La inseguridad volvió a convertirse en una preocupación central en distintos barrios de San Pablo, incluso en zonas históricamente consideradas seguras y de alto poder adquisitivo. El crecimiento de los robos y las dificultades para prevenir los delitos protagonizados por motochorros modificaron la vida cotidiana de los vecinos.
En Ronda de Corresponsales (RDC) por +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, Eleonora Gosman describió la situación y detalló las medidas adoptadas para intentar contener el avance del delito. “Acá se da en barrios muy lejos, por ejemplo en el barrio de Morumbí, o mismo el barrio donde vivió Soto de Sisonópolis, o Piñeiros, o también la zona de Perdíces”, explicó la periodista. Según datos de la Secretaría de Seguridad citados por Gosman, durante el primer semestre fueron detenidos unos 2.700 delincuentes en esas áreas y se incautaron 145 armas de fuego.
Motochorros y cámaras de seguridad
El fenómeno de los motochorros plantea un desafío particular por la velocidad con la que se producen los ataques. “El problema es que el motochorro, como decimos, actúa muy rápido”, señaló Eleonora Gosman.
Ante el aumento de los delitos, las empresas de seguridad incrementaron la instalación de cámaras de vigilancia. Sin embargo, la periodista cuestionó su eficacia como herramienta preventiva: “Instalan más cámaras, más cámaras de videos, pero no sirven, porque lo que dicen los especialistas es que eso sirve para defender el derecho, pero no para prevenirlo”.
También se reforzaron las patrullas policiales en moto, aunque Eleonora Gosman advirtió sobre la insuficiencia de esos recursos: “Han aumentado la patrulla de motos aquí en San Pablo, motos policiales, pero resulta que la cantidad de motos policiales parece ser mucho menor”.
El deterioro de la seguridad también alcanza a barrios tradicionalmente privilegiados. En una de estas zonas, Eleonora Gosman indicó que se registraron unos 2.000 robos durante el primer semestre, con un incremento interanual del 30,3%. “No son solo robos de celulares, también robos a pedazos y también a viviendas”, detalló.
Una ciudad que cambió sus hábitos
El avance del delito modificó incluso las rutinas de los vecinos. Eleonora Gosman destacó que los ataques no se limitan a la noche y que también ocurren durante el día. “Estos asaltos ocurren a la luz del día”, remarcó.
Para la periodista, el cambio resulta especialmente significativo en barrios donde antes era habitual caminar con tranquilidad después del atardecer. “Estos barrios justamente tenían esa característica, que vos podías caminar con tranquilidad, inclusive después de oscurecer”, recordó.
Pero esa sensación de seguridad se perdió: “Eso se terminó”, afirmó Eleonora Gosman. Y advirtió sobre una de las principales causas del problema: “En la medida en que no tengas fuerzas policiales suficientes, no se resuelve”.