La escritora y docente Laura Sbdar habló sobre su novela, una obra protagonizada por Elsa y Lily en la que la oralidad, el deseo y las diferencias sociales ocupan un lugar central. En diálogo con Osvaldo Quiroga en Ronda de Escritores, por +Perfil, la autora explicó cómo su experiencia en la dramaturgia influyó en la construcción de un texto pensado para mantener una temporalidad continua y ser leído prácticamente “de una sentada”.
Sbdar contó que trabajó durante mucho tiempo en el libro y que uno de los principales desafíos fue encontrar la voz desde la cual contar la historia. “Yo vengo de la dramaturgia y entonces me parece que hay algo de eso que vos decías de una sentada”, explicó sobre una influencia que terminó determinando el ritmo de la narración.
Una novela con la temporalidad del teatro
La autora buscó trasladar a la literatura una experiencia similar a la que se produce frente a una obra teatral. “Me siento, veo una obra y esto empieza y termina. Y un poco la idea de la novela también tenía que ver con esa temporalidad”, señaló.
Esa búsqueda desembocó en una narración sostenida fundamentalmente por la voz de Elsa, una de las dos protagonistas. “Elsa es la narradora y Lily es una amiga o algo más. Se enterarán durante la novela”, anticipó Sbdar sin revelar por completo la naturaleza del vínculo.
La relación entre ambas se construye progresivamente mediante una voz que la escritora definió como una suerte de “oralidad epistolar”. “Son casi cartas de amor que Elsa va pronunciando a medida que narra”, describió.
La elección permite que la intimidad entre Elsa y Lily aparezca fundamentalmente a través de las palabras de la narradora. El deseo, aquello que se dice y también lo que permanece implícito adquieren así un peso particular dentro del relato.
La M de McDonald’s en medio de la oscuridad
Otro elemento que atraviesa la novela es la presencia de McDonald’s, uno de los espacios en los que se encuentran las protagonistas. Durante la conversación, Quiroga vinculó la reconocible “M” de la cadena con una imagen del capitalismo y Sbdar coincidió con esa interpretación.
“Me gustaba la imagen de esa M en el medio de la oscuridad, en los espacios más remotos”, explicó la escritora. La marca adquiere así una dimensión que supera su función como simple escenario y se incorpora al universo simbólico de la historia.
A partir de allí, la conversación avanzó hacia las diferencias sociales presentes en la novela. Quiroga destacó particularmente una forma de discriminación que no se manifiesta mediante una agresión abierta, sino detrás de comportamientos aparentemente amables y discursos políticamente correctos.
La discriminación detrás de las buenas formas
La tensión aparece especialmente en la relación entre las protagonistas y los dueños de la casa en la que trabajan. Quiroga señaló que estos últimos manejan “otro lenguaje, otra manera de estar en el mundo”, una diferencia que convive con una actitud de aparente corrección.
Según la lectura planteada durante la entrevista, esa cordialidad puede esconder una mirada de desprecio. La discriminación aparece entonces de manera indirecta, integrada en gestos y comportamientos que formalmente respetan determinadas convenciones sociales.
Frente a esas relaciones de poder, el deseo de Elsa y Lily adquiere otra dimensión. Quiroga planteó la posibilidad de entenderlo como una forma de venganza frente a quienes ocupan una posición dominante sobre ellas.
Entre la venganza y la potencia del deseo
Sbdar aceptó esa lectura como una posibilidad, aunque evitó reducir las acciones de las protagonistas a una respuesta contra los otros personajes. “Me gusta pensar que es una venganza y también pensarlo no tanto como venganza, sino como potencialidad del deseo”, explicó.
Para la autora, esa ambigüedad resulta central porque permite que el vínculo de Elsa y Lily conserve una fuerza propia, más allá de las relaciones sociales que las rodean. “No sé si la dirección es la venganza o el deseo”, sostuvo.
De esa manera, la novela coloca frente a frente dos universos y dos formas diferentes de relacionarse con los demás. En el centro permanecen Elsa y Lily, unidas por una intimidad que Sbdar decidió construir desde aquella “oralidad epistolar”: “Son casi cartas de amor que Elsa va pronunciando a medida que narra”.