Tras el ataque de precisión que destruyó el complejo del líder supremo en Teherán, el país activó el Artículo 111 de su Constitución. Según reportes de la inteligencia de Estados Unidos e Israel, Irán no cuenta hoy con un único “líder máximo”, sino con un Consejo de Liderazgo Provisional que gestiona las funciones del Estado mientras el país se encuentra en situación de guerra.
Este triunvirato está compuesto en primer lugar por Masoud Pezeshkian, el presidente de la República, destacado como la cara civil y administrativa ante la comunidad internacional. Fuentes israelíes del Israel Democracy Institute señalan que su poder es nominal y se limita a la logística de emergencia.
En segundo lugar, está Gholam-Hossein Mohseni-Ejei, jefe del Poder Judicial que representa el ala dura y la continuidad legal del sistema clerical.
El tercero en el triunvirato es el ayatolá Alireza Arafi (Miembro del Consejo de Guardianes). Está identificado por la inteligencia británica como el “Líder Supremo Interino” en asuntos religiosos, tras ser nominado de urgencia por la Asamblea de Expertos.
El poder real. De todas maneras, es el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) quien realmente dicta la estrategia militar y política actual, según coinciden las agencias de inteligencia.
Bajo la presión de los bombardeos, la IRGC ha pasado de ser un “Estado dentro del Estado” a ser el Estado mismo, advierten.
Los comandantes regionales de la Guardia Revolucionaria operan ahora con una autonomía casi total para responder a la incursión aliada, lo que garantiza que la estructura de mando no colapse a pesar de los ataques de “decapitación”.
La batalla por la sucesión. A pesar del caos, la Asamblea de Expertos integrada por 88 clérigos, se encuentra en una sesión permanente y secreta en búnkeres fortificados. Según diarios israelíes, existe una tensión interna feroz.
Mojtaba Jamenei, el hijo del difunto líder, es el favorito de la CGRI. Informes de la inteligencia británica sugieren que la Guardia está presionando para que sea nombrado líder supremo de forma inmediata para estabilizar el frente interno.
Pero otros sectores del clero lo toman como una sucesión hereditaria, y temen que esto provoque reacciones en la sociedad, ya debilitada por las protestas masivas de enero de 2026.
Nacido en Mashhad en 1969, Mojtaba es el segundo hijo de Alí Jamenei. A diferencia de su hermano mayor, Mostafá, quien optó por una vida puramente clerical, Mojtaba tuvo desde joven una inclinación por la “ingeniería del poder”.
Durante la guerra Irán-Irak (1980-1988), sirvió en el Batallón Habib, una unidad de élite de la Guardia Revolucionaria (IRGC). Allí forjó los vínculos personales con los comandantes que hoy controlan el aparato de seguridad del país.
Se formó como clérigo en Qom, bajo la tutela de maestros ultraconservadores. En 2022, recibió el título de Ayatolá, una promoción que la inteligencia británica calificó en su momento como el “paso final” para legitimarlo como sucesor, pese a no tener el recorrido académico tradicional para tal rango.
Durante décadas, Mojtaba operó en las sombras, pero con gran poder.
Se le adjudica la represión de las protestas de 2009, 2022 y las más recientes de enero de 2026.