En el clásico de la literatura argentina, Los siete locos de Roberto Arlt, el personaje de El Astrólogo proyecta una sociedad distópica convertida en una inmensa corporación, donde la explotación industrial y la acumulación de oro sostienen su poder absoluto. Él ve a los obreros como esclavos y a la ciencia como una herramienta para dominar el mundo mediante un estado-empresa. Hoy, 100 años después, ese personaje pasó de la ficción a la realidad y ahora, según varias notas, se encuentra en un departamento de Barrio Parque, se llama Peter Thiel y hoy a las 14 horas se reúne con nuestro presidente, Javier Milei.
Muchas veces sucede que la existencia de estos personajes megalómanos que parecen haber salido de un cómic de supervillanos despiertan cierta incredulidad y hasta alguna simpatía. Sin embargo, que haya una persona que piense realmente que el mundo deba ir hacia la eliminación de los Estados como los conocemos y se los suplante por corporaciones porque, en sus propios términos, “la democracia frena el desarrollo tecnológico” es preocupante. Más si ese hombre no es un loco que nadie escucha, sino uno de los hombres más poderosos del mundo con una fortuna de casi 30 mil millones de dólares y la empresa de procesamiento de datos que le brinda servicios al ICE de Estados Unidos para cazar inmigrantes o a todo el sistema de salud británico. Estamos hablando de alguien que presenta una amenaza seria para la democracia occidental.
En esa misma conferencia dijo que “la democracia es incompatible con la libertad”, ¿Curioso el término con el que se contrapone a la democracia, no? Más curioso es que el lunes de la semana pasada Thiel se haya reunido con Santiago Caputo y hoy a las 14 horas se reúna con el Presidente. Vamos primero a analizar el pensamiento de Thiel para luego ver los puntos de contacto con Milei.
Nacido en Frankfurt, Alemania, en 1967 y criado en Estados Unidos, Thiel se consolidó como una de las figuras más influyentes y a la vez más controvertidas de Silicon Valley. Es interesante que Thiel antes de ser un magnate tecnológico estudió derecho y filosofía. Tal vez, gracias a esto, tenga un proyecto de sociedad en la cabeza. Su carrera despegó a finales de los años noventa cuando cofundó PayPal, la empresa que revolucionó los pagos digitales y lo posicionó como un referente clave dentro del ecosistema tecnológico, dando lugar a lo que se conoce como la "PayPal Mafia". Tras ese éxito, su visión se expandió hacia la inteligencia artificial y el análisis masivo de datos con la creación de Palantir Technologies en 2004, una firma que redefine la relación entre el poder estatal, la seguridad nacional y la gestión de la información privada.
Más allá de sus éxitos empresariales como inversor temprano en gigantes como Facebook, SpaceX y Airbnb, Thiel es reconocido por su postura política libertaria y su escepticismo declarado sobre las instituciones democráticas tradicionales. Como autor de obras influyentes como "Zero to One", ha utilizado su inmensa fortuna para financiar iniciativas que desafían el sistema educativo convencional y promueven una visión del mundo donde la innovación tecnológica y la eficiencia empresarial deben prevalecer sobre la burocracia política. Thiel es muy cercano a la administración Trump, no solo porque le brinda el servicio con Palantir para que el Estado norteamericano utilice inteligencia artificial en la captura de inmigrantes o en el lanzamiento de misiles a Irán, sino porque fue el principal financista de la carrera política de J.D. Vance, el vicepresidente de Trump.
Hago una pequeña aclaración con esto de los misiles e Irán. En Estados Unidos acusan a Palantir de ser corresponsable del bombardeo a la escuela iraní en la que murieron más de 170 personas, muchos de ellos niños, en febrero de este año.
Palantir ofreció el software de inteligencia artificial para el sistema Maven el Pentágono, según el cual hay una plataforma que selecciona y ordena objetivos militares para que luego sean disparados los misiles. Anteriormente en esa escuela había una base militar y Maven operó con una base de datos desactualizada.
Francesca Bria es una reconocida experta en soberanía digital y política tecnológica que trabaja como asesora en estos temas en la Unión Europea. Ella escribió un artículo excelente en La Vanguardia de España, el 2 de noviembre de 2025, titulado: "El golpe de Estado de los tecnoautoritarios: de la América postdemocrática a la Europa que viene". Además de mencionar a Thiel y otros tecnomagnates de Silicon Valley, plantea en su artículo que nos encontramos ante una transformación profunda donde las grandes corporaciones tecnológicas han dejado de ser meras plataformas de servicios para convertirse en los nuevos agentes de un poder tecnoautoritario. Este fenómeno, que ella observa con especial preocupación desde la realidad de una América postdemocrática, implica que el Silicon Valley contemporáneo mutó desde sus raíces libertarias hacia una postura activamente política que busca desmantelar los controles democráticos tradicionales.
Bria advierte que este modelo no es una anomalía pasajera, sino una estrategia deliberada para privatizar la soberanía, erosionando las instituciones públicas y reemplazándolas por una gobernanza algorítmica opaca. La autora sostiene que Europa corre un riesgo inminente si no logra desvincularse de esta hegemonía, ya que la dependencia de las infraestructuras digitales estadounidenses no es solo un problema económico o de mercado, sino una amenaza existencial para el modelo social europeo. En este sentido, el texto es un llamado a la acción para que el viejo continente acelere la construcción de una infraestructura digital pública, soberana y democrática, capaz de garantizar derechos fundamentales y proteger a los ciudadanos de una captura tecnocrática que, bajo la promesa de la innovación, está consolidando un control sin precedentes sobre la vida pública y privada.
Francesca Bria sostiene que el vaciamiento de la democracia no ocurre mediante un acto directo de censura o violencia, sino a través de una captura invisible de la infraestructura básica de la vida en común. El mecanismo que describe es un proceso de privatización del espacio público digital, donde las corporaciones dejan de ser simples proveedores de servicios para convertirse en los arquitectos de nuestra realidad.
Para entender el proceso técnico, se puede pensar que las ciudades y los estados han cedido el control de sus sistemas operativos —la gestión del tránsito, la identificación digital, la comunicación y el acceso a servicios públicos— a plataformas privadas. Al procesar masivamente datos generados por los ciudadanos, estas empresas no solo observan el comportamiento, sino que lo modelan. Aquí radica la clave: mediante modelos de inteligencia artificial y minería de datos, estas corporaciones crean sistemas predictivos que, al implementarse en el tejido urbano o social, condicionan el comportamiento ciudadano antes de que exista debate político. Cuando las decisiones que afectan la vida colectiva pasan a ser optimizadas por algoritmos cerrados y opacos, la deliberación democrática se vuelve irrelevante, ya que la solución técnica ha sido impuesta de antemano por el sistema de la empresa.
Este es el punto donde ocurre el vaciamiento. La democracia requiere que las decisiones se tomen de forma pública, transparente y soberana. En cambio, con este modelo, el poder real se traslada a los consejos de administración de estas corporaciones, que operan sin responsabilidad democrática. El procesamiento de datos se convierte así en una herramienta de gobernanza paralela. Estas empresas no solo gestionan datos; gestionan la información que vemos, los incentivos que recibimos y, en última instancia, las opciones que creemos tener. Al transformar la infraestructura ciudadana en un producto comercial, estas empresas erosionan la capacidad de las instituciones democráticas para tomar decisiones soberanas, dejando al Estado con la fachada de la autoridad, mientras el poder de decisión real se ha externalizado hacia algoritmos que priorizan la extracción de rentas y el control sobre el bienestar público.
Ahora, vamos a hacer un resumen de un documento de 22 puntos publicado recientemente por Palantir. En este documento articula una visión de sociedad en la que la élite tecnológica de Silicon Valley tiene una deuda moral ineludible con la nación que permitió su ascenso, Estados Unidos lo que se traduce en la obligación de integrar activamente la industria del software en la estructura de defensa nacional.
La tesis central sostiene que el poder duro es un requisito indispensable para la supervivencia de las sociedades occidentales, lo cual justifica el desarrollo acelerado de armas basadas en inteligencia artificial como herramientas vitales para mantener la superioridad estratégica global. Este marco ideológico aboga por un cambio profundo en la organización social, sugiriendo que Estados Unidos debería considerar abandonar el modelo de fuerza totalmente voluntaria para reinstaurar algún tipo de servicio nacional obligatorio que fomente la cohesión y la preparación.
Paralelamente, el documento critica lo que denomina un pluralismo vacío y una cultura que, bajo la excusa de la inclusión, debilita la fortaleza nacional y la identidad cultural. En su conjunto, la visión de Palantir propone una gobernanza donde el liderazgo tecnológico es inseparable de la capacidad militar, instando a las democracias a abandonar la parálisis de la deliberación constante en favor de una acción decisiva, agresiva y tecnológicamente avanzada para revertir lo que ellos perciben como un declive civilizatorio.
Es interesante que todo esto lo dicen ellos. Busquen los 22 puntos de Palantir y lo podrán leer.
Clarísimo. Hoy va a haber dos personas que no creen en la democracia que, si pudiesen, eliminarían el Estado y que haya una sociedad dominada por las corporaciones, lo harían y uno es una de las personas más ricas y poderosas del mundo y el otro es nuestro presidente. ¿Para qué? Bueno, hay quienes afirman que Thiel tiene intereses económicos en nuestro país. ¿Esto significa que quiere que Palantir provea servicios de procesamiento de datos? Si esto es así, todos tenemos que exigir que cualquier contrato con esta empresa sea de debate público.
Es fundamental que como ciudadanos y más aún la oposición y la prensa independiente, tome conciencia de lo que sucede con este tipo de tecnoautoritarios, como plantea Francesca Bria y exija explicaciones, analice lo que los gobiernos están diciendo y luego vote con conciencia.
Cómo se compone la fortuna de Peter Thiel: inversiones, participaciones y el rol de Palantir
Lanata decía que, cuando él daba la información metía a la audiencia “en un quilombo”. Porque ahora, cada cual tenía que ver qué hacer con esa información, tenía que involucrarse, protestar, exigir respuestas, leer bien todas las propuestas para saber a quién votar. No creía en sujetos pasivos.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
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