El empresario, inversor y multimillonario Peter Thiel, una de las figuras más controvertidas de Silicon Valley, se instaló en Buenos Aires con una misión que mezcla los negocios de alta tecnología y la política de vanguardia. Este jueves se reúne con el presidente Javier Milei con el fin de venderle al Estado nacional sus sistemas de análisis masivo de información, algo que ya discutió el lunes con el asesor presidencial Santiago Caputo. Pero además, Thiel está alineado con el pensamiento del mandatario en lo que refiere a desregulación, libre mercado y una expresa antipatía por la democracia.
El cofundador de Paypal y la empresa de inteligencia de datos Palantir parece sentirse cómodo en Argentina. Aterrizó el domingo 12 de abril en su jet privado Gulfstream G550, y se instaló junto a su familia en una mansión de Barrio Parque, por lo que se cree que podría quedarse hasta ocho semanas en el país. Este tiempo le permitiría seguir de cerca las reformas del Gobierno hacia la desregulación y participar en eventos del ecosistema emprendedor, como la Experiencia Endeavor en Córdoba a mediados de mayo.
Día 865, Peter Thiel, el enemigo de la democracia, se reúne con Milei
El magnate, dueño de una fortuna estimada en 30 millones de dólares, desembarcó con su marido, Matt Danzeisen, sus hijos y un equipo de técnicos de su máxima confianza. Además de los acuerdos en torno a tecnología, también está estudiando inversiones más tradicionales en propiedades: según trascendió, analiza la compra de una residencia permanente en Barrio Parque y busca campos en la Patagonia, una zona que ya había despertado su interés como refugio estratégico ante posibles crisis globales.
Los días de Thiel en Buenos Aires: fútbol, reuniones y custodia las 24 horas
El domingo pasado, el inversor vio el Superclásico entre River y Boca junto a su marido, Matt Danzeisen, y un grupo reducido de colaboradores desde un palco del Estadio Monumental. Durante el partido, el empresario mostró un interés particular por la ingeniería del estadio y mantuvo intercambios con directivos del club sobre el proyecto del nuevo techo de la cancha.
Thiel, amante del perfil bajo, evitó recepciones multitudinarias con el empresariado local. Pero el miércoles por la noche fue a cenar a la casa del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. Del encuentro participó también el canciller, Pablo Quirno. Según trascendió, "filosofaron" sobre el impacto que el desarrollo de la inteligencia artificial pueda tener sobre la humanidad, mientras disfrutaban de un menú de pollo al curry y un postre argentinísimo: flan con dulce de leche.
El inversor prefiere los encuentros uno a uno y se desplaza siempre escoltado por media docena de guardaespaldas, que lo acompañan incluso a las reuniones en despachos oficiales. Esta logística de cuidado extremo custodia tanto su intimidad en la mansión de Barrio Parque, con despliegue de seguridad privada 24 horas, como sus traslados en vehículos blindados por la ciudad.
Frankfurt, Namibia, Silicon Valley y la utopía desreguladora: el camino de un libertario escéptico de la democracia
La infancia de Thiel estuvo marcada por el nomadismo técnico de su padre, un ingeniero químico que trasladó a la familia desde Frankfurt, donde nació Peter en 1967, hasta Namibia, en África. La rigidez de la disciplina escolar lo hizo escéptico de las normas y las instituciones en general, empezando por la educación formal y, en última instancia, el Estado.
Esa trayectoria terminó en Silicon Valley, donde su mentalidad estratégica se pulió como prodigio del ajedrez y estudiante de Filosofía en la prestigiosa Universidad de Stanford. Este recorrido moldeó su perfil de inversor contra la corriente, que se consagró a partir del éxito de Paypal, donde trabajó junto a Elon Musk.
En 2009 escribió el ensayo La educación de un libertario, donde sostenía: "Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles" .Aunque esa frase es su declaración política más famosa, sus ideas sobre el poder y la innovación quedaron plasmadas en su best seller de 2014, De cero a uno. En el libro, Thiel sostiene que el progreso real no es la globalización (hacer más de lo mismo), sino la creación de monopolios tecnológicos que resuelvan problemas únicos. Sostiene que la tecnología es la única herramienta capaz de rescatar la libertad individual frente a lo que considera el estancamiento de las democracias modernas.
Thiel se ha presentado públicamente como "orgullosamente gay, orgullosamente republicano y orgullosamente americano", aunque manifiesta una profunda desconfianza por el Estados.
La República Tecnológica, el "manifiesto" de Palantir: entre la eficiencia y el tecnofascismo
Recientemente, Alex Karp, director ejecutivo de Palantir, publicó el libro La República Tecnológica, que rápidamente se convirtió en best-seller. El sábado 18, la misma compañía publicó un resumen en su cuenta de X, donde sintetiza el libro en 22 tesis. Las principales son que la tecnología de datos es ahora el factor determinante de la soberanía nacional y que las instituciones occidentales deben adoptar algoritmos avanzados para no quedar obsoletas frente a regímenes autoritarios.
El texto sostiene que la integración de la inteligencia artificial en la defensa y la administración pública no es una opción, sino una necesidad existencial para preservar el orden global, y discute contra la agenda "woke" que planteó durante décadas la defesa de la diversidad en nombre de supuestos valores occidentales.
Palantir Maven: el cerebro de los ataques en Irán
El manifiesto fue acusado de promover un tecnofascismo. El cuestionamiento central radica en que la propuesta de Karp otorga a las empresas tecnológicas y a sus algoritmos un control sobre la vida pública que elude los mecanismos democráticos tradicionales. Los críticos advierten que, bajo la promesa de eficiencia y seguridad, se establece un modelo de vigilancia permanente donde el código reemplaza a la ley y la privacidad queda supeditada a las prioridades del Estado y sus proveedores tecnológicos.
Qué se sabe de los contratos que Thiel negocia con el Estado argentino
Las gestiones por la contratación de los servicios de Palantir avanzan bajo un estricto esquema de confidencialidad en los despachos de la Casa Rosada. El foco de las reuniones entre el magnate y Santiago Caputo está puesto en la modernización de los sistemas de inteligencia de la SIDE y en la digitalización de la seguridad fronteriza. El Gobierno evalúa aplicar los algoritmos de la firma para procesar grandes volúmenes de datos públicos y detectar patrones que ayuden a la prevención del delito y la eficiencia en la administración estatal.
El desembarco de esta tecnología genera debates sobre la protección de datos personales y la soberanía informativa del país. Los contratos en discusión contemplan que Palantir actúe como el soporte técnico para la "unificación de bases de datos" de distintos organismos públicos, una tarea que el Ejecutivo considera prioritaria para reducir gastos y mejorar el control. Thiel ve en la gestión de Javier Milei el escenario ideal para demostrar que el uso intensivo de inteligencia de datos puede reemplazar estructuras burocráticas enteras sin necesidad de intervención humana constante; los críticos alertan sobre el riesgo que implicaría dejar información tan sensible en manos de una compañía.
LT