La decisión de la Comisión Nacional de Valores (CNV) de modificar la operatoria de fondos con los agentes de liquidación y compensación (ALyC) generó cuestionamientos durante la Ronda de Economistas. La Resolución General 1166/2026 estableció que la recepción y entrega de fondos a clientes se realice mediante transferencias, aunque la modificación no impide negociar cheques de pago diferido como instrumentos dentro del mercado de capitales.
Santiago Llull explicó que para las empresas el cambio puede implicar mayores costos, particularmente por el Impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios. Al describir la ventaja que ofrecía la operatoria anterior, señaló que “era parte de las ventajas que tenía históricamente el mercado de capitales, pero no para el mercado, para el cliente y para que compre activos tuyos, sobre todo bonos soberanos”.
El componente recaudatorio detrás de la medida
Gerardo de Santis consideró que la modificación puede estar relacionada con la recaudación tributaria. “Yo le veo, en fin, fines recaudatorios. O sea, le veo eso”, sostuvo el docente e investigador de la UNLP en +Perfil.
Para De Santis, el impacto adquiere especial relevancia entre las pequeñas y medianas empresas. “El 1,2 de todo, para las pymes es un montón”, afirmó al referirse a la carga total que puede representar el impuesto sobre débitos y créditos.
El economista cuestionó además la permanencia del gravamen dentro del esquema tributario argentino. “Para mí hubiese sido el primer impuesto en eliminar. Era candidato”, sostuvo sobre un tributo que consideró prioritario dentro de una eventual reducción impositiva.
Un impuesto atractivo por su facilidad de recaudación
Matías Surt coincidió en que existe un incentivo fiscal para preservar esa fuente de ingresos. “Desde el punto de vista del gobierno que está en funciones, siempre tiene el atractivo de que es muy fácil de recaudarlo”, explicó el socio director de Inveq Consultora.
Surt sostuvo que durante los primeros ocho meses del año la recaudación del impuesto había caído en términos reales y vinculó esa evolución con el uso creciente del circuito bursátil. “Quizás el Gobierno detectó algo de eso y dijo: no puedo permitir que un impuesto que recauda aproximadamente un poco más de un punto y medio del PBI por año se me vaya por ahí”, planteó.
La explicación oficial de la CNV fue diferente y apuntó a la seguridad y trazabilidad de las operaciones. La normativa sostiene que el cambio busca evitar “conductas disvaliosas”, asegurar la disponibilidad inmediata de los fondos y eliminar eventuales rechazos derivados del uso de cheques como medio de pago.
Las críticas a la política tributaria
Surt diferenció el ordenamiento fiscal de la estrategia seguida con los impuestos. “Cuando empezás a hacer doble clic o a hacer un poco más de análisis fino, la verdad es que la política tributaria del Gobierno a mí no me parece muy prolija”, cuestionó.
El economista mencionó como ejemplo los cambios en el monotributo y la composición de la presión impositiva. “Me parece incluso que es hasta contradictorio ideológicamente, creo que es como la conveniencia del momento”, afirmó al analizar decisiones que, según su interpretación, no siempre coinciden con el discurso de reducción de impuestos.
En particular, Surt cuestionó la ampliación de determinados beneficios asociados al régimen simplificado. “Nadie quiere tener las cargas sociales que tenés cuando sos empleado en relación de dependencia, entonces me parece que fue un populismo tributario”, sostuvo.
El posible impacto sobre el mercado de capitales
Llull llevó la discusión al efecto que podría tener la medida sobre los incentivos para invertir y recordó la eliminación del impuesto PAIS. “¿Para qué bajaste el impuesto PAIS?”, preguntó al contraponer aquella decisión con las nuevas restricciones para operar mediante las ALyC.
El analista advirtió que elevar los costos puede terminar alejando operaciones del mercado. “No te pido ni cheque, no te pido nada. No hago nada, no te compro un bono más”, graficó sobre la posible reacción de algunos clientes.
Llull cerró con una comparación para describir el límite que pueden encontrar este tipo de medidas cuando afectan los incentivos de los inversores. “Pasa lo mismo que China y Estados Unidos, me peleo, pero pará. Si me enojo te vendo bonos”, señaló.