trabajo hizo esta noche!", dijo. Pero se cuidó de darle más cámara. Trump fue claro en sus indicaciones a los republicanos: "Voten como si mi nombre estuviera en la boleta".
La cruzada contra los demócratas y la cultura woke
En su discurso del jueves, Vance apuntó todos los cañones contra el partido demócrata. "Este otoño, los demócratas presentan candidatos que les dirán a sus hijos qué se les permite decir, cómo se les permite vivir y, lo que es más importante, a quién deben odiar", dijo, en alusión a la cultura woke, parodiada como una cruzada de pensamiento políticamente correcto.
El enfrentamiento con este tipo de pensamiento le ha rendido bien en las urnas al partido republicano en el pasado: el mismo Trump ganó su segundo mandato contra Kamala Harris, quien había sido vicepresidenta durante el mandato de Joe Biden y encarnaba, como mujer y descendiente de inmigrantes, los valores de la diversidad y el multiculturalismo. Ocho años antes, también había vencido a una mujer, la primera en llegar a una candidatura presidencial en Estados Unidos: la entonces senadora y ex primera dama Hillary Rodham Clinton.

Es un momento crucial para reactivar estas batallas, ya que las proyecciones indican que los demócratas podrían ganar la Cámara de Representantes por 229 a 206, y muestra una pelea ajustadísima en el Senado, de 50 contra 50. En caso de perder la Cámara Baja, Trump podría llegar a sufrir un impeachment, o proceso de juicio político, tal como sucedió durante su primer mandato.
Por eso, puso todas sus fichas en la convención de Dallas. En el cierre, levantó la mano e instó a los asistentes a repetir sus palabras: "Le juro al mejor presidente en la historia de Estados Unidos, que nos ama tanto que ni puede respirar, que iré con mi familia (...) a votar el 3 de noviembre".
MB/ff