Un informe clasificado del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC) de Estados Unidos, revelado por The Washington Post, advirtió días antes de la ofensiva en Oriente Medio que un ataque militar a gran escala contra Irán era“poco probable” que lograra derrocar al complejo sistema militar y clerical que gobierna la República Islámica.
Las agencias de inteligencia concluyeron que Irán no es una “dictadura de un solo hombre” que colapsaría con la muerte de su líder supremo. Por el contrario, explica, el sistema iraní tiene protocolos establecidos para garantizar la continuidad del poder incluso tras la muerte del ayatolá Ali Jamenei.
La estructura de mando, señalaron los analistas, está diseñada para sobrevivir a ataques directos contra sus líderes. “La muerte de Jamenei no es el fin del sistema; es el comienzo de una fase militarista pura donde la ideología de resistencia prevalece sobre la diplomacia”, destacaron.
De hecho, esto se comprobó en la semana. Aunque la tecnología de EE.UU. e Israel destruyó el 80% de la capacidad naval y de misiles de Irán, continúa la resistencia.
El dossier remarca que eliminar el “20% restante” (el control político y la ideología) podría requerir una invasión terrestre y una ocupación de una década, algo que el presidente Donald Trump ya dijo que quiere evitar. Fuentes de inteligencia también dijeron al Washington Post que la Guardia Revolucionaria no se disolvió. Sus miembros, afirma, se retiraron a búnkeres y zonas rurales para iniciar una guerra de guerrillas.
Oposición débil. El NIC advierte también que la oposición interna está demasiado fragmentada y debilitada por años de represión (incluyendo las masacres de manifestantes en enero de 2026) como para llenar un vacío de poder.
No hay indicios actuales de un levantamiento popular masivo o de fisuras significativas en las fuerzas de seguridad que sugieran un colapso inminente del régimen.
El temor es que, sin el régimen actual, el país caiga en una guerra civil étnica o sea dominado por una junta militar aún más radical.
El informe, finalizado aproximadamente una semana antes de que comenzara la actual campaña militar (denominada por la administración Trump como “Operación Epic Fury”), evaluó tanto ataques quirúrgicos contra líderes como ofensivas más amplias contra instituciones gubernamentales. En ambos casos, el pronóstico de un cambio de régimen fue pesimista.
Contraste con la Casa Blanca. Existe una tensión palpable entre los jefes militares y la dirigencia política en Estados Unidos, especialmente con la Casa Blanca, quien tiene una retórica triunfalista. El presidente insiste en que el régimen está “siendo borrado de la faz de la tierra” y ha instado a los ciudadanos iraníes a “tomar su gobierno”, prometiendo que “esta es su única oportunidad en generaciones”.
Los analistas del NIC y del Pentágono, por el contrario, advierten que bombardear edificios gubernamentales no elimina la lealtad ideológica de las bases de la Guardia Revolucionaria, quienes prefieren morir resistiendo al “imperialismo” que rendirse ante una administración que busca instalar un líder “a dedo”.