¿Quién paga los platos rotos cuando todo sale mal? Eso es lo que se preguntan por estas horas los propietarios de la residencia rural A Casa da Tulla, en Gomesende, Galicia, mientras siguen barriendo pedacitos de vidrio de los rincones. Por alquilar el lugar para una boda, como hacen habitualmente, se quedaron sin cristalería, y con su reputación arruinada en todos los tabloides de España y la vecina Portugal. Y eso no es lo peor: dicen que la familia del escándalo ni siquiera terminó de abonar los gastos del banquete.
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O quizás sea mejor decir "las dos familias", porque ya nunca serán una. De un lado, la del novio, que jugaba de local, ya que son muy conocidos en Ramiranes, Orense, cerca del lugar del supuesto festejo. Del otro, la familia de la novia, colombiana. Separándolos, 40 mil euros en disputa que escalaron a una pelea tan violenta que tuvo que intervenir la Guardia Civil Española.
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¿Qué pasó? Según cuenta el diario La Región de Gomesende, el primero en cubrir el incidente, de todo menos amor. Al parecer, los intereses de la reciente pareja giraban sobre todo en torno al dinero que recibían en concepto de regalos de boda. En plena celebración, ella le habría exigido a él que le diera ahí mismo 40 mil euros en efectivo, invocando un supuesto acuerdo pre nupcial.
A él no le gustó ese reclamo, y la discusión fue subiendo de tono hasta involucrar a los hermanos de ella, la hermana de él y varios invitados más, trenzados físicamente hasta los tirones de pelo. Ese fue el punto en el que la cristalería de A Casa da Tulla empezó a sufrir las consecuencias, y sus dueños dieron parte a la Guardia Civil.

Se supo después también que la novia se había escabullido del salón principal hacia el baño con un integrante de la organización del evento, con el que tuvo lo que el periódico La Región llama "un rápido desahogo carnal". Ella misma reconoció ante sus amigos que "no sentía nada" por su flamante marido. Con ese causal, puso el recién consagrado matrimonio en manos de un abogado, con el fin de obtener un divorcio. Al parecer, el marido -con toda la mirada de Orense, Galica, sobre sus espaldas- no está de acuerdo, y busca continuar con la unión.
La novia también reconoció que habían "bebido mucho" durante la celebración y que se habían "desahogado" rompiendo vajilla y cristalería. Que todavía resta pagar.
MB / AS