El caos parece ser el único denominador común en la vida de Cristian "Pity" Álvarez. Lo que debía ser una jornada clave en el juicio por el asesinato de Cristian Díaz, terminó en un verdadero escándalo de pasillo en el Hospital Tornú. El músico intentó escaparse del centro médico encapuchado y en plena internación, justo en el momento en que la Justicia intentaba conectarlo de manera remota para que presenciara el debate en su contra.
Semejante escenario obligó a detener por completo la maquinaria judicial. El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N.º 29 de la Capital Federal tenía todo listo para avanzar vía Zoom a través de un celular o una computadora, pero el estado de salud del exlíder de Intoxicados forzó la suspensión del encuentro. Como daño colateral, ninguno de los siete testigos que estaban citados para la jornada (entre ellos un cura y un perito) pudo sentarse a declarar.

El diagnóstico preliminar del escándalo lo aportó su propio entorno legal. En diálogo con la agencia Noticias Argentinas, el exfiscal y actual abogado defensor del músico, Javier Baños, le puso palabras a la crisis del cantante: "Lo que me dicen es que tuvo un brote psiquiátrico, puede ser por abstinencia, pero tenemos que certificarlo".
La estadía del artista en el Tornú viene complicada desde la semana pasada. Álvarez terminó ingresando a terapia intermedia por una severa crisis hipertensiva que sufrió en su casa, apenas horas después de chocar su Volkswagen Bora contra otro auto en una estación de servicio porteña. Para sumar dramatismo a la situación, sus abogados intentaron derivarlo a un instituto psiquiátrico a través de su obra social, pero hasta el momento ninguna clínica privada quiere recibirlo.
Toda esta odisea hospitalaria fue utilizada por la defensa para pedir la suspensión definitiva del juicio. Los abogados argumentaron que seguir adelante vulneraba sus garantías. Sin embargo, el juez Gustavo Goerner y el fiscal Sandro Abraldes les bajaron el pulgar: dictaminaron que la internación no es una novedad que justifique frenar todo, y le recordaron al músico que su presencia por Zoom ni siquiera es obligatoria en esta etapa. Recién tendrán que verle la cara de forma ineludible durante los alegatos y el veredicto.
Cuatro tiros y una madrugada en Pinar de Rocha
El expediente que hoy tiene a Álvarez enfrentando una posible condena de entre 8 y 25 años de prisión se remonta al 12 de julio de 2018. Aquella noche, en las inmediaciones del complejo habitacional Cardenal Samoré de Villa Lugano, el músico acribilló de cuatro balazos a Cristian Maximiliano Díaz tras una presunta discusión.
Lejos de entrar en pánico en la escena del crimen, la secuencia posterior al asesinato pareció sacada de una película policial. Álvarez se dio a la fuga, descartó el revólver homicida en una alcantarilla cercana y, con total frialdad, se fue a pasar la madrugada al reconocido boliche Pinar de Rocha, en la localidad bonaerense de Ramos Mejía.
Acorralado por las pruebas y la presión policial, el rockero de 54 años terminó entregándose a las autoridades horas después. Frente a los micrófonos de la prensa, no esquivó su responsabilidad y lanzó una frase que quedó grabada en la historia negra del caso: "Era él o yo, y creo que cualquier animal hubiera hecho lo mismo". Hoy está imputado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego.
TC/ML