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MODO FONTEVECCHIA
invisibilización de la población negra e indígena

Desafío al decreto de Milei: una explicación del origen racista de la Argentina

Frente a los discursos que niegan el racismo estructural, la historiadora Magdalena Candioti desarma el mito de la "desaparición" afro e indígena en el Río de la Plata y revela las trampas de un proyecto de nación que buscó blanquear su historia.

Magdalena Candioti 30072026
Magdalena Candioti , doctora en historia | Conicet

En la Argentina, el mito de una abolición limpia y un país homogéneo escondió una trama mucho más compleja. Según explica la historiadora Magdalena Cadioti en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), la libertad tras 1813 fue en realidad un proceso dilatorio donde "esos niños no eran libres, sino libertos, sujetos a un régimen de servidumbre", mientras las élites "se empezaron a autocelebrar y a hablar de la esclavitud en pasado". La idea de una nación exclusivamente caucásica no fue un accidente demográfico, sino un proyecto político sistemático que buscó borrar las huellas del pasado y "declarar en buena hora extinguidos y desaparecidos a indígenas y afroargentinos".

Magdalena Cadioti es Doctora en Historia (UBA), Magíster en Historia (IDAES, UNSAM) y Lic. en Ciencia Política (Universidad Nacional de Rosario). Se desempeña como investigadora adjunta del Conicet con sede en el Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” y es profesora asociada en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral. Además, es autora de obras que abordan la esclavitud, la abolición y la diáspora africana en el Río de la Plata durante el siglo XIX. Escribió, en el año 2021, Una historia de la emancipación negra, trabajo que examina las experiencias y el sufrimiento de las personas esclavizadas en el Río de la Plata, detallando sus luchas legales, el ingreso a los ejércitos como vía de ascenso social y su activa participación en la conquista de libertades.

—En el imaginario escolar, histórico, tradicional, se instaló la idea de que la población negra argentina desapareció rápidamente o que la abolición de la esclavitud ocurrió de un día para el otro, a partir de la Asamblea del Año XIII. Su investigación, por el contrario, muestra cuánto más complejo es. Así que, bueno, me gustaría que nos hiciera una síntesis de lo que su libro cuenta.

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—Creo que estos días han sido de ebullición del interés sobre nuestro pasado y presente negro e indígena. Mi investigación trató y trata de discutir algunos de esos supuestos que bien mencionaba, de nuestro imaginario. Hubo una historiografía que abordaba esta temática, pero quizás más pensando como un conjunto de población que vivía en este país. No se había tratado de cuantificar el tráfico, si bien ahora tenemos mediciones mucho más exactas gracias a una base de datos colaborativa internacional de viajes esclavistas, que pudo cuantificar aproximadamente 40.000 viajes esclavistas y 12 millones y medio de personas traficadas a las Américas.

—¿Y de esos 12 millones de personas, cuántas fueron a la Argentina?

—Aproximadamente 200.000 personas ingresaron por los puertos, fundamentalmente de Buenos Aires y, después, con la creación de Montevideo, también por Montevideo.

—200.000 en una población que en aquel momento no llegaba al millón.

—No, era muy pequeña, pero no todos permanecen en el área del Río de la Plata, sino que se van redistribuyendo desde estos puertos a Buenos Aires, a Córdoba, que es un centro de distribución bastante importante, Santa Fe; van para el norte, para Paraguay, para el Alto Perú, para Cuyo y para Chile. Entonces es un ingreso más general que el que quedara en el territorio argentino.

Imaginate que la aceleración del tráfico se da desde la creación del Virreinato del Río de la Plata, en 1776. Y entre esa fecha y 1812, que es cuando se prohíbe el tráfico esclavista, entran aproximadamente 70.000 personas. Y Buenos Aires, en ese momento, en 1776, tenía 30.000 habitantes. O sea, que ingresen por año 2.000 personas, más allá de que se vayan a redistribuir, era realmente importante. De hecho, en 1810, el 33% de la población, en el censo con el que contamos, era negros y mulatos.

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—Un tercio de esa población eran negros o mulatos. O sea, o negros o hijos de negros.

—Lo que por ahí llamamos hoy africanos y afrodescendientes. Entonces, a mí me interesaba, por un lado, investigar cómo había sido ese proceso de emancipación, ese proceso de abolición, que siempre se había contado como muy fácil. De hecho, existe esta confusión: si fue en 1813. No todos tenían claro que fue la Constitución de 1853 la que, en verdad, abolió la esclavitud. Y, haciendo esta investigación, yo me encuentro con un reglamento que se llama...

—Lo que decía la de 1813, lo que planteó fue la libertad de vientres.

—Exacto. Ya un año antes, en 1812, se había decretado la prohibición del tráfico esclavista. Es como que hay un tándem, que le llamo, de políticas de abolición gradual, que es decir: "Bueno, no van a ingresar más esclavizados". Era parte de un ambiente, de una discusión y un diálogo atlántico que se venía dando desde las campañas abolicionistas del tráfico en Inglaterra, que no eran campañas a favor de la abolición de la esclavitud como institución, pero sí ya se iba creando esta opinión pública contraria al tráfico esclavista.

Entonces, Buenos Aires, precisamente con motivo de las primeras fiestas mayas que se van a llevar adelante... Bueno, las segundas, en realidad. Van a decir: "Sorteemos la libertad de unos esclavos". Y el Triunvirato va a decir: "Celebremos de modo tranquilo, no hagamos grandes fiestas; en cambio, hagamos un sorteo". Y así el Triunvirato se va a querer mostrar más contrario a la esclavitud y terminan diciendo: "Bueno, prohibamos el tráfico". Entonces, el Triunvirato prohíbe el tráfico.

Y al año siguiente se dice: "Bueno, no van a ingresar nuevos y, a su vez, los niños que nazcan en esta nueva república, que tiene estos principios liberales, no tienen que ser esclavizados". Pero un poco ahí encontré esta trampa, que es este reglamento de educación y ejercicio de los libertos, que cambia las palabras y cambia las cosas, porque dice que esos niños no son libres y no, son libertos. Entonces van a estar sujetos al patronato de los amos de sus madres. Van a tener que servirlos gratuitamente hasta los 16 o 20 años. Esto, después, según las provincias, se va a ir incrementando esa edad.

Entonces van a quedar sujetos a un régimen bastante ambiguo. Van a tener que trabajar gratuitamente para ellos y ese servicio va a poder ser comprado y vendido. Entonces es realmente como un buffer, es una forma de dilatar bastante el carácter efectivo de esa libertad. No es esto que nosotros imaginábamos: "Estos niños nacen inmediatamente libres". No. Son libertos, van a ser comercializados, van a estar sujetos a muchas restricciones en su vida, van a poder ser separados de sus familias. Entonces, muchos rasgos que constituían la vida de una persona esclavizada van a seguir vigentes para estos jóvenes.

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Mostrar ese carácter gradual es central para reconstruir algo que quizás la historiografía no había reconstruido con tanto detalle, que es pensar esa historia como la historia de un nosotros. Entonces traté de reconstruirla desde la perspectiva y la vivencia de esas personas, que son nuestros antepasados, que son parte de nuestra historia.

Y reconstruirlos no sólo como víctimas, sino también poder dar cuenta de sus estrategias: cómo van a la Justicia, cómo tratan de resistir los abusos, cómo tratan, por ejemplo, estos niños, las personas, no saben cuándo nacieron. Entonces, muchas veces quieren ser comercializados como esclavos y son libertos. U otros que, en realidad, son esclavizados, dicen que son libertos para tratar de escamotear controles a amos que están trasladando libertos por el país...

—Un año o dos de diferencia debía ser difícil decir "nació antes".

—Exacto. Y con meses, incluso. Hay casos súper tristes en los que, cuando buscan los registros parroquiales, que eran la forma en la que los nacimientos se registraban antes de que existiera un Registro Nacional de las Personas, esas actas son las pruebas. Y, bueno, a veces felizmente se registra y se prueba que eran libertos; otras veces, que eran esclavos.

Y un poco lo que a mí me interesaba mostrar con esto era cómo este discurso de "les concedimos la libertad", las élites inmediatamente se empiezan a autocelebrar, a felicitarse a sí mismas, a hablar de la esclavitud en pasado, en un momento en que, cuando yo voy a los protocolos notariales, veo que la actividad constante y diaria de los escribanos es seguir registrando compras y ventas de personas, seguir registrando compras de libertad, porque estas personas no se autoexplotan: tratan de ahorrar y comprar su libertad.

También se transmiten estos patronatos. Y otro punto que me parecía central para discutir sobre nuestra propia narrativa era que siempre se dijo: "Los trataban bien, eran pocos". Y cuando yo te hablaba de los números me parecía importante restituirlos, porque no solamente, en términos cuantitativos, con relación a la población eran relevantes, sino que, si pensamos en términos de las Américas en general, es la mitad de los que ingresaron por los puertos de Estados Unidos. Un esclavo ya es demasiado, pero no es una cantidad insignificante.

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—¿Cuántos entraron a Estados Unidos?

—450.000 son los que entran por barcos directos, según esta base de datos que te contaba, elaborada por muchos investigadores.

—Supongo que sigue Brasil...

—No. Brasil es realmente el lugar donde cinco millones de personas fueron traficadas. Y, de hecho, gran parte de ese tráfico —dos millones de personas— ingresa después de la abolición del tráfico por Gran Bretaña, en 1807. Hay una campaña y Gran Bretaña se compromete a no comerciar con países que sigan traficando esclavos. Algo que no se lleva adelante. De hecho, hay varias leyes que prohíben el tráfico en Brasil y los brasileños dicen: "Para que la miren los ingleses", pero van a seguir traficando. Hay una ley de 1831 y recién en 1850 realmente se va a cortar el tráfico. Entonces, dos millones de esas personas van a ser traficadas a Brasil en un momento en que, en Estados Unidos, el tráfico se corta en 1808. Entonces la mayor cantidad del tráfico del siglo XVIII es Brasil suma en total cinco millones de personas.

—¿Pero del total? ¿Desde el siglo XVI o XVII?

—Cinco millones de personas, de los doce millones y medio traficados, en Brasil. Y en Estados Unidos, 450.000 de barcos directos, de esta base de datos que te contaba. Pero ahora también están reconstruyendo muchos de los barcos que ingresan desde el Caribe.

—No me cierra la percepción respecto de la proporción de la población afrodescendiente.

—Podemos pensar por qué. Porque ahí la diferencia fundamental son las características que va a tener el régimen esclavista, ¿no es cierto? Va a ser un régimen fundamentalmente de plantación, donde va a haber mucho cierre, muchas prohibiciones, sobre todo en el sur, de casamientos interétnicos. Va a haber límites a las manumisiones. Las manumisiones son las compras de libertad o el otorgamiento de la libertad.

—Usted dice que en el caso de Brasil se fueron mezclando, lo que los sociólogos brasileños llaman branqueamento, que eran los procesos continuos de intercambio entre distintos componentes raciales, que iban generando que, por ejemplo, en Salvador, el 98% de la población tenga algún porcentaje de ascendencia africana, aunque la cantidad de personas que uno podría calificar, con el viejo calificativo de "negro", sea un porcentaje mucho menor.

—Sí. Lo que estamos investigando los historiadores es que hay mestizaje violento y mestizaje pacífico. También hay que no olvidarse de la dimensión violenta que tiene gran parte de ese mestizaje, como pasó con la población indígena. Y había posibilidades de, en el mundo hispanoamericano y brasileño, manumitir más fácilmente. Había obstáculos, pero no prohibiciones tan duras sobre los matrimonios interétnicos.

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—No, entiendo perfectamente. Había voluntarios y siempre era la mujer la que generaba ese proceso, como en Brasil llaman branqueamento. En Brasil es un tema absolutamente estudiado y central, al punto de que se plantea directamente que Brasil crea una nueva raza, un pueblo con un componente particular y único producto de ese proceso, que no siempre fue meritorio. Ahora, en el caso de Argentina, lo que decimos es que Brasil finalmente tuvo mayor tráfico de esclavos porque siguió haciéndolo, mientras que en Estados Unidos dejó de hacerse a comienzos del siglo XIX. En la Argentina, ¿cuál es el total? ¿Eran estos 200.000 que usted mencionó?

—200.000 son los que ingresan. Son africanos que ingresan en 250 años de tráfico. Van a ir redistribuyéndose por todas las ciudades. Van a tener distintos porcentajes.

—Y algunos, como usted decía, también fueron a Paraguay, a Uruguay, a Chile. Pero en el momento de 1810, un tercio, en ese momento, la población de Buenos Aires era de 30.000 personas.

—Eran 50.000 personas

—¿Y de esos cuántos eran afrodescendientes?

—El 33%.

—Muy bien, o sea, unas 15.000 personas. Entonces, la respuesta cuando mucha gente dice: "Bueno, ¿pero por qué entonces desaparecieron?". Porque probablemente el gran tema es que la diferencia que tuvo Argentina es que luego entraron millones y millones de europeos en el siglo XX.

—Sí, eso tuvo un rol central, seguramente, en términos del descenso relativo.

—Pero no absoluto. ¿Hoy cuántos hay?

—Hoy declararon 300.000 personas en el último censo.

—Perdóneme, no es que desaparecieron. Hay diez veces la cantidad que había en 1810. Nada más que la población europea, por la inmigración, los redujo proporcionalmente. Pero hoy nosotros tenemos 300.000 personas afrodescendientes en la Argentina.

—Tal cual. Y es un movimiento muy activo. También tenemos que pensar que no todos los que son afrodescendientes se saben afrodescendientes, porque esta idea de la desaparición fue una construcción bastante planificada y persistente, que comenzó, en cierto sentido, como yo le contaba al principio, desde que se toman estas medidas de abolición gradual. Se empieza a decir: "No hay esclavos".

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Y esa idea de contrastar con otros escenarios también es contemporánea. Los contemporáneos, durante toda la primera mitad del siglo XIX, van a estar diciendo: "Ah, porque la esclavitud verdadera es la de Brasil", mientras acá se seguían comercializando personas cotidianamente. Entonces hay una construcción que se acelera en la segunda mitad del siglo XIX de declararlos desaparecidos, de declarar que acá no hay población negra. Y las élites, en sus momentos más positivistas y más racistas, en términos más expresos, van a estar diciendo: "En buena hora".

El mismo Alberdi decía que esta población de acá era incorregible, que había que traer "pedazos vivos de Europa", el obrero inglés, y así construir un país civilizado. Sarmiento, uno podría decir que tenía una visión más reformista, pero tiene múltiples escritos, más allá del rol que le atribuía a la educación, sumamente despectivos con los afroargentinos y, quizás, todavía más con los indígenas.

Entonces, también la idea de que, cuando teníamos, por ejemplo, en el caso de Buenos Aires, una vivísima y activísima comunidad afroargentina que publicaba periódicos... El primer periódico que ellos publican se llama La Raza Africana o El Demócrata Negro. Y ese periódico va a estar discutiendo cuál es el lugar que tienen los afroargentinos, cómo hay unas promesas de igualdad, pero siguen siendo víctimas del desdén y de la burla, cómo esa igualdad no es real.

Y, de hecho, Sarmiento va a combatir ese periódico. Va a decir que, seguramente, quien lo escribió no lo escribió realmente, que estaban siendo manipulados, y se preguntaba por qué tenían ese proyecto de aislarse, de construir una comunidad, cuando tenían que fundirse en este proyecto nacional que prometía que los colores y las ascendencias no iban a ser relevantes.

Y un poco lo que yo pienso y lo que planteo en mi trabajo es que ahí hay una trampa. Porque esa promesa de objetividad o de una nación sin un supuesto racial, o de una nación sin racismo, terminó negando la contemporaneidad y la realidad de esa presencia, al punto de que durante mucho tiempo desconocimos todas las contribuciones de esa comunidad.

—Ellos también fallecieron en la lucha por la independencia, que fue uno de los procesos en los cuales, para conseguir la libertad o para darle cierta autonomía, preferían ser soldados y arriesgar su vida antes que mantenerse esclavos o libertos. ¿Es correcta esta interpretación?

—Totalmente. Lo que está un poco desmentido es la idea de que fueran carne de cañón, de que fueran batallones especialmente enviados a morir. Pero sí es importante. También, ya que estos días se discutió tanto que acá nunca hubo segregación, bueno, actuaron en batallones segregados. Estaban en cofradías segregadas. Estaba la Cofradía del Rosario de Mayores y la de Menores. Entonces había segregación y esa participación fue central.

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Como bien señalabas, fue la vía privilegiada y masiva por la que los varones pudieron acceder a la libertad, con un costo muy grande: la vida. Como ahora que tenemos a nuestra Madre de la Patria, María Remedios del Valle, que hoy se recuerda en el billete de 10.000 pesos junto a Belgrano. Ella perdió a su marido, perdió a su hijo. Es decir, estas familias fueron realmente diezmadas y afectadas por campañas militares que duraron años. Entonces también eso desarticuló, en muchos sentidos, esas comunidades.

Y muchos fueron heridos, muchos regresaron y luego fueron nuevamente convocados por Rosas para la primera campaña del desierto, contra las parcialidades indígenas en el sur de Buenos Aires; también para la guerra con el Brasil, para las guerras civiles y para la Guerra del Paraguay. Entonces realmente estuvieron sobrerrepresentados militarmente.

—De esos 300.000 actuales, ¿cuántos son descendientes de aquellos? ¿Y cuántos fueron nuevos inmigrantes que hayan venido, ya directamente por decisión propia, a lo largo del siglo XX y lo que va del siglo XXI?

—Es una muy buena pregunta, pero no tengo esa precisión. Tenemos distintos movimientos. Porque hay toda una serie de organizaciones que se llaman a sí mismas afroargentinos del tronco colonial, como señalando que son descendientes de esa esclavización. Después tuvimos algo que también estuvimos aprendiendo bastante estos últimos días con el Mundial. Muchas personas se estuvieron enterando de que había una comunidad caboverdiana muy importante en Buenos Aires.

Hay una inmigración muy fuerte, pero también difícil de cuantificar, porque cuando ingresan, entre fines del siglo XIX y principios del XX, entraban con pasaporte portugués, porque Cabo Verde era una colonia, fue un asentamiento fundado por portugueses, precisamente como un lugar estratégico para el tráfico esclavista. Por eso también tenemos registros de barcos esclavistas que salían de Cabo Verde hacia Buenos Aires.

Entonces ahí hay otra inmigración importante, que tiene sus hijos, sus descendientes y sus organizaciones, sobre todo en Dock Sud. También hay organizaciones muy importantes en Ensenada y en Mar del Plata. Pero no te podría dar los números específicos. Y después está toda la migración más reciente de africanos.

—¿Qué conjetura tiene? ¿Qué porcentaje de esos 300.000 podría corresponder a los descendientes del tronco colonial?

—No, no te podría dar un número, realmente. Porque, además, el censo midió lo que se llama el autorreconocimiento. Los censos nacionales del siglo XIX, empezando por el de 1869, decidieron no registrar razas ni colores. Esa fue una de las maneras en que fue posible decir que no había población afrodescendiente.

—Pero imagino que sí debe haber registros de inmigrantes que vinieron de África.

—Sí, seguro que los especialistas, los sociólogos que trabajaron sobre la migración de los años 2000, sobre todo de senegaleses, tienen números mucho más exactos de los que yo te puedo dar. Realmente no los recuerdo, pero son igual migraciones que van y vienen también.

—O sea, uno podría inferir de esta conversación de que cuando nos acusan de país racista... Bueno, por lo menos sí podrían acusarnos de que preferimos haber construido un país caucásico y que ese fue nuestro proceso, tuvieron como ese objetivo. Ahora, también podríamos plantear que hay cuestiones de índole material y geográficas; o sea, que el tipo de plantaciones que tenía Brasil eran totalmente distintas a las que tenía la Argentina en la Pampa.

Es decir, que la necesidad de mano de obra en la agricultura brasileña promovía, necesitaba una enorme cantidad de mano de obra, mientras que la Argentina en aquella época no éramos el granero del mundo, ni la pampa húmeda, ni siquiera hasta el saladero; la carne ni siquiera era exportable, además la carne no necesita de trabajo, no es mano de obra intensiva. Entonces, hay un componente también económico en el que hayamos tenido menos esclavos que los que tuvo Brasil o los que tuvo Estados Unidos, por la naturaleza de la producción que requería esa mano de obra intensiva.

Sí, eso digamos que marca una diferencia fundamental en el modo en el que la población esclavizada era utilizada, para qué trabajo se la requería...

—En la Argentina, generalmente, era para algo más relacionado con cuestiones domésticas...

Era trabajo doméstico, también lo que un investigador llamó una "esclavitud estipendiaria", muchos de estos esclavizados eran el sostén de que hacían trabajos afuera y ese peculio, esa ganancia, quedaba para sus amos, entonces trabajaban y sostenían. Así, eso está muy trabajado para el caso de mujeres viudas, que es tener un esclavo. Pero también era la población estable en las estancias, que claramente no era un modo de producción intensivo en trabajo, pero sí los trabajadores más estables del espacio rural, de la campaña bonaerense, eran generalmente esclavizados.

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Hay también trabajos al respecto: incluso los capataces eran esclavizados porque era la manera, en un lugar con fronteras tan abiertas, con escasez de mano de obra endémica. Por eso también había muchas posibilidades de fuga, porque había posibilidades de que la gente, siempre queriendo contratar —los que podían contratar—, no preguntaban sobre el pasado y aceptaban a estas personas fugadas. Entonces sí, hay una diferencia. Yo no diría que la naturaleza marca la existencia de una posibilidad. Es un proyecto: las plantaciones, la organización de eso, fue un proyecto. Decidir cosificar y esclavizar a miles de personas es un proyecto político...

—Sí, perdón, pero mi análisis marxista me lleva a hacer un análisis material, que la superestructura es resultado de la infraestructura. He vivido en Brasil bastante tiempo y escuchaba —no sé hasta qué punto inclusive esto que le voy a decir es verdadero, pero por lo menos ellos lo creen así— de que Estados Unidos pagaba más por esclavo que lo que se pagaba en Brasil. Me sorprendió siempre en el caso de Rusia, porque no encuentro motivos por el cual tendría que haber... Supongo que eran esclavos de guerra en las guerras que ellos llevaban con las poblaciones más salvajes. ¿Hay alguna correlación en su trabajo con la población indígena? ¿Situaciones de cierto paralelismo?

Estoy centrada más en la población africana y afrodescendiente, pero el libro es de 2021 —si bien ahora en julio salió la tercera edición—. En el nuevo trabajo que estoy haciendo estoy más pensando... Como que siempre había trabajado separando analíticamente indígenas y africanos y afrodescendientes, y en realidad son mundos y son realidades que están muchas veces interligadas.

—Otras de las explicaciones que encontraba en Brasil y en sociólogos de pueblos andinos es la mayor población de pueblos originarios que estaba en toda la parte del continente montañosa, y mientras que las poblaciones indígenas en el Atlántico eran mucho menos numerosas y mucho más primitivas. Mientras que las civilizaciones precolombinas del Perú, de toda Colombia, de Ecuador eran más numerosas y que por tanto no fueron necesarios, desde el punto de vista material, la utilización de africanos o afrodescendientes, sino de la esclavitud de los mismos pueblos originarios como sustituto de esa inmigración forzada.

Bueno, una de las cosas que trabajo es esta frase, y rastreo la genealogía del inicio de ese cuento de Borges, El atroz redentor Lazarus Morel, en la Historia universal de la infamia, que él dice: "En 1517, Bartolomé de las Casas se sintió muy afligido por los indios que morían en las minas de las Antillas. Entonces se le ocurrió traer africanos para que murieran en las minas".

Y ese comentario, en realidad, aparece por primera vez con una métrica muy similar —no con la ironía de Borges tan fina y aguda, pero con una lógica muy similar— en el primer libro de historia del Río de la Plata, que es el Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán que hace el Deán Funes en 1817. Y él hace una nota al pie y dice esto: como que al irse muriendo la población indígena va a surgir esta del tráfico esclavista para reemplazar esa mano de obra. Y es algo que efectivamente y tristemente se da, y de hecho, cada vez más, estamos pensando en las dos esclavitudes y pensar como que, si bien la Corona va a prohibir formalmente la esclavitud indígena, son prácticas que van a continuar. Una cosa chiquita: en el racismo a mí me parecía importante que incorporemos a nuestra historia el tratamiento que recibieron los pueblos indígenas y que reciben hasta hoy los pueblos indígenas que reclaman tierra, territorio, derechos, reconocimiento como tales, que a lo largo del siglo XIX y del siglo XX continuaron siendo separados, esclavizados, toda la Campaña del Desierto, la conquista...

—...El componente ese es un tema más complejo. Pero mire usted el componente económico cómo construye, cómo la infraestructura construye la superestructura, como decía Marx: la mita y la encomienda se parecen mucho a los libertos, o sea, finalmente había un blanco que era dueño de alguna manera del producto del trabajo, de la descendencia, y finalmente hasta la propia Iglesia Católica lo consideraba un mecanismo civilizatorio.

Magdalena, otra de las cosas que yo escuchaba decir en Brasil también, y en los países del Pacífico, es que la mayor cantidad de población precolombina se daba en las montañas, o sea en el Pacífico, porque no habían desarrollado anticuerpos a cierto tipo de mosquitos que en las llanuras y en las selvas se daban. Entonces que, en líneas generales, la población no se extendía hacia el Atlántico porque tenían una limitación respecto de no tener anticuerpos. Y de hecho, fíjense que gran parte del fallecimiento de los pueblos originarios lo producen los propios españoles con el contagio que le generan, los caucasicos tenían anticuerpos y los pueblos originarios no. O sea, el corolario: hay un componente racista en el origen de nuestra nación. Esperemos, que con este nuevo decreto de Milei no nos echen a usted y a mí por estar siendo antiargentinos.

RM/ML