Opositores y partidarios de Saddam Hussein continúan manifestando sus opiniones hoy, un día después de la condena a muerte del ex presidente, dejando claro la neta división que existe entre las comunidades chiitas y sunitas del país.
"Es el fin de un dictador", gritaba Saad Ali Hassun, 40 años, en las calles de Samawa, una ciudad chiita al sur de Irak donde miles de personas manifestaron su alegría, informó la agencia de noticias AFP.
Mientras, en Hawija, una ciudad sunita de 300.000 habitantes situada al norte de la capital iraquí, lo que exigen los pobladores es la liberación de Saddam Hussein.
Centenares de personas, entre ellas escolares, desfilaron a pie o en coche en el centro de la ciudad, a 220 kilómetros de Bagdad, con retratos del ex presidente iraquí y pancartas reclamando su liberación.
"Seguiremos manifestándonos, no porque somos sunitas, sino porque somos iraquíes. Nos gustaba la época en que gobernaba Saddam", afirmó Abdala Zamar Hassan, un comerciante de 49 años, quien define ese periodo como "estable y seguro".
"Ahora les espera una época oscura a los estadounidenses y a sus aliados iraquíes", estimó.
Hawija, donde predominan las tribus sunitas al Jobur y al Obeid, se ha convertido en un bastión de los grupos armados que combaten a los estadounidenses, al ejército y a la policía iraquí.
La cadena pública de televisión Iraqia cubrió ampliamente las manifestaciones de alegría tras el veredicto de Saddam Hussein. Las autoridades del país cerraron sin embargo dos televisiones privadas sunitas, a las que reprocharon su cobertura.
Mientras tanto, la capital iraquí sigue con toque de queda tras la condena a muerte de Hussein.
Según AFP, las calles de Bagdad están desiertas, sin peatones ni tráfico de vehículos y los puentes que atraviesan el río Tigris, habitualmente congestionados, sólo son cruzados por patrullas de policía.
El gobierno iraquí instauró ayer el toque de queda en la capital y en las provincias de Diyala y Salaheddin cerró el aeropuerto internacional "hasta nueva orden".