Luiza, Wanda, Estela, Marina, Maria, Lúcia. Dilma Vana Rousseff tuvo muchos nombres de fantasía. O de guerra, como solía decirse. Ella pasó a la clandestinidad en 1969, a los 23 años, dos después de la fractura de la Organización Revolucionaria Marxista - Política Obrera, el primer grupo donde militó. Sus miembros se habían dividido entre los que creían en una vía pacífica para combatir a la dictadura y el Comando de Liberación Nacional (Colina), que defendía la lucha armada. Dilma se había quedado con el Comando.
Ese mismo año tuvo que abandonar su natal Belo Horizonte y escapar primero a Río y luego a San Pablo. Primera coincidencia con Aécio Neves, mineiro al igual que Rousseff y trece años más joven que ella: a los diez, en 1970, el nieto del gran político Tancredo Neves también se mudó a la “cidade maravilhosa”, aunque no por persecución política sino por decisión de sus padres, ambos de tradicionales familias políticas.
Segunda coincidencia: los dos estudiaron Economía. Dilma empezó la carrera en Minas Gerais, en 1967, pero tuvo que dejarla cuando pasó a la vida clandestina. La retomó en 1974, un año después de haberse instalado definitivamente en Porto Alegre. Había salido hace poco de la cárcel y había conocido la tortura. Aécio comenzó sus estudios en Río, donde se repartía entre la facultad y el surf en Copacabana. La buena vida duró hasta 1981, cuando su abuelo lo convocó a su campaña para gobernador en Minas Gerais. Neves terminó allí la carrera universitaria. Y empezó su imparable carrera política.
Tercera coincidencia: la vocación de poder. La primera causa por la que militó Rousseff fue la toma del poder por el pueblo, lo que condujo a su detención irregular en 1970. Dilma asegura haber recibido entrenamiento en armas y haber tenido conocimiento de operaciones guerrilleras, como la del famoso robo del “cofre do Adhemar”, un asalto al millonario botín del ex gobernador de San Pablo. Pero afirma que ella misma nunca participó en una acción armada. Como sea, recibió condenas judiciales en tres estados. Pasó tres años encarcelada en dos centros de detención para presos políticos, donde la picanearon y la golpearon.
A partir de su liberación y su mudanza a Porto Alegre, la ambición política de Rousseff se pareció mucho más a la de Neves que a la de ella misma cuando era adolescente. Se recibió, consiguió un trabajo, tuvo una hija, se casó y comenzó una carrera en un partido legal, el Partido Democrático Laborista (PDT), de la mano de su marido, Carlos Araújo. Militó casi treinta años en esa fuerza y llegó a ser secretaria de Minas, Energía y Comunicaciones del gobierno estadual. En 2000, se divorció. Epoca de cambios: un año después, rompió con el PDT y se afilió al Partido de los Trabajadores de Lula da Silva.
Neves, mientras tanto, demostró ser un dotado para el ascenso político durante los 80 y los 90. Tancredo ganó la gobernación de Minas en aquella campaña del ’81 y la usó como trampolín para presentarse a las elecciones presidenciales de 1985, las primeras democráticas luego del régimen militar. También las ganó, pero un cáncer abdominal lo postró el día antes de asumir. Murió sin llegar a ponerse la banda. Junto a su abuelo, Aécio había llegado a conocer personalmente a François Mitterrand, al rey Juan Carlos de España, a Juan Pablo II y a Ronald Reagan.
Desde 1986, Aécio Neves fue diputado nacional por cuatro mandatos, presidente de la Cámara de Diputados, gobernador de Minas Gerais por dos términos, senador y presidente del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Los quince años que vivió en Río, la vida ostentosa –él mismo llama “mi Palacio de Versailles” a su espectacular refugio en la ciudad de Claudio–, las apariciones nocturnas junto a bellas modelos y el reconocimiento de que fumaba marihuana le valieron una fama de playboy que aún hoy intenta revertir. Nada de eso detuvo, sin embargo, su meteórica trayectoria.
Esa es la cuarta coincidencia: tanto Rousseff como Neves hicieron una carrera política brillante. El siglo veintiuno encontró a Dilma junto a Lula. El ex mandatario ha recordado la primera vez que se vieron, en 2002: “Apareció una compañera con un computadorcito. Comenzamos a discutir y percibí que había algo diferente en ella. Entonces pensé: ‘Creo que ya encontré a mi ministra de Minas y Energía’”. Rousseff ocupó ese cargo hasta 2005, cuando pasó a la Jefatura de Gabinete tras la escandalosa salida de José Dirceu. Allí, aún en el anonimato electoral, se desenvolvió como una gestora eficaz e implacable.
Los siguientes fueron años de fuertes emociones para Dilma: se salvó de un cáncer linfático, fue abuela y Lula la ungió como candidata presidencial en 2010. Para Aécio, los 2000 fueron tiempos de hábil acumulación política dentro del gigantesco PSDB: hizo dos eficientes gobiernos en Minas, tejió lazos con el crucial PMDB, ganó la simpatía del decisivo estado de San Pablo y se batió a duelo con el líder partidario José Serra. Perdió la pulseada en la interna de 2009, pero el tiempo terminó jugando a su favor. También en lo amoroso: en 2013, se casó con la bella modelo Letícia Weber (su segunda esposa), con quien tuvo niños gemelos.
El resto es historia conocida: Rousseff fue hoy por su reelección, y Neves fue el candidato más potable de la oposición. Quinta coincidencia: los dos sueñan con el Planalto.