INTERNACIONAL

Tel Aviv en estado de shock

Una explosión en el corazón económico de Israel elevó la tensión social a un nivel que no amaina con el cese al fuego logrado con Hamas. Fotos.

Un responsable policial dijo a la televisión israelí que tres de los heridos se encuentran en situación muy grave.
| AP

En Israel no existen las distancias largas. Uno puede tomar la carretera número 90 y, en menos de 500 kilómetros, unir la ciudad balnearia de Eilat con la pequeña localidad de Metula, es decir, los extremos urbanos al sur y al norte. Aún así, el complejo sistema de defensa israelí (con el “Iron Dome” a la cabeza) hizo sentir que Gaza y los conflictos allí generados estaban mucho más lejos que lo que indica el escaso kilometraje que separa a la franja y de los grandes centros metropolitanos.

Pero las coordenadas se alteraron violentamente el miércoles, cuando el imprevisto y el mapa de la guerra entre Israel y Palestina asumió nuevos tenores. Un grupo de personas, de las que se desconoce su cantidad, logró colocar, sin que se sepa de qué manera, un explosivo, del que se ignora su composición, en un colectivo de línea y, con todas esas incertidumbres, Tel Aviv sintió bien cerca el conflicto que mantiene alerta no solo a los bandos en litigio, sino también a los gobiernos de la región y del resto del mundo.

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Fue en horas de la mañana, mientras la Secretaria de Estado nortamericana Hillary Clinton y el Primer Ministro israelí Bejamin Netanyahu terminaban otra de sus reuniones para avanzar en un tratado de diera paz a ocho días de sangre y explosión. Según las versiones más sólidas, al menos dos personas subieron a un colectivo de la línea 142, colocaron un explosivo, salieron, y se dieron a la fuga.

Fue en Shaul Hamelej, una de las principales avenidas del centro de Tel Aviv, muy cerca del la Kirya, donde funciona el Ministerio de Defensa y el Cuartel General del Ejército de Israel.

La gran ciudad, sitiada por patrullas de aviones, helicópteros, policía montada, motorizada y de a pie, de golpe es birlada por un paquete bomba que estalla en pleno centro y desparrama pánico donde, hasta el momento, cuanto mucho se vibraba la calma chicha de las alarmas antimisiles y los estruendos del “Iron Dome” en acción, utilería de un conflicto que se sentía lejano y francamente dominado.

La memoria emotiva reavivó el espantoso recuerdo de los ataques en plena Intifada, donde eran habituales las detonaciones en medios de transporte públicos con resultados fatales que, felizmente, esta vez no hubo que penar. Las versiones hablan de entre 10 y 27 heridos, unos pocos de gravedad y el resto hospitalizados de carácter preventivo. El cuadro más recurrente es el de estado de shock.

Evidentemente, nadie esperaba esta emboscada, menos aún el día en el que el acuerdo de paz estaba a la puerta de las negociaciones intervenidas por Estados Unidos y Egipto. A pesar del carácter sorpresivo, distintas autoridades de seguridad israelíes reconocieron que este tipo de embate estaba dentro de sus previsiones, más aún teniendo en cuenta el fracaso que hasta ese momento habían significado todos los intentos de Hamas por asestar blancos en grandes centros urbanos como Tel Aviv o Jerusalem.

Aunque en principio se creyó que era un ataque suicida, luego tomó fuerza la idea de una arremetida terrorista, aunque ninguna facción se arrogó la autoría de manera oficial o fehaciente. Eso sí: cuando la noticia llegó a Gaza, varios festejaron realizando disparos al aire, activando involuntariamente las alarmas antibomba israelíes más próximas a la frontera con la zona en cuestión.

Mientras se realizaban las tareas de socorro, los centros comerciales fueron cerrados por precaución (en un momento, corrió el falso rumor de otra bomba detonada en uno de ellos) y se improvisó un toque de queda en los colegios, donde los niños debieron permanecer más allá de su horario de salida.

Las medidas de seguridad se incrementaron notablemente, con fuerte presencia policial en las calles y la aparición de detectores de metales en las entradas de hoteles, restaurantes y locales varios. Las autoridades recomendaron a la población continuar normalmente con sus actividades mientras ellas mismas alteraban las propias.

Durante varias horas, los colectivos lucieron semivacíos, como si fueran espectros errando por ese monstruo de hormigón que sintió como nunca los cimbronazos de una guerra que guardaba bajo la manga el estruendo final antes del cese de fuego declarado horas más tarde.

(*) Especial para Perfil.com