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INTERNACIONAL / EN UN NUEVO LIBRO
miércoles 16 enero, 2019

No salieron buceando: revelaron la verdad sobre los chicos de la cueva tailandesa

La tarea se presentaba titánica: ninguno de los chicos atrapados bajo tierra sabía bucear y era prácticamente imposible que aprendieran a hacerlo. ¿Cuál fue la solución?

Conferencia de prensa de los chicos de Tailandia. Foto: AFP

La odisea de los 12 niños y un adulto atrapados en una caverna de Tailandia durante 17 días fue la historia del año 2018. Los jóvenes tuvieron que bucear con la ayuda de expertos para salir de Tham Luang después de más de dos semanas en las que el mundo no quitó la vista de la entrada a la peligrosa caverna, que se había inundado a causa de las lluvias. Sin embargo, en un libro recientemente publicado, titulado "The Cave", el periodista británico Liam Cochrane, revela que esto nunca sucedió.

Según relata Cochrane, cuando los jóvenes fueron encontrados por los rescatistas llevaban 10 días sin comida, agua y en la oscuridad absoluta. Los niveles de oxigeno en la cueva bajaban rápidamente. "Si buceamos ahora, algunos podrían morir; pero si no buceamos, todos morirán y solo vamos a recoger 13 cuerpos", advirtió un experto a los que dirigían el rescate.

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La tarea se presentaba titánica: ninguno de los chicos atrapados bajo tierra sabía bucear y era prácticamente imposible que aprendieran a hacerlo en el poco tiempo que quedaba antes de que los estrechos túneles subterráneos volvieron a llenarse de agua, tapara las entradas de oxígeno y murieran.  La opción segura era sedarlos, según el autor. Ponerles máscaras de oxigeno selladas con silicona y dejar que buzos expertos se encarguen de la salida.

Según el libro, para la complicada misión se llamó a dos buceadores australianos de gran experiencia, el doctor Richard Harris, un anestesiólogo conocido como el "Dr. Harry", y su amigo y compañero de buceo Craig Challen, un veterano retirado, reveló el Daily Mail.

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Los expertos dijeron a los padres de los 12 niños atrapados que se les iba a enseñar a bucear y los medios mundiales informaron que cada uno de los menores estaría atado a una manguera de aire y nadaría con un buzo de rescate adelante y otro detrás. Pero esto no era cierto, según Cochrane.

El 8 de julio se inició el rescate después de que los rescatistas ensayaran la operación en una piscina cubierta con tres jóvenes de complexión física similar a la de los niños. Note, Tern, Nick y Night, fueron seleccionados para ser los primeros en salir, porque sus casas era las más alejadas de la cueva. El "Dr. Harry" decidió sedar a los niños con una combinación de tres drogas: Xanax, para aliviar el miedo; ketamina, para dormirlos, y atropina, para reducir la saliva en su boca, con la cual podrían ahogarse.

Acto seguido, los esposaron para asegurarse de que si se despertaban no intentaran arrancarse la mascarilla, poniendo en peligro sus vidas y la de su socorrista. Luego de sedar a Note y asegurarse de que respiraba con normalidad, el buzo británico Jason Mallinson se sumergió junto al niño. Comenzó a nadar hasta la siguiente cámara, donde Craig Challen los esperaba para hacerle un control médico en tierra firme.

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En la sexta cámara subterránea, Note pasó los controles médicos y todos volvieron a sumergirse. Llegaron al centro de comando, lo cargaron en una camilla de rescate especial para que pudiera deslizarse fácilmente sobre la roca hasta llegar a la salida. El rescate de los otros 11 niños y su entrenador se llevó a cabo de la misma forma, casi sin incidentes, mientras el agua aumentaba de nivel. Uno de los chicos, Night, reaccionó mal a los sedantes y tuvo que pasar media hora antes de que se recuperara, pero logró superar la aventura.

El último en salir fue Mark, el más pequeño. El problema era que no había máscaras lo suficientemente pequeñas para ajustarlas a su rostro. Una que podría funcionar había sido encontrada a último momento durante la noche y llevada a la cueva, gracias a lo cual logró salir con vida.  "Hicieron todo lo correcto para que pudiéramos rescatarlos", dijo Chris Jewell, uno de los rescatistas. "Nunca vi un gemido o una lágrima en sus ojos. Eran jóvenes muy tranquilos, fuertes y decididos".

 


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