En un hecho que no se repetía desde hace casi un cuarto de siglo, la máxima autoridad del Fondo Monetario Internacional volvió a pisar suelo argentino. Sin embargo, a diferencia de aquellos tensos y ríspidos encuentros del pasado, la llegada de Kristalina Georgieva a la Argentina —con una simbólica e inédita escala en Vaca Muerta— plantea un escenario geopolítico y económico sustancialmente distinto.
Para profundizar en el verdadero alcance de este gesto internacional, conversamos en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), con Claudio Loser, exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, quien fue testigo presencial de la última visita de un número uno del organismo al país. En una charla exhaustiva, el economista ofreció su mirada sobre el respaldo implícito a la gestión de Javier Milei, advirtió sobre los riesgos de caer en discursos rupturistas respecto al pago de la deuda y reflexionó sobre qué tipo de liderazgo económico necesita la Argentina para consolidar la disciplina fiscal a largo plazo.
Claudio Loser es un economista graduado de la Universidad Nacional de Cuyo y doctorado en la Universidad de Chicago. Desarrolló gran parte de su carrera profesional dentro del Fondo Monetario Internacional, liderando las negociaciones y el monitoreo de las economías latinoamericanas durante casi una década, incluyendo la dirección del Departamento del Hemisferio Occidental. Es director, fundador y presidente ejecutivo de Centra Latinoamérica, una consultora desde la cual analiza la política económica internacional y regional.
—Muy buenos días, Claudio. Muchas gracias por estar, como siempre, allí cercano a nosotros. Tenemos la visita de la número uno del Fondo Monetario Internacional. Casi en un cuarto de siglo, creo que pasaron 23 años de la última visita de un número uno del Fondo Monetario Internacional. Recién asumido Néstor Kirchner fue en aquella oportunidad, y esta vez además con una visita en un sentido hasta podríamos decir palpable, ¿no? El hecho de ir a Vaca Muerta. ¿Qué sentido le asigna usted a esta decisión de, además de venir a la Argentina, ir a Vaca Muerta?
—Bueno, fue hace 23 años, sí; un período largo. Yo participé en esa visita del señor Köhler, que era el jefe del Fondo en ese momento. A esta visita la considero de relaciones públicas con un cliente, entre comillas, que es el más importante, el principal deudor del Fondo, donde el Fondo considera que las cosas están bien. Esto es de apoyo a Milei y no un viaje de negociación, a mi juicio. Así que el hecho de que vaya a Vaca Muerta indica que hay mucho de eso, que está mirando la realidad argentina más allá de los papeles. Así que es fundamentalmente de apoyo. Por supuesto, van a hablar del programa. Supongo que hay algunos elementos que le pueden preocupar, aunque no son tan claros, pero fundamentalmente es de relaciones públicas, de apoyo a Milei y probablemente un poco de análisis o reuniones con gente, ya sea del empresariado y de los sindicatos. Así es como lo veo.
—Así que usted estuvo anterior, en la última...
—Sí, hace casi 25 años.
—Hace casi un cuarto de siglo, exactamente.
—Cuando era joven y lindo, perdón.
—Fue ríspida. ¿Se puede sacar alguna conclusión allí de ciertos cambios de época respecto de cómo es hoy una visita del número uno del Fondo Monetario Internacional? ¿Puede sacar alguna conclusión de su propia experiencia? Usted dice: "Este es un viaje de apoyo y no de negociación". Aquella fue de negociación, ¿y cómo?
—Esa fue de apoyo también. Hubo visitas a otros países, como a Brasil. Lo que pasa es que la visita en aquel momento era... El director gerente del Fondo, el señor Köhler, que después fue presidente de Alemania, era alguien de poca paciencia; no era la persona más diplomática y estaba enojado con los argentinos porque decía que no hacían los trabajos que tenían que hacer, no hacían los deberes. Entonces, en las reuniones, no tanto con las autoridades —aunque era complejo—, pero con el empresariado y con los sindicatos, no mostró una gran simpatía porque decía: "No quieren reconocer lo que pasa". Estoy hablando de hace 25 años. Hoy yo creo que vamos a tener una visita muy diferente; me sorprendería que hubiera ese tipo de cosas. O sea, realmente esa fue una visita, que yo en ese momento tenía la posición de director del Departamento del Hemisferio Occidental y me sentía muy incómodo en la Argentina. No es que estuviera de acuerdo con lo que decían los argentinos, pero creo que hoy estamos en una situación diferente. No sé si estoy siendo claro.
Georgieva llega para negociar y la CTA y la UTEP la esperan con un "comité de recepción" en la calle
—Está siendo muy claro. Claudio, uno de los temas cruciales en la discusión sobre el futuro rumbo de la Argentina, que coloca el sector más a la izquierda, que podríamos decir representa hoy Cristina Kirchner y sus seguidores, tiene que ver con el reconocimiento o no reconocimiento de la deuda con el Fondo Monetario.
—Lo de los Kirchner es totalmente irrealizable y lo que podría llegar a hacer es expulsar a la Argentina del Fondo, con lo cual terminaría su relación no solamente con el Fondo Monetario, sino con el Banco Mundial y probablemente con el BID. O sea, es para consumo interno y totalmente irrealizable.
—Clarísimo. Bueno, suponía su respuesta, por eso mi pregunta. Y continuando con ese planteo: la única solución de la economía argentina respecto de su deuda es bajar su Riesgo País y volver al mercado voluntario de deuda. Una alternativa sería que sea reelecto Milei eternamente; otra, que sea electa una persona a la que se le asignen ideas de izquierda y que mantenga la disciplina fiscal, como fue el caso de Brasil. ¿Cuál cree usted que tendría que ser la medicina para que la Argentina genere confianza mundialmente? ¿La reelección continua —lo planteo obviamente en un sentido extremo— de alguien como Milei o personas parecidas a Milei, o por el contrario la elección de personas bien distintas ideológicamente a Milei, pero que mantengan la disciplina fiscal?
—No me convence la segunda. La primera... bueno, tiene que haber algún grado de flexibilidad. Yo creo que cuando Lula subió al poder —estoy hablando a fines de los 90, principios de los 2000— se pensaba que era un desastre y tuvo una trayectoria muy seria.
—Exacto.
—Por supuesto, si viene alguien presuntamente de izquierda y dice: "Vamos a mantener la política macroeconómica en forma responsable", eso puede ser una alternativa. Ahora, debo confesar que es muy difícil para mí elegir, dado que considero que no hay blanco y negro o yin y yang en estas cosas, sino que tiene que haber una cosa mezclada.
—¿Cómo califica usted a Lula? Yo usé la palabra "izquierda", a lo mejor me extremé en el uso del adjetivo. ¿Una persona de centro? ¿Cómo la califica usted?
—Yo creo que en este momento es de centro efectivo, sin tanta fuerza como tenía antes y con un discurso de izquierda, de los trabajadores, porque quiere atraer a mucha gente. Brasil no tiene interés en una política izquierdizante fuerte como la que puede haber en otros países.
—Bueno, entonces a eso me refería. A lo mejor no un presidente de izquierda, sino de centroizquierda con tendencia al centro.
—Sí, eso puede ser. O sea, eso yo creo que tranquilizaría, pero con un compromiso fundamental a que la cosa macroeconómica se va a mantener y diciendo que la Argentina tiene que integrarse al resto del mundo y no tener una política de encerrarse, en la que no es el único. Creo que otros presidentes hacia el norte también tienen ese tipo de tendencia.
—La carta a los brasileños que escribió Lula previo a ser electo, prometiendo cumplir con la ortodoxia fiscal...
—Correcto. Hizo toda la diferencia.
—Hizo toda la diferencia, y Meirelles de presidente del Banco Central, ¿no? ¿Quién sería un Meirelles en la Argentina si asumiese un gobierno que genere sospechas de indisciplina fiscal, un gobierno que no sea de derecha? ¿Quién podría ser el Meirelles que equilibraría eso, además de usted?
—No, yo soy un viejecito (risas) con poco entrenamiento político, así que me resulta un poco difícil...
—Pero que no sea una persona en particular, sino cuál tendría que ser la característica. Meirelles, por ejemplo, era presidente mundial de uno de los bancos más importantes en aquel momento.
—Correcto.
—Alguien, por ejemplo, de...
—Bueno, tiene que ser alguien con experiencia financiera, por cierto, pero diría con muy fuerte capacidad analítica económica. O sea, tendría que ser no necesariamente alguien de la academia o de la universidad, sino alguien que tenga una sólida preparación. Estoy pensando Daza, no estoy hablando de él específicamente, pero que entienda cómo se baila pero que también haya salido a bailar, si puedo ponerlo de manera poco técnica.
—Me parece correcto. O sea que sería lo que a lo mejor usted dice: tiene que tener una combinación de conocimientos académicos y conocimientos prácticos, que es lo que se le critica generalmente a Caputo, que tiene los prácticos pero no los académicos, por decirlo de alguna manera.
—Es verdad. O sea, ahí... y no estoy hablando de política. Lo que pasa es que Milei en la parte económica sí tiene buenos fundamentos. Puedo estar en desacuerdo con algunas cosas, pero tendría que ser alguien que combinara esto.
—Claudio, muchas gracias nuevamente por su predisposición de siempre. Una vez que concluya la visita de Kristalina Georgieva a la Argentina, lo vamos a volver a molestar para hacer un balance. Muchísimas gracias.
—Con el mayor gusto; nunca me molesta.
—Muchas gracias.
—Es un placer hablar con usted.