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MODO FONTEVECCHIA
EDUCACIÓN PÚBLICA

Balance de un rector del conurbano sobre la marcha universitaria y el avance del modelo de la competencia

El titular de la UNDAV, Jorge Calzoni, desglosa las claves de un conflicto que trasciende lo económico para convertirse en una disputa de modelos. Según él, el desinterés estatal en ciencia y técnica representa una amenaza directa al desarrollo soberano y a la movilidad social de los argentinos.

Marcha de universidades
Marcha de universidades | CEDOC

La histórica marcha federal, impulsada por una alianza inédita entre rectores, gremios y estudiantes, cristalizó el rechazo social al desfinanciamiento y la mercantilización de la enseñanza propuesta por el Ejecutivo. Ante este marco, y en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el rector organizador y actual rector de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), Jorge Calzoni, advierte que el ajuste sobre la universidad pública no solo golpea salarios y becas, sino que pone en riesgo un pilar democrático esencial para el desarrollo científico y la movilidad social del país.

El ingeniero y académico argentino, Jorge Calzoni, es rector organizador y actual rector de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), cargo que ocupa desde la creación de la institución. Su gestión se ha caracterizado por un fuerte enfoque en la inclusión educativa y el rol social de las universidades en el conurbano bonaerense. Además de su labor en la UNDAV, ha tenido una participación activa en el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), donde llegó a desempeñarse como presidente, y ha ocupado diversos cargos técnicos y políticos relacionados con la gestión de políticas públicas.

Elegimos a la Universidad de Avellaneda para que nos haga un balance de lo que sucedió ayer, teniendo en cuenta que además es una de las universidades públicas más jóvenes creadas últimamente.

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En principio, creo que fue una marcha muy masiva que vino generándose a partir de conflictos crecientes con los gremios docentes, no docentes y con los propios estudiantes nucleados en la FUA, a partir del congelamiento de becas. Con problemas de gastos de funcionamiento, hemos perdido casi el 64%, y la caída de la capacidad salarial de los docentes y no docentes supera el 44%.

Ante la falta de diálogo y de salidas a esta situación, se terminaron convocando todos los gremios, todos los estudiantes y los rectores nucleados en el Consejo de Rectores de la Argentina. Hemos convocado una marcha que creo que fue muy masiva, federal y que ocurrió a lo largo y ancho de todo el país. No me atrevo a dar un número, pero fue muy importante.

Se vio mucha familia, mucha gente acompañando y también distintas participaciones de partidos políticos de diferente color. Creemos que fue una marcha muy impactante y, fundamentalmente, que la universidad pública argentina es un valor desde el ‘83 para acá. Es una de las pocas cosas en las cuales nos hemos puesto de acuerdo los argentinos en defender.

Y esta es la cuarta vez que sucede algo así. Estamos entrampados en una situación de la que no podemos salir.

¿Cuál es su propia interpretación? Y acá le pido un análisis más hermenéutico que cartesiano. ¿Cuál es su conjetura de por qué el presidente Javier Milei, habiendo sido profesor universitario, enfrenta a las universidades como uno de sus sujetos principales de controversia, al punto de que generó en dos años y medio cuatro marchas? No hay otro sujeto social con el cual haya confrontado tanto como la universidad pública.

Es difícil saber eso. Habría que estar en su cabeza. Creo que hay un desconocimiento del funcionamiento de la universidad pública. Según sus propias declaraciones, le da un tinte político-ideológico. Yo creo que eso no es así. En las universidades conviven todas las miradas políticas e ideológicas. Podemos acordar o no acordar, pero conviven todas.

Y me da la sensación de que él piensa que hay ahí, aunque no lo ha dicho concretamente, adoctrinamiento, cosa que realmente no es factible que suceda. Por otro lado, me da la sensación de que el problema es el modelo económico. Básicamente, cuando uno ajusta, lo más fácil es hacerlo sobre algunas cuestiones claves. Siempre sucede lo mismo en este tipo de gobiernos: tanto salud como educación y jubilaciones son los tres sectores donde es más fácil ajustar.

El problema es que ese ajuste no termina de consolidarse nunca porque se supone que, después de ajustar, se pueden empezar a generar condiciones macroeconómicas más favorables, pero eso no sucede. Entonces se pierde el equilibrio fiscal y se vuelve a ajustar. Es un ciclo vicioso del que claramente no podemos salir.

Los países centrales a los que dice admirar Milei invierten mucho más en educación y en ciencia y técnica. En Argentina esa inversión es del 0,4%, siendo optimistas, este año. En países centrales como Estados Unidos e Israel, por ejemplo, a los que él admira, está por encima del 4%. Y eso tampoco sucede aquí en la Argentina.

Estamos perdiendo investigadores, docentes y una cantidad de situaciones que va a ser muy complicado recuperar. El deterioro se da día a día. Fíjese que el último mes tuvimos una inflación del 3,4% y el incremento salarial fue del 1,7%. O sea, se sigue perdiendo frente a la situación macroeconómica.

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Yo no sé cuál será el fondo de la cuestión, pero creo que hay una matriz económica, por un lado, y una política, por el otro, muy sostenida. Básicamente, la economía no responde y, ante eso, este es un sector que no priorizan, no entienden. Creo que hay algunos integrantes del Gobierno que consideran que la universidad debería ser un producto más, una mercancía más, y no un derecho, como está contemplado en la Constitución.

Me parece que tenemos una cuestión de diálogo muy compleja y uno ve difícil la salida ante esta situación.

Ahora, ¿cómo sería? Porque el 80% del total de los dos millones de estudiantes universitarios de la Argentina están en universidades públicas y el 20% en universidades privadas. Es decir, hay 400.000 alumnos en universidades privadas y 1.600.000 alumnos en las universidades públicas. No habría manera de trasladar a lo privado esa enorme cantidad de estudiantes de lo público. Habría que multiplicar lo privado por cuatro, algo que podría llevar décadas, aun si existieran los recursos para realizarlo.

Totalmente. Primero, hay una lógica en el funcionamiento del sistema universitario argentino, tanto de universidades públicas como privadas, que es bastante sólida. Tenemos buen diálogo con todas las universidades. Creo que eso es lo primero que hay que decir: no hay una competencia en ese sentido.

Lo segundo es que la universidad pública cumple algunos roles que es mucho más difícil que puedan cumplir ciertas universidades privadas. Un tema es la investigación. De hecho, hemos avanzado mucho estos últimos años en generar investigaciones conjuntas.

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Pero la universidad no es solamente el aula y la enseñanza. Es investigación, extensión universitaria, relaciones internacionales e intercambio. Y realmente es, como usted dice, muy complejo que esto se pueda resolver por una cuestión casi ideológica, como decíamos antes. Requiere mucha inversión y evitar perder un expertise que la Argentina tiene desde hace muchos años.

La primera universidad argentina nace en Córdoba en 1613. Hoy recordábamos, en un encuentro, que es una de las instituciones más viejas del mundo. Después de las iglesias viene la universidad, que existe desde el siglo X. Por eso, querer modificar eso simplemente con el desfinanciamiento parece muy pobre y muy difícil de cambiar.

Lo que sí es cierto es que las universidades se van modernizando a lo largo del tiempo, en los diseños curriculares y en distintas estrategias para la retención y el egreso, donde claramente hay dificultades. Pero eso requiere inversión, más inversión, no menos inversión. Y ahí creo que está el nudo de la cuestión.

MV/fl