Inés Ulanovsky, docente y fotógrafa, habló en +Perfil, el canal de Editorial Perfil, sobre la influencia de su padre, Carlos Ulanovsky, y la construcción de un camino propio dentro de una familia profundamente vinculada con el periodismo y la cultura.
Consultada sobre cuánto pesó esa figura en su recorrido, respondió con humor y sinceridad: “Totalmente trabajado en terapia y aceptado, y soy muy agradecida de tener a este padre”. “No quiero separar. Estoy muy contenta”, agregó, al referirse a una relación que reconoce como parte fundamental de su identidad.
“Es de los que leen los libros que presenta”
Ese vínculo volvió a aparecer con la publicación de “Palabras que ya no existen”, libro que Inés le pidió a su padre que presentara. “Fue hermoso porque él es un gran presentador de libros”, recordó. Y destacó especialmente la seriedad con la que Carlos encara esa tarea: “Como un profesional, se toma mucho, mucho tiempo para presentar el libro. Es de los que leen los libros que presenta”.
La obra también mantiene un diálogo con la infancia de Inés y con el universo cultural que la rodeó desde pequeña. “Este libro también establece un diálogo con mi padre porque hay algo ahí de la televisión, de la radio, de eso que también era para mí lo más normal del mundo”, explicó.
La autora reveló además que la publicación tiene una dedicatoria especialmente familiar: “Está dedicado el libro a dos personas importantes del siglo XX, que son mi padre y mi hermana”.
Carlos Ulanovsky: “Inés está velando al siglo XX”
Carlos Ulanovsky aportó su propia lectura sobre la obra de su hija y encontró en ella una despedida generacional. “Me parece que este libro, por lo menos a mí, me llevó a la conclusión de que con el libro Inés está velando al siglo XX, a su siglo XX”, afirmó.
El periodista explicó que su hija vivió una parte importante de aquella época y que el libro recupera objetos, expresiones y costumbres que desaparecieron. “Creo que ha vivido 23 años del siglo XX, si no me equivoco, y que en ese velatorio estamos todos”, sostuvo.
Para Carlos, una de las fortalezas del libro reside precisamente en esa enumeración de ausencias: “Hay un montón de cosas, realmente hay un montón de cosas que no existen”.
La conversación terminó transformándose en una reflexión sobre las generaciones y la velocidad de los cambios.
Carlos reconoció la dificultad que implica adaptarse a códigos, tecnologías y formas de comunicación completamente distintas de aquellas con las que creció. “Uno, como es más grande, dice: ‘¿Qué hago en este siglo? Cuéntenme cómo hago. ¿Cómo hago para sobrevivir?’”, expresó.
Mientras Inés recupera desde la literatura aquellas palabras, objetos y costumbres que quedaron atrás, su padre observa el mismo fenómeno desde otra generación: la de quienes vivieron plenamente ese siglo XX y ahora intentan encontrar su lugar en un mundo que cambia permanentemente.