Osvaldo Giordano coincidió con las críticas de Domingo Cavallo a la política monetaria del Gobierno y advirtió que, aunque existen “fortalezas” en el rumbo económico, “el vaso está también medio vacío”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el economista sostuvo que “el nivel de producción hace un año que está estancado”, cuestionó que se esté “exagerando” el objetivo de bajar la inflación y reclamó avanzar hacia “un régimen monetario definitivo con más libertad” para impulsar el crédito y evitar que los ahorros “vayan al colchón”.
Osvaldo Giordano es licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Córdoba, especializado en finanzas públicas y sistemas previsionales. Actualmente se desempeña como presidente del IERAL. En el sector público, se desempeñó como director ejecutivo de ANSES entre 2023 y 2024. Fue ministro de Finanzas de la provincia de Córdoba y presidió la Caja de Jubilaciones de Córdoba, donde lideró procesos de modernización administrativa. Como consultor internacional, ha trabajado para organismos como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.
En tu editorial del 4 de mayo de Novedades Económicas utilizaste la figura “llenar el vaso”. Planteás que hay fundamentos para ver el vaso medio lleno, pero también medio vacío. De alguna manera, me conecta con la idea de Mauricio Macri: que el PRO no sería un paso atrás, sino que vendría a completar el proceso de cambio. Me gustaría que conectes esta metáfora tuya del vaso medio vacío, con la de Macri de que falta completarlo.
Sí, efectivamente. En Novedades Económicas de mayo, en la editorial, planteábamos este tema de que hay mucha polémica en la observación de la realidad que vive hoy la Argentina en materia económica y con visiones muy extremas. Algunos piensan que estamos al borde del paraíso y que vamos muy bien, y con euforia plantean un futuro promisorio; y otros entran en un extremo pesimismo y señalan que la crisis ya está y es inminente su profundización.
Lo que tratamos de hacer, como siempre en el IERAL de la Fundación Mediterránea, es una mirada lo más objetiva posible. Y apenas entramos con esa perspectiva encontramos que hay fortalezas, pero también debilidades. Fortalezas, y creo que a esas probablemente Mauricio Macri se refiere, es que se ha hecho un progreso importante en materia, sobre todo, fiscal, de integración al mundo, de desregulación, que son valores que hay que conservar y que marcan un cambio de rumbo que es necesario preservar y profundizar. Pero también las debilidades.
Cuando uno mira, por ejemplo, no solo lo que por ahí mira más el Gobierno, que es la resistencia de la inflación a terminar de bajar, sino algo que yo creo que es mucho más importante y que habría que darle más atención, es que el nivel de producción hace un año que está estancado. Y, en la medida en que no logremos dinamizar la producción, los problemas se nos van acumulando. No solo el malestar justificado de la gente porque obviamente, con producción estancada hay menos salario, menos empleo, sino incluso hasta el sostén del programa económico y fiscal se hace mucho más difícil con una situación de estancamiento productivo.
Por lo tanto, esto de completar el proceso es fundamental y, naturalmente en nuestra perspectiva es lo más importante discutir eso: hacer un buen balance y, a partir de ese buen balance, definir qué cosas habría que hacer para completar este cambio muy importante que experimenta la Argentina.
Vos mencionaste textualmente que “la expansión del crédito es vital”. Dijiste: “No es casual que sea escaso”. En consecuencia de los desequilibrios macroeconómicos prolongados, uno lo llevaría a pensar en el temor de los bancos a prestar, dado que luego no puedan devolver los créditos. De hecho, el caso de la mora hoy es muy alta, pero no me parece que ese sea el mayor problema. Si no entiendo mal, el problema es que el Gobierno ha decidido aumentar los encajes a niveles en los que le quitó a los bancos la capacidad de prestar, y lo hace a propósito porque teme que, si hay liquidez, crezca la inflación. O sea, que lo primero que le interesa al Gobierno es bajar la inflación más que la actividad económica. ¿Es correcto decir que el principal problema de la falta de crédito es que el Gobierno subió los encajes y no los quiere bajar lo suficiente como para que haya aumento de crédito?
Efectivamente yo creo que hay un problema de ponderación de objetivos. Creo que se está exagerando, sobre todo por parte del Presidente, el objetivo de bajar la inflación, que obviamente es deseable, importante, pero por ahí hay que ser un poco más pacientes y darle más ponderación al objetivo de la producción. Para lograr más producción hay muchas cosas por hacer: reformas estructurales. Pero una de las que más a mano tenemos en el corto plazo es la expansión del crédito. Para que el crédito se expanda, efectivamente algunas regulaciones bancarias son muy importantes.
Una es la que vos señalás: los encajes. El Gobierno efectivamente había llegado a encajes extremadamente altos, sobre todo en la crisis del año pasado con las elecciones y demás. Ha estado reduciéndolos, pero todavía queda un tramo por hacer. E incluso hay una parte un poco más polémica, que es los encajes sobre los depósitos en dólares. Es decir, en el sistema bancario los argentinos ahorramos en dólares y los pocos ahorros en dólares que no van al colchón van a los bancos, y los bancos no los pueden prestar por regulaciones bancarias. Sería bueno también revisar eso para que opere como factor dinamizador.
Pero lo más importante son los ahorros de los argentinos que se van al colchón. Ahí hay un drenaje de recursos, una pérdida que es muy recesiva. Son más de 2.000 millones de dólares que todos los meses los argentinos, por esta desconfianza estructural que tenemos, sacamos del circuito económico. Y si pudiéramos revertir eso sería muy expansivo.
Para hacer eso se necesitan cambios más profundos, o terminar de hacer los cambios que se vienen haciendo en términos de darle forma a un nuevo régimen monetario, eliminando totalmente el cepo, permitiendo el libre ingreso y salida de capitales, de manera de generar un contexto que induzca a que más gente confíe en que sus ahorros no van a ser confiscados como en el pasado y, de esa manera, el crédito cumpla el rol que cumple en otras economías.
Si uno compara Argentina con países vecinos, encuentra que el crédito en general es ínfimo y podría ser mucho más alto, porque el ahorro está; solo que el ahorro no va a la intermediación financiera debido a que todavía tenemos un régimen monetario provisorio que no genera el contexto favorable para que esos recursos entren al circuito.
El café militante todavía se resiste al café de autor
Vos estás de alguna manera coincidiendo con Cavallo en la polémica que generó hace dos días, pero estás uniendo dos temas. Porque Cavallo hace una crítica fundamental a la política cambiaria y vos lo que decís es que, si se sacara el cepo, se liberaran todas las trabas que quedan todavía sobre el sistema monetario, tendría dos ventajas: una, que además aumentaría el crédito; además de que aumentaría el dólar y haría más competitivas a las empresas argentinas. O sea, coincidís con Cavallo y profundizás la crítica respecto a la política monetaria, que además tiene consecuencias no solamente en el nivel de actividad por la mayor competitividad que tendría un dólar más caro, sino también porque la gente dejaría de poner el dólar en el colchón.
Efectivamente. Yo creo que la mayoría de los economistas coincidimos, incluso el equipo económico, en que hay que ir hacia un régimen monetario definitivo con más libertad: que el tipo de cambio, los movimientos de capitales, dejen claro el rol del Banco Central preservando la moneda y el Tesoro haciéndose cargo de la deuda. Que el Tesoro no se financie con el Banco Central. Ir hacia un régimen como el que tiene Perú, con mucho éxito: aun en un contexto político adverso, mantiene la estabilidad y un orden macroeconómico.
Creo que hay coincidencia en eso. El tema es la velocidad con la cual vamos a ese cambio. Y entiendo, como funcionario que fui, que uno suele ser mucho más audaz cuando habla en un programa de televisión que cuando está tomando decisiones con un rol de función pública. Pero creo que hacer esa etapa final del nuevo régimen monetario implica algún riesgo de que tengamos algún impacto sobre la inflación. Creo que vale la pena asumir ese riesgo porque los beneficios serían mucho más grandes.
Por un lado, tener claro cuál es el tipo de cambio de equilibrio. Hoy no me animo a decir que esté atrasado, pero hay indicios de que probablemente un cambio de régimen mejore el tipo de cambio para muchas actividades. Pero, fundamentalmente, lo segundo: el factor dinamizador del crédito.
Argentina tiene muy poco crédito y es imposible que una economía funcione bien con tan bajo nivel de crédito. Tal vez el ejemplo más visible sea el crédito hipotecario. Nosotros vivimos una anomalía: la gente accede a una vivienda yendo a una escribanía con un montón de dólares. Cuando lo normal, en cualquier país normal, es que la gente, con lo que paga de alquiler, pague una hipoteca y acceda a su vivienda. Eso es totalmente factible si generáramos la confianza para que los ahorros argentinos no vayan al colchón, sino que vayan a financiar, entre otras cosas, el crédito hipotecario.