En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, Andrés Larroque, cuestionó al Gobierno nacional por la asistencia alimentaria y analizó el escenario político hacia 2027.
Andrés Larroque es ministro de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires desde mayo de 2020 bajo la gestión del gobernador Axel Kicillof. Se desempeñó como diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires entre 2011 y 2019 y luego como diputado por la provincia de Buenos Aires entre 2019 y 2020. Es uno de los fundadores y secretario general de La Cámpora.
Déjeme comenzar con la actualidad. Ayer usted fue con intendentes al Ministerio de Capital Humano. Allí Sandra Pettovello los recibió con un cartel de dos metros que decía textualmente: “Si su gobernador no sabe administrar, que deje paso a quienes saben”. Más allá de la provocación, me gustaría que nos narrara qué sintieron allí y cómo avanza este reclamo frente al Ministerio de Capital Humano.
Algo sin precedentes, ¿no? Inaudito que, en primer lugar, más de 80 intendentes e intendentas de la provincia de Buenos Aires, votados por sus pueblos, sean recibidos por un cordón policial, porque el edificio estaba rodeado, creo yo, por un centenar de policías.
El único interlocutor con el cual pudimos hablar fue el jefe de lo que sería la custodia del edificio del Ministerio de Capital Humano, que nos explicó que la ministra no estaba, que estaba en una audiencia en otra dependencia y que no podíamos ni ingresar ni ser recibidos ni interlocutar con ningún funcionario ni empleado del ministerio.
La verdad es que en ese momento percibimos que estaban colocando ese cartel, que es una provocación a todas luces cuando estamos planteando un tema muy sensible, muy delicado. Estamos hablando de la asistencia alimentaria del Estado nacional hacia la provincia de Buenos Aires.
Estamos hablando de la comida de 2.500.000 chicos y chicas que reciben el Servicio Alimentario Escolar, un esfuerzo que hoy viene haciendo el Estado provincial y que nos insume anualmente, con los aumentos anunciados, más de medio billón de pesos anuales.
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Lo que estamos pidiendo es que cumplan lo que pasaba en la Argentina hasta la llegada de este gobierno: que el Estado nacional cubría el 30% del Servicio Alimentario Escolar en nuestra provincia, como lo sigue haciendo en otras provincias.
Además, la Nación fue licuando los montos: en 2024 fueron 70.000 millones, con inflación del 85% solo aumentaron 10%, y este año, con casi 40% de inflación, plantean un aumento del 4%.
Todavía no nos han transferido un centavo.
Y además hay otro dato que es estremecedor. Nosotros desde la provincia hacemos una inversión en compra de alimentos para distribución en municipios y organizaciones comunitarias —ya sea comedores, merenderos y una red muy diversa— de 400.000 millones de pesos al año.
El Estado nacional, para cubrir este ítem de compra de alimentos y distribuir en todo el país, hace una inversión anual de 89.000 millones de pesos, es decir, menos de un cuarto de lo que invertimos nosotros en la provincia de Buenos Aires.
Ese es el estado de situación en materia de política alimentaria.
Andrés, la participación de todos esos intendentes plantea también el escenario hacia 2027. Hay muchos potenciales candidatos a gobernador cuando Axel Kicillof no pueda ser reelecto. ¿Cuál es su reflexión sobre la conveniencia de que un gobernador haya sido previamente intendente y quiénes podrían ser los mejores candidatos del peronismo en la provincia?
Es muy pronto para hablar de diseños electorales porque en términos económicos y sociales la situación es de tal gravedad que es muy difícil, a veces, adentrarse en esas cuestiones.
Pero, por supuesto, la necesidad y la urgencia de encontrar una salida política a la pesadilla de Milei, a la situación nacional y de consolidar una construcción política en la provincia de Buenos Aires que pueda apuntalar esa perspectiva hacen que este debate también se precipite.
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Por supuesto que los intendentes, en general, tienen una experiencia muy vasta. También hay una realidad: la historia reciente de la provincia nos dice que, en general, no han sido intendentes los que han logrado llegar a la gobernación.
En el caso, haciendo memoria en voz alta, de Eduardo Duhalde, que era intendente, llegó a la gobernación, pero luego de haber sido vicepresidente, es decir, con una instalación de carácter nacional.
Después hay muchos compañeros y compañeras con gran capacidad. Me parece que, más allá de los nombres, lo que nosotros tenemos que buscar es el ordenamiento de una fuerza política que hoy tiene matices y diferencias.
Y nuestra sociedad, o los sectores que están sufriendo más las políticas de Javier Milei, nos reclaman con urgencia que podamos deponer cualquier tipo de egoísmo para poder resolver una solución conjunta a este problema tan acuciante.
Ahora, con ese mismo objetivo, el mejor candidato en la provincia también es clave para la presidencial. ¿Quién podría atraer más votos en Buenos Aires y traccionar a nivel nacional?
Bueno, por eso digo: más que nombres, necesitamos una síntesis inteligente. Yo mencioné recientemente la gestión de Jorge Ferraresi como modelo, pero hay muchos compañeros y compañeras con capacidad.
Podemos mencionar a Julio Alak, Gabriel Katopodis, Federico Achaval, Federico Otermín. Hay muchos dirigentes. La buena noticia es que hay muchos candidatos. Después decide el pueblo y quien conduce el proceso, en este caso Axel Kicillof como presidente del Partido Justicialista bonaerense.
Andrés, en eso algo más allá de los nombres que tiene que ver con determinadas características e hipótesis de cuáles tienen que ser los atributos. O sea, todos son o fueron intendentes. Eso transmite la perspectiva —por lo menos desde fuera— de que la gestión es fundamental y que se evalúa la gestión y la experiencia, mientras que últimamente lo que venía sucediendo, por lo menos en las elecciones nacionales y también en la provincia de Buenos Aires, es que muchas veces se privilegiaba no la experiencia en el distrito ni en la administración ejecutiva, sino la visibilidad de la persona en los medios de comunicación. ¿Es una sobreinterpretación de mi parte o el hecho de que sean todos intendentes implica una búsqueda de priorizar la gestión y el conocimiento del territorio?
Despegarse de la elección nacional es imposible. Hoy la urgencia es cambiar las políticas nacionales. Además, por la capacidad del Estado nacional, por la definición en materia de política económica y por los instrumentos macroeconómicos que dispone, es muy difícil pensar una gobernación o una intendencia sin un marco que plantee un proyecto nacional que ponga la producción y el trabajo en el centro y tenga sensibilidad social para salir de este momento tan dramático.
Después, en la provincia hoy tenemos el caso de Axel Kicillof, que si bien tenía experiencia de gestión como ministro de Economía y experiencia legislativa, resultó ser un gran gobernador, de los mejores que podamos tener memoria, por su contracción al trabajo, su empatía, su conocimiento de la gestión y también su honestidad, que creo que es un atributo fundamental en este momento que atraviesa la Argentina.
Fíjese, Andrés: son pocos los candidatos del peronismo a presidente —en el caso de Axel Kicillof la distancia en su nivel de instalación es muy grande con el resto—, mientras que aparecen muchas más figuras con proyección en la provincia de Buenos Aires. ¿Se puede leer de eso que el peronismo tiene más posibilidades de ganar la provincia que la Nación, o más dificultades para imponerse en un balotaje a nivel nacional?
No creo que la diferencia de instalación en el escenario nacional, en el caso de la figura de Axel, remita a eso. Me parece que responde a un posicionamiento muy nítido que él tuvo desde el primer día de la gestión de Javier Milei.
Además, también podemos decir que fue un sobreviviente de la experiencia previa del peronismo en el gobierno nacional, la del Frente de Todos, que claramente decantó en una profunda desilusión. Y Axel, por capacidades propias, pudo salir casi indemne de esa situación, que fue muy compleja.
Y eso, en un momento en el cual muchos actores eligieron la prudencia o la espera, le generó un capital político que hoy lo ha posicionado.
Y creo que, en el caso de la provincia de Buenos Aires, justamente producto de la gestión del gobernador Kicillof, hoy se pueden lucir muchos compañeros y compañeras que están en la gestión.
Entonces creo que eso marca la diferencia en términos de potenciales candidatos en un ámbito y en el otro.
Andrés, cuando uno compara la provincia de Buenos Aires con la Nación, donde existe el balotaje, y observa que en la provincia —donde no hay segunda vuelta— el peronismo ha tenido históricamente mayor continuidad en el poder, ¿cree que esa diferencia de sistema electoral afecta las chances del peronismo? ¿Y si la estrategia debería ser ganar en primera vuelta o prepararse para un eventual balotaje?
La estrategia del peronismo tiene que ser ganar.
Esto es como en el fútbol: si es 1 a 0 en tiempo de descuento, por supuesto que se cumple el objetivo. Desde ya coincido en que nosotros tenemos que generar una propuesta lo suficientemente inteligente y convocante para tratar de encarar el proceso electoral con un mayor nivel de chances en la elección general.
Me parece que eso es algo lógico: todo el mundo, cuando sale a la cancha, no quiere ir a una definición por penales, sino que prefiere ganar en los 90 minutos.
Y de llegarse a una situación de balotaje —y esto es todo muy potencial, estamos hablando a futuro—, se verá.
Hoy nosotros estamos en pleno reclamo de alimentos para los chicos en las escuelas y, en paralelo, también damos estas discusiones. En términos sociales uno lo ve muy lejos porque la situación actual es muy crítica, pero en términos políticos las cosas pueden precipitarse.
La verdad es que nosotros tenemos que trabajar para resolver la diáspora del peronismo a nivel federal. Creo que las derrotas, y sobre todo una derrota tan dolorosa como la de 2023, no solo implicaron perder la Nación sino también reducir la cantidad de gobernadores peronistas a seis, algo inédito.
Entonces tenemos que ver cómo resolvemos esa situación y, en ese contexto, la cohesión o la fortaleza de la provincia de Buenos Aires funciona como un faro para el resto del país.
GD/ff